Los Laboristas caen en intención de voto

Los escándalos hunden al gobierno de Brown

Los británicos están furiosos y las consecuencias polí­ticas de su ira pueden ser peligrosas. De acuerdo con una encuesta realizada por la BBC, un 65% demanda el llamamiento inmediato a las elecciones

0
0 votos
17-05-2009
Publicidad
Los británicos no han visto nada similar desde la época de Oliver Cromwell y la sangrienta guerra civil desatada en 1642 con la clausura de su Parlamento: en una misma semana, dos lores fueron suspendidos de sus cargos por vender sus servicios al mejor postor, el subsecretario de Justicia renunció y la máxima autoridad de la Casa de los Comunes, Michael Martin, está a punto de convertirse en el primero en ser despedido de su cargo en más de 300 años.
 La máxima autoridad de la Casa de los Comunes, Michael Martin, está a punto de convertirse en el primero en ser despedido de su cargo en más de 300 años.(EFE)
La máxima autoridad de la Casa de los Comunes, Michael Martin, está a punto de convertirse en el primero en ser despedido de su cargo en más de 300 años.(EFE)
Los británicos no han visto nada similar desde la época de Oliver Cromwell y la sangrienta guerra civil desatada en 1642 con la clausura de su Parlamento: en una misma semana, dos lores fueron suspendidos de sus cargos por vender sus servicios al mejor postor, el subsecretario de Justicia renunció y la máxima autoridad de la Casa de los Comunes, Michael Martin, está a punto de convertirse en el primero en ser despedido de su cargo en más de 300 años.
Anoche, un parlamentario laborista, David Chaytor, se convirtió en el segundo en ser sancionado con una suspensión de seis meses por parte de su partido. Todo a raí­z del escándalo desatado por la revelación de inusuales reembolsos de gastos a cargo del erario público. Un affaire que ha puesto en jaque la estatura moral de la admirada democracia parlamentaria de Gran Bretaña.

Los británicos están furiosos y las consecuencias polí­ticas de su ira pueden ser peligrosas. De acuerdo con una encuesta realizada por la BBC, un 65% demanda el llamamiento inmediato a las elecciones generales, previstas hasta ahora para principios del año próximo. Y esto serí­a un balde de agua frí­a para los laboristas del premier Gordon Brown: sólo obtendrí­an un 22% de los votos.

Los efectos de la crisis económica en los británicos, los fracasos del gobierno laborista en el parlamento y la cercaní­a de elecciones municipales, al parecer, le jugaron una mala pasada al primer ministro Gordon Brown. La indignación de los contribuyentes del Reino Unido, muchos de ellos con sus viviendas embargadas tras el desplome de las llamadas hipotecas basuras y los intentos de funcionarios de reducir gastos a costa del estado, arreciaron el efecto de un nuevo escándalo polí­tico.

A un año de las elecciones generales a Gordon Brown le han crecido todos los enanos del circo. El Ejecutivo de Gordon Brown ha entrado en una espiral de escándalos, dimisiones y disculpas, que han hundido al partido Laborista. . El pasado nueve abril, Bob Quick, el entonces jefe de las operaciones antiterroristas de Scotland Yard, presentó su dimisión tras ser fotografiado a su llegada a Downing Street con unos papeles en la mano que detallaban la redada que la Policí­a y el MI5 iban a llevar a cabo en Manchester y Liverpool unas horas más tarde

Sin tiempo para asimilar el golpe, los laboristas se vieron salpicados por otra historia que apuntaba directamente al gabinete de Brown. Un periódico filtró una cadena de e-mails del asesor de imagen del primer ministro en los que se preparaba una campaña sucia contra los \'tories\' a base de publicar en un blog los supuestos escarceos del diputado George Osborne con una prostituta o la supuesta enfermedad de transmisión sexual del lí­der de los conservadores británicos, David Cameron. El asesor de Brown fue cesado y el lí­der laborista fue forzado a pedir perdón a la oposición.

Pero sin duda lo que más ha tocado la imagen del Gobierno laborista en las últimas fechas es la filtración a la prensa de las cuentas de gastos de los diputados. El escándalo sobre el gastos de funcionarios que salpica al conjunto de la clase polí­tica británica comenzó dí­as atrás, cuando The Daily Telegrap h publicó los abusos de numerosos diputados, algunos de los cuales son también ministros, que han aprovechado un laxo sistema legal de reembolso de gastos para costearse extravagancias, como la limpieza de una piscina privada y la remodelación de una cancha de tenis.El propio Brown, incluso, fue alcanzado por las acusaciones del diario, que reveló que el premier pagó 10.000 dólares a su hermano Andrew por los servicios de limpieza de una vivienda en Londres.

Al reaccionar rápidamente y despedir a los más transgresores, el lí­der del Partido Conservador, David Cameron, logró limitar los daños, por más que él mismo se vio implicado en el affaire al haberles hecho pagar a los contribuyentes 1000 dólares por la limpieza de su invernadero. Es así­ como los tories lideran las encuestas con cifras de entre el 39 y 41% de apoyo.
Pero lo que más sorprende es que los únicos partidos que han avanzado en popularidad esta semana son los "antisistema": el Partido Nacionalista Británico de ultra derecha y el Partido Independentista del Reino Unido (UKIP), los verdes. Juntos alcanzan ahora una intención de voto similar a la del laborismo.

En medio de la recesión y con niveles de desempleo en ascenso, los británicos han comenzado a expresar públicamente su ira. Parlamentarios del oficialismo y de la oposición han recibido insultos tanto en la calle como en medio de programas televisivos. Tan seria es la situación que uno de los pocos polí­ticos aún no salpicado por el escándalo, el tory lord Michael Morris de Naseby, sostuvo que "sólo la convocatoria a elecciones generales lo antes posible puede salvar los sólidos pilares de la democracia británica".

El ultimo acto de toda esta trama, es demostrar indignación, ambos partidos han prometido mano dura y están obligando a sus parlamentarios a devolver el dinero, eso si, tras amenaza de expulsión del partido. Gordon Brown acumula todas las portadas de los periódicos con su foto en primera plana pidiendo perdón y haciendo acto de contrición. Una de las primeras cabezas en rodar ha sido El secretario de Estado de Justicia, Shahid Malik, arrastrado por la tormenta polí­tica, se esperaba, y era recibida con satisfacción entre los británicos. Furiosos y conmocionados, de la desvergüenza que han mostrado sus polí­ticos durante años, usando su dinero para pagar sus gastos privados. Es posible que no sea la última, con las ministras del Interior y de Comunidades también en el disparadero.

Los laboristas acusan al Telegraph de pagar una fuerte suma a algún funcionario del Parlamento que estaba llevando a cabo la investigación. Al parecer, según los Laboristas la información confidencial sobre los gastos de los diputados fue obtenida por alguien que la ha estado intentando vender a la prensa, por un supuesto precio de 300.000 libras. El periódico se defiende con el argumento de que sus informaciones son de interés público y apegándose al secreto de sus fuentes, pero como en muchos otros casos siempre, es el periodismo de investigación o algunos corruptos que venden la información, pero hay que creer muy poco en las casualidades y este es un echo en le que da que pesar pues puede acabar con el gobierno de Brown. Lo que se mueve en las alcantarillas del estado no son corruptos, sino intereses. Toda esta concatenación de sucesos escándalos y extraví­os de documentos difí­cilmente pueden se hechos aislados. Hay muy pocos que tengan acceso a esa cantidad de informes y los filtren con tal tino cronológico. Solo los aparatos de estado y los servicios de información e inteligencia tienen capacidad operativa para lograr algo así­.

No seria la primera ni ultima vez que las contradicciones entre los grupos oligárquicos y más en épocas de crisis, en las que se plantean polí­ticas que pueden provocar una drástico empeoramiento en las condiciones de vida del pueblo, que amenaza un estallido social requieren de un cambio de rumbo y de color en el gobierno de turno. El echo es que el escándalo está poniendo contra las cuerdas al gobierno de Gordon Brown.

¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad