Obama nombra embajador en China a un republicano

Un republicano en la corte celestial

Obama parece indicar -también a las autoridades de Pekí­n- que en la relación con China, la Casa Blanca busca el mayor consenso posible entre los distintos sectores de la clase dominante norteamericana

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18-05-2009
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Si ninguna relación bilateral en el mundo es más importante que la que existe entre EEUU y China, el puesto de embajador norteamericano en el dragón asiático, dejado vacante por Clark T. Randt Jr en el mes de enero, habí­a de ser suplido de forma cuidadosa y sopesada. Resulta cuanto menos intrigante que Obama haya colocado como embajador en Pekí­n a John Huntsman, lí­der republicano y gobernador de Utah, que ha sonado en más de una ocasión como presidenciable. Si ninguna relación bilateral en el mundo es más importante que la que existe entre EEUU y China, el puesto de embajador norteamericano en el dragón asiático, dejado vacante por Clark T. Randt Jr en el mes de enero, habí­a de ser suplido de forma cuidadosa y sopesada. Resulta cuanto menos intrigante que Obama haya colocado como embajador en Pekí­n a John Huntsman, lí­der republicano y gobernador de Utah, que ha sonado en más de una ocasión como presidenciable.
Gobernador republicano en uno de los estados más conservadores de la “América profunda”, John Huntsman es sin embargo conocido en su partido por ser una de las voces más moderadas. Después de la contienda electoral, en la que fue ni más ni menos que codirector de la campaña presidencial de John McCain, Huntsman enervó a los `neocon´ de su partido al sugerir que el partido del elefante debía bajar los decibelios y templar su mensaje si quería recuperar el liderazgo. Varias veces ha sonado su nombre como próximo candidato republicano para 2012.
 
 
Su carrera política es larga y extensa. Huntsman, de 48 años, es hijo de un multimillonario de Utah, fue asesor del presidente Reagan en la Casa Blanca, se convirtió en embajador en Singapur del gobierno de George H. W. Bush y fue vice-representante de comercio entre 2001 y 2004, bajo el mandato de George W. Bush. El chino mandarín no tiene secretos para él: de joven fue misionero mormón en Taiwan.
 
 
No todos los embajadores son presentados en público por el propio presidente. Por eso Obama, en el Salón Diplomático de la Casa Blanca, puso a Huntsman a su diestra y quiso remarcar que lo nombró "consciente de su extraordinario significado". Y luego agregó: "Dada la amplitud de los asuntos en juego en nuestras relaciones con China, este puesto es tan importante como cualquiera en el mundo, porque Estados Unidos podrá lidiar mejor con los retos globales del siglo XXI en colaboración con China".
 
 
Y efectivamente, Huntsman ha defendido en más de una ocasión la necesidad de que EEUU se entienda y colabore con China, especialmente en lo que se refiere a temas medioambientales y energías alternativas. "Estados Unidos y China deben ser buenos ejemplos y guías en la Tierra. Debemos igualar el avance económico con liderazgo ambiental. Los efectos de la industrialización son sentidos en todo el mundo", dijo Huntsman en 2006 en un discurso en la Universidad de Shangai.
 
 
El nombramiento ha sido bien acogido por las cuidadosas autoridades chinas. "El nombramiento del nuevo embajador es positivo para ambas partes", ha el director del Centro de Estudios Americanos de la Universidad de Renmin, Shi Yinhong, que observó además que Huntsman es "un político poderoso experimentado en la elaboración de políticas vinculadas con China". Pero tras tan elogiosas palabras, China observa con atención y permanece vigilante: los vínculos de Huntsman con Taiwan le hacen ser sospechoso de ser demasiado a los que hablan de la “amenaza militar china”.
 
 
Pero además, Obama parece querer indicar –también a las autoridades de Pekín- que en la relación con China, la Casa Blanca busca el mayor consenso posible entre los distintos sectores de la clase dominante norteamericana, y una política sólida y sin fisuras. De la misma manera que al conformar su gobierno, Obama “rescató” cuadros moderados de la administración Bush como Robert Gates, para dar continuidad a los aspectos “reciclables” de la última etapa de su predecesor y tender puentes de unidad con los sectores de la oligarquía norteamericana a los que representaba.
 
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