Selección de prensa nacional

Huelga muy poco general

La huelga convocada para ayer por ELA y LAB y otras organizaciones se quedó muy lejos de cumplir las pretensiones de quienes la organizaron, hasta poder calificarse sin duda como un fracaso.

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22-05-2009
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Relativa incidencia en Guipúzcoa, escasa en Vizcaya y prácticamente nula en Álava y Navarra. Inexistente en la gran y mediana empresa, algo más extendida entre los pequeños talleres y comercios, muy limitada en los sectores públicos y entre el funcionariado e irrelevante en los transportes. Como muestra basta un botón: en Navarra, el consumo eléctrico sólo disminuyó un 3% respecto al del dí­a anterior entre las siete y las diez de la mañana. A esa hora, la demanda era ya la de un dí­a habitual. De fracaso puede calificarse sin duda la convocatoria de los sindicatos nacionalistas a una huelga general organizada con la intención evidente de lanzar un primer desafí­o al nuevo gobierno de Patxi López.
 Huelga muy poco general
Relativa incidencia en Guipúzcoa, escasa en Vizcaya y prácticamente nula en Álava y Navarra. Inexistente en la gran y mediana empresa, algo más extendida entre los pequeños talleres y comercios, muy limitada en los sectores públicos y entre el funcionariado e irrelevante en los transportes. Como muestra basta un botón: en Navarra, el consumo eléctrico sólo disminuyó un 3% respecto al del dí­a anterior entre las siete y las diez de la mañana. A esa hora, la demanda era ya la de un dí­a habitual. De fracaso puede calificarse sin duda la convocatoria de los sindicatos nacionalistas a una huelga general organizada con la intención evidente de lanzar un primer desafí­o al nuevo gobierno de Patxi López.

Si el objetivo de los convocantes era paralizar el País Vasco –y ese es el fin que persigue toda huelga general– han cosechado un sonoro fracaso. La mayor parte de la clase obrera y el pueblo trabajador no ha seguido unas consignas que, bajo la apariencia de la defensa de sus intereses en una situación de recesión y crisis, todo el mundo sabía que no buscaba otra cosa que debilitar al nuevo gobierno del PSE prácticamente desde el mismo día de su nacimiento.
 
Como acertadamente señala hoy en su editorial El Correo bilbaíno, ELA y LAB –los dos principales sindicatos convocantes, el primero ligado al PNV, el segundo al mundo de Batasuna –tomaron la arriesgada decisión de desafiar su propia capacidad de convocatoria. Y el reto les ha salido por la culata. La escasa movilización de ayer es el eco máximo que entre los trabajadores encuentran sus llamamientos.
 
¿Y ahora, qué?, se preguntaran muchos de los trabajadores que, de buena intención y con ánimo de lucha, se movilizaron ayer en protesta por unas condiciones de vida y trabajo que están conociendo una regresión acelerada, especialmente en Euskadi por haber llegado allí la crisis con un mayor retraso. Los sindicatos nacionalistas, con su oportunismo y su sectarismo al convocar al margen de CCOO y UGT, segunda y cuarta fuerzas sindicales, respectivamente, del País Vasco con más del 33% de los delegados, han “quemado” una de las principales armas con que cuenta la clase obrera para hacer valer sus intereses frente a la patronal.
 
Algo muy similar, por cierto, a lo que ya hicieron en la última huelga general contra el decretazo del gobierno Aznar en 2002, convocándola con el mismo motivo, pero con 48 horas de retraso con respecto al resto de España. No aprendieron entonces la lección –el seguimiento de la huelga en el País vasco fue mucho más mayoritario el mismo día en que se movilizaba el resto de la clase  obrera española– y persisten en su política de caer una y otra vez en la charca del nacionalismo burgués, algo por completo ajeno a los intereses y a la historia del movimiento obrero y sindical, en España y en cualquier otra parte del mundo. Pueden seguir haciéndolo, pero en ese camino sus fracasos serán cada vez más sonoros y su alejamiento de los trabajadores vascos mayor. Como se dice, en el pecado llevan la penitencia.
 
 
 
 
 
 
Editorial. El Correo
UNA HUELGA ESTÉRIL
 
La huelga convocada para ayer por ELA y LAB y otras organizaciones de su órbita se quedó muy lejos de cumplir las pretensiones de quienes la organizaron, hasta poder calificarse sin duda como un fracaso. El seguimiento fue tan desigual que resulta imposible calificarlo de general. Los sindicatos convocantes habían dedicado un mes y medio a procurar la paralización laboral de Euskadi. Un tiempo suficiente como para que ellos mismos se percataran de que, aun sintonizando con su preocupación pública, la convocatoria no era considerada conveniente o útil por un amplísimo sector de la ciudadanía. Es más, la sospecha de que una cita tan forzada y voluntarista podía responder a intereses paralelos a los enunciados en las reivindicaciones, intereses estrictamente sindicales e incluso políticos, contribuyó a restar crédito al llamamiento.
 
ELA y LAB optaron por desafiar a su propia capacidad de movilización y el recuento de los trabajadores y empresas que secundaron su llamada se convirtió ayer en el retrato del eco máximo que pueden lograr en el ámbito laboral. Especialmente la nueva generación de dirigentes de ELA está obligada a reflexionar sobre las causas de que el paro pretendido no llegara a ser ni mucho menos general y sobre las consecuencias que su resultado tendrá para el inmediato futuro de las relaciones laborales frente a una crisis que probablemente aún tardará unos meses en tocar fondo en el ámbito de la economía real. Una recesión cuya naturaleza obliga a meditar detenidamente sobre lo que realmente significa defender los intereses de los trabajadores cuando todos los pronósticos apuntan a un incremento apreciable del desempleo y, además, a una muy lenta creación de puestos de trabajo una vez que la economía comience a reanimarse.
 
Fuese o no una motivación central de los convocantes, la cita ha sido interpretada como la brusca bienvenida que el sindicalismo nacionalista daba al Gobierno del lehendakari López. El desarrollo razonablemente ordenado de la jornada, sin que se produjesen graves o numerosos incidentes, ofreció una imagen de normalidad que se vio reafirmada por el mantenimiento de la actividad política e institucional. El encuentro celebrado entre el lehendakari López y el vicepresidente Chaves para tratar sobre una pronta transferencia de las políticas activas de empleo a Euskadi demuestra cómo la política vasca ha de avanzar procurando soluciones reales y posibles que contribuyan a mejorar las condiciones sociales. Soluciones que deben sobreponerse a la ya agotada diatriba sobre la autenticidad de las competencias que se asumen cuando éstas van a aportar bienestar y empleo a la ciudadanía. De igual modo que el resultado de la estéril huelga de ayer debería convencer a sus convocantes para encauzar su postura hacia la mesa del diálogo social en el País Vasco.
EL CORREO. 22-5-2009
 
 
 
 
 
 
Editorial. Noticias de Gipuzkoa
EL DÍA DESPUÉS
 
LA jornada de huelga general se hizo notar ayer en la CAV y en Navarra con distinta incidencia según las apreciaciones de las partes implicadas. Como de costumbre, ni el "amplio seguimiento en toda Hego Euskal Herria" testificado por los sindicatos convocantes, ni el "fracaso con una participación del 20%" contabilizado por la patronal, son referencias incuestionables. Hubo paro visible, por supuesto, en unos sectores más que en otros (enseñanza, comercio local, pequeños y medios talleres), pero el país no quedó parado y en suspenso como hubiera sido lo propio de una huelga general. Se produjeron piquetes, sabotajes, detenciones, manifestaciones y cargas policiales, pero puede decirse sin exagerar que la vida ciudadana no se vio excesivamente perturbada. Sin hacer valoraciones sobre si el hecho es positivo o negativo, la realidad es que los tiempos han cambiado y las movilizaciones ya no concitan el entusiasmo de otras épocas. Puede ser consecuencia del nivel y la calidad de vida de una mayoría social, pero lo cierto es que ahora una huelga general ha perdido la carga épica de décadas pasadas.
 
Pasada ya la jornada de huelga general y expresadas las valoraciones de parte, es necesario volver a la realidad. Y esa vuelta a pisar suelo es uno de los puntos débiles de la convocatoria de ayer. Porque al tratarse de un puñetazo sobre la mesa que la mayoría sindical vasca creía necesario, ahora queda el mal sabor de boca si es que el resultado no hubiera sido el esperado -por supuesto, la huelga de ayer no fue general porque no logró parar el país-.
 
Y, por otra parte, quienes atendieron a la convocatoria y decidieron parar, hoy se encontrarán con la misma incertidumbre respecto a su futuro laboral, los mismos expedientes de regulación de empleo en marcha, la misma impotencia ante unas políticas de empleo contra las que dieron un puñetazo en la mesa, sin tener claro si han roto la mesa o se han roto el puño. La capacidad de movilización de la sociedad vasca ha cambiado, indudablemente, pero lo que no ha cambiado ha sido el escenario económico, financiero y laboral contra el que había que movilizarse. La pregunta que van a hacerse los más débiles, los más afectados por la crisis, es qué tienen que hacer a partir de ahora, porque la huelga general no les ha resuelto nada.
NOTICIAS DE GIPUZKOA. 22-5-2009
 
 
 
 
Opinión. El Confidencial
UNA PREGUNTA INGENUA: ¿EL CORRUPTO NACE O SE HACE?
 
La casualidad ha querido que coincidan en el tiempo dos fenómenos aparentemente sin conexión alguna. El escándalo de los parlamentarios británicos que han malgastado el dinero del contribuyente y la citación judicial del presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps.
 
En el primer caso, como se sabe, el escándalo tiene que ver con el hecho de que los diputados han facturado gastos privados (comida para perros, lavadoras o máquinas para cortar el césped) como si fueran  necesidades de carácter público. En el segundo caso, lo que se ventila es si la red que hacía negocios en Madrid y la Comunidad Valenciana (¿por qué será?) pagó algunos de los trajes que usa el presidente valenciano, lo cual inspira sospechas de cohecho.
 
En ambos países, la algarabía ha sido mayúscula, pero ya se vislumbra una salida distinta. Mientras que en Gran Bretaña el parlamento de Westminster ha aceptado romper una de sus nomas más sagradas -la autorregulación de su funcionamiento-, en España el control de las cámaras por parte de la clase política se mantiene en régimen de exclusividad. Por decirlo en tono coloquial, ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Pero no sólo eso. Se da la circunstancia que las mayorías parlamentarias se han convertido en la voz de su amo de cada poder Ejecutivo, por lo que han dejado de ejercer su papel constitucional, que no es otro que el de controlar al Gobierno, además de promulgar leyes.
 
En el caso inglés, la Cámara de los Comunes ha aceptado -es verdad que a regañadientes-  que sean personas o instituciones ajenas a Westminster quienes fiscalicen los gastos de los parlamentarios, pero en España no parece que se vaya en esa dirección a modo de profilaxis. La endogamia de la clase política -tanto a nivel regional como estatal- impide que cualquier ciudadano pueda conocer realmente en qué se gastan el dinero sus señorías. No estamos ante una cuestión de morbo ni de malsana curiosidad periodística, sino de pura responsabilidad democrática ante los electores.
 
Es curioso que la legislación insta a la empresas cotizadas a que den la cara ante sus accionistas y publiquen una vez al año un Informe de Gobierno Corporativo, pero no ocurre lo mismo en el sistema parlamentario español, donde se echa en falta un documento bien estructurado y con información útil capaz de dar los detalles de la actividad de cada uno de los diputados o senadores.
 
(...) Se está hablando de arbitrar medidas de fiscalización más efectivas de carácter administrativo ajenas al propio sistema parlamentario. Precisamente, para garantizar la objetividad. Como por cierto ocurre en cualquier empresa privada, cuyas cuentas son auditadas por profesionales imparciales y, por supuesto, neutrales. Aunque en ocasiones no hagan bien su trabajo, como ha sucedido con las agencias de calificación.
 
El sistema político sigue siendo es cerrado y opaco, como la propia ley electoral. Y se ha llegado al extremo de que las comisiones de investigación en vez de oxigenar la vida política refuerzan el carácter endogámico del sistema parlamentario. Y de ahí que sea necesario que ciudadanos ajenos al propio parlamento puedan dirigir sus trabajos. No tiene sentido que en un sistema de lista cerradas, el presidente de la Comisión sea del mismo partido investigado, lo cual es un auténtico disparate.
EL CONFIDENCIAL. 22-5-2009
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Editorial. ABC
OTRO EMPATE “TÉCNICO”
 
LA campaña electoral europea ha arrancado con una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas que, siguiendo el patrón de los últimos sondeos, atribuye a PP y PSOE el enésimo empate «técnico». Según el trabajo del CIS, PP y PSOE obtendrían el mismo número de europarlamentarios -23 cada uno-, aunque los socialistas aventajarían a los populares en 6 décimas (42,8 por ciento frente a 42,6). Las reservas a esta encuesta son similares a las que recibió la última del CIS sobre estimación de voto en caso de que las elecciones fueran generales: el sesgo de los encuestados se decanta desproporcionadamente hacia los socialistas, hay una previsión inverosímil de participación y, en general, no responde al estado real de la opinión ciudadana. En todo caso, el sondeo sí muestra un dato que resulta creíble al cifrar en el 32 por ciento el número de encuestados que no saben aún a qué partido va a votar. Además, por primera vez en mucho tiempo, los encuestados creen -por escaso margen, 31,5 por ciento frente a 30,9- que la candidatura ganadora será la del PP.
 
Al margen de esta encuesta, y con el valor relativo que suelen tener, el dato político cierto es que el PSOE es consciente de la trascendencia interna de estos comicios europeos. En otras condiciones, el resultado podría tener una relevancia política limitada, pero las elecciones del 7-J se producen después de la victoria del PP en Galicia por mayoría absoluta y del pacto de investidura en el País Vasco con los populares, gracias al cual Patxi López es lendakari. Una derrota el 7-J sería algo más que un contratiempo para Rodríguez Zapatero. Supondría la primera victoria del PP liderado por Rajoy en unas elecciones de ámbito nacional, la confirmación de una tendencia de cambio y un aviso serio de deserción de parte de su electorado, bien hacia los populares, bien hacia la abstención. Y cuando la imagen y el crédito de un político entran en barrena, los remedios son muy limitados y los socios, escasos.
 
El vídeo maniqueo y pueril que ha difundido el PSOE persigue precisamente apelar a la visceralidad de la izquierda, para forzar la reagrupación del voto en torno a la lista encabezada por Juan Fernando López Aguilar. Pero es probable que la propaganda socialista se tope esta vez con unos potenciales destinatarios muy escaldados por la crisis económica y poco dispuestos a comprar mensajes que nada tienen que ver con los factores que van a determinar su voto el 7-J.
 
Como es lógico, la importancia nacional de estos comicios también incumbe al PP y a su líder, Mariano Rajoy, asentado en un 40 por ciento de voto estimado, pero urgido para quebrar ese empate sempiterno que lo mantiene a las puertas del vuelco electoral que tanto temen los socialistas. El momento es complejo para el PP por la investigación del «caso Gürtel», pero tiene a su favor que los ciudadanos no están condicionando su voto por estos sumarios judiciales, lo que demuestra que la crisis económica -y otras crisis de las que el PP no habla tanto- ha ampliado el margen social para que el PP capte apoyos en caladeros hasta ahora resistentes. El manual de instrucciones dice que hay que votar el 7-J pensando en Europa, pero nadie debería llamarse a engaño porque van a ser unas elecciones de examen para el PP y, sobre todo, para el PSOE.
ABC. 22-5-2009
 
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