Es necesario un cambio en el modelo de desarrollo

Cambio hacia ninguna parte

¿De qué cambio de modelo esta hablando Zapatero cuando resulta que la inversión anunciada para impulsarlo no llega a ser ni una décima parte de lo que ha entregado a bancos y cajas?

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20-05-2009
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Iniciada ya la campaña electoral, los programas y alternativas que proponen los grandes partidos parlamentarios, PSOE y PP, pueden resumirse con brevedad: "más de lo mismo". Cuando el paí­s se encuentra en medio de la recesión más grave de su historia, cuyo detonante ha sido la crisis financiera mundial, pero cuyas raí­ces se encuentran en un atrofiado modelo de desarrollo, basado en una enorme burbuja inmobiliaria y un endeudamiento interior y exterior insostenible, ni Zapatero ni Rajoy ofrecen no ya una alternativa, tan siquiera alguna medida, ni una sola propuesta para cambiar ese modelo de desarrollo.
 (EFE)
(EFE)
Iniciada ya la campaña electoral, los programas y alternativas que proponen los grandes partidos parlamentarios, PSOE y PP, pueden resumirse con brevedad: "más de lo mismo". Cuando el paí­s se encuentra en medio de la recesión más grave de su historia, cuyo detonante ha sido la crisis financiera mundial, pero cuyas raí­ces se encuentran en un atrofiado modelo de desarrollo, basado en una enorme burbuja inmobiliaria y un endeudamiento interior y exterior insostenible, ni Zapatero ni Rajoy ofrecen no ya una alternativa, tan siquiera alguna medida, ni una sola propuesta para cambiar ese modelo de desarrollo.
Lo cual hasta cierto punto tiene  su lógica, porque ¿cómo esperar que nos saquen de la crisis los mismos que nos han conducido con su política económica y su gestión de los recursos del Estado a ella?

El humo en Zapatero
Hace sólo unos días, los medios de comunicación fueron unánimes en valorar que Zapatero había sorprendido a Rajoy en el debate sobre el estado de la nación al presentar una batería de propuestas y medidas (algunas de ellas tomadas del propio PP), lanzando un alegato en favor del cambio del modelo de crecimiento para dejar atrás definitivamente al ladrillo como motor de nuestra economía.
Pero si Zapatero está por cambiar el modelo de crecimiento que él mismo ha seguido e impulsado hasta ahora –pues como reconoció en su discurso el modelo español depende “todavía demasiado de la construcción residencial”, lo cual a su vez provoca un “drenaje excesivo de recursos a costa de elevar nuestra deuda exterior”–, ¿cuál es el nuevo modelo que propone?
¿En qué consiste ese nuevo modelo productivo, qué cambios sustanciales anuncian sus medidas?
Si las medidas del Plan E han sido un puro espejismo –y además caro, despilfarrador e improductivo– en esta ocasión estamos ante más de lo mismo. Es decir, humo, nada. En su discurso, Zapatero anunció un difuso plan para una nueva economía sostenible y 20.000 millones de euros en forma de créditos del ICO a los que podrán acogerse las empresas dispuestas a sumarse al “nuevo modelo”. Pura calderilla, a poco que uno se tome la molestia de echar cuentas.

Los costes de un modelo
Desde el año 2000 hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, la inversión en formación bruta de capital fijo que la economía española dedicó al sector de la construcción ascendió a más de 1 billón de euros.
Lo que da una media de más de 133.000 millones de euros cada uno de esos 8 años. Es sobre la base de esa enorme inversión de capital, que la construcción pudo jugar en todo ese tiempo el papel de motor de la economía española, haciendo que el resto de sectores giraran en torno a él.
¿Alguien cree de verdad que con una línea de crédito y financiación de 20.000 millones en los próximos años, apenas un 0,00002% de lo invertido en la construcción, se puede levantar un modelo alternativo de crecimiento para la economía española?
El asunto movería a risa sino fuera por las consecuencias que tiene para las condiciones de vida y trabajo de millones de personas.
Cambiar el modelo de desarrollo económico de un país significa hacer un gigantesco esfuerzo de inversión (lo que requiere a su vez de una adecuada política de ahorro nacional para no volver a caer en la trampa del endeudamiento exterior), dedicar ingentes recursos a levantar nuevas industrias, a abrir nuevos mercados, a formar mano de obra capacitada, a crear tecnología innovadora, a dotarse de nuevas estructuras comerciales, a adecuar la infraestructura del país a las nuevas necesidades,...
No es algo que se haga de la noche a la mañana, que se pueda improvisar, que se resuelva abriendo líneas de financiación aparentemente ambiciosas, pero que medidas con relación a la magnitud de un proyecto así resultan ridículas, pues apenas llegan a representar el 10% de lo que en un sólo año, 2007, se dedicó a la formación bruta de capital fijo en la construcción.
Cambiar el modelo de crecimiento exige poner en tensión todas fuerzas del país, incluidas las financieras.
¿De qué cambio esta hablando Zapatero cuando resulta que la inversión anunciada para impulsarlo no llega a ser ni una décima parte de lo que ha entregado a bancos y cajas sólo para que afronten deudas y recuperen pérdidas?
Cambiar un modelo de crecimiento es acometer cambios estructurales en la economía nacional. Cambiar el papel y la preponderancia –y no alimentarlo con dinero público– de un sistema financiero que ha alentado un creciente endeudamiento de las familias, con salarios cada vez más bajos pero que han sido incitados por todos los medios –directos e
 ndirectos, públicos y privados– a gastar y consumir a crédito.
Lo cual ha resultado muy beneficioso para unos pocos banqueros, constructores y monopolistas, pero enormemente gravoso para el país y para la mayoría de la población.
Redistribuir de una manera más justa la riqueza acumulada durante todos estos años de crecimiento y ahorrar para disponer de los recursos de inversión necesarios para poner en marcha otro modelo son las claves para salir de la crisis y acabar con el paro.
¿Qué modelo alternativo necesita la economía española? ¿Por dónde hay que empezar a ponerlo en marcha?
Un mercado virgen y con futuro
Las energías renovables son hoy un terreno prácticamente inexplorado en el que existe un enorme mercado de futuro.
Nuestro país, que en alguna de ellas como la eólica ya ha tomado ventaja, dispone de sobrados recursos de todo tipo para dirigir nuestro desarrollo hacia una producción orientada a unas demandas y unos mercados que están abriéndose paso, y lo harán de forma cada vez más amplia y acelerada, en el mundo.
Pero para ello se requiere tomar medidas enérgicas, amplias y de conjunto.
En primer lugar resolviendo el problema de dónde han de salir los recursos financieros para acometer un objetivo tan ambicioso.
Y la solución está al alcance de la mano.
Tomando las medidas necesarias sobre las Cajas de Ahorro, entidades sobre las que el gobierno y el Banco de España tienen numerosas prerrogativas, al ser entidades sociales sin ánimo de lucro, y que representan más del 50% del sistema financiero del país.
Hasta ahora, los inmensos recursos de las cajas se han dedicada a financiar el ladrillo y a los grandes monopolios, mientras las castas burocráticas regionales creaban sus propios reinos de taifas en el terreno financiero. Ya es hora de que esto deje de ser así.
Hay que poner a trabajar los recursos de las cajas en función de las necesidades y de la orientación general de la economía del país.
Abriendo el grifo del crédito y la liquidez para PYMES, autónomos y familias y orientando preferentemente su inversión hacia todas aquellas actividades productivas relacionadas con las energías renovables. En segundo lugar, legislando un nuevo sistema de desgravación en el impuesto de sociedades, en el que la reinversión productiva de los beneficios y la inversión en I+D+I esté enormemente beneficiado. Si reinvertir beneficios en nueva producción debe ser primado fiscalmente, invertir en I+D+I debe estarlo al doble. Y hacerlo en el tipo de investigación, desarrollo e innovación que requiere un nuevo modelo de crecimiento que tenga como eje vertebrador las energías renovables debe estarlo al triple.
Medidas cuyo único fin es potenciar que la reinversión no se convierta tan sólo en una ampliación de la capacidad productiva, sino en un impulso acelerado para la investigación, el desarrollo y la innovación como elementos claves para la competitividad de la economía española y de sus empresas en el mercado global.
Si Zapatero o Rajoy hablaran de algunas de estas o similares medidas, podríamos empezar a tomarles en serio cuando hablan de cambiar el modelo de desarrollo de la economía española.
Mientras tanto, su política se sigue resumiendo en “más de lo mismo”.
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