Homenaje

Carlos Castilla del Pino. Un honor

"se hace ya psicoanálisis y se hace marxismo sin saberlo [...] Es algo consabido; por tanto, ya no hay ni que citar su fuente: pero ahí­ está el marxismo"

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16-05-2009
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Carlos Castilla del Pino, era psiquiatra, un gran profesional, activista polí­tico y socio de esta casa, del Ateneo Madrid XXI… un honor. Un sincero homenaje, y agradecidos por su hondo pensamiento.
 Carlos Castilla del Pino. Un honor
Carlos Castilla del Pino, era psiquiatra, un gran profesional, activista polí­tico y socio de esta casa, del Ateneo Madrid XXI… un honor. Un sincero homenaje, y agradecidos por su hondo pensamiento.
Castilla del Pino ejerció adelantándose en todo momento. Como él mismo decía: “Hacíamos psiquiatría comunitaria sin saberlo", abandonando los manicomios y revolucionando la psiquiatría en España.

Era Académico de la Lengua desde 2003 - ocupaba el sillón Q -, y como psiquiatra fue uno de los impulsores de la modernización, al tratar temas como el feminismo, el psicoanálisis o el marxismo aplicados a la sociología

Durante el franquismo destacó políticamente por necesidad, encabezando una corriente de enfrentamiento al anquilosamiento psiquiátrico y a las cárceles mentales tan terrenales que suponían los manicomios.  En 'Fundamentos de antropología dialéctica', sostiene que la mayoría de las patologías psiquiátricas tienen un origen biográfico y que para su curación resulta crucial tener en cuenta el contexto social y económico del paciente.

No era un humanizador, sino un pensador materialista, revolucionario y honrado. Porque Castilla del Pino no estudió la esencia del hombre, sino a hombre concretos pertenecientes a un ser social, y unas circunstancias concretas de manifestarse.

De los más de 100.000 pacientes que llegó a atender, decía que le habían enseñado “a aceptar la realidad”, que no a resignarse. Militante del PCE hasta 1980 y criado por la herencia de la Institución Libre de Enseñanza.

Sus aportaciones son extraordinarias en torno a la depresión, la incomunicación y atomización forzosa en nuestra sociedad, y al tratamiento correcto de los enfermos mentales, rompiendo con la orientación penitenciaria de los tratamientos comunes hasta entonces.

Sus años al frente del dispensario de Córdoba fueron, pese al rosario de gente destruida que pasó por allí, tiempos de plenitud. Allí encontró un mundo lejos de la convención, limpio del disimulo del mundo burgués del que él tanto renegaba. El afecto de aquellos "menesterosos" y perdedores, recordó más de una vez, marcó para siempre su vida. Para él, "aún en la derrota, tenía grandeza".

“se hace ya psicoanálisis y se hace marxismo sin saberlo. Del freudismo quedan muchas cosas en muchos espacios: en el psicológico, en el cultural. El inconsciente, la represión, el concepto de proyección, de racionalización junto a los restantes dinamismos de defensa, los dinamismos del duelo y de la culpa. La psicología general va asumiéndolos. Del marxismo queda lo que en él se contiene de antropología o de sociología general y de concepción cuando menos de un determinante mayúsculo del acontecer histórico: lo económico. Es algo consabido; por tanto, ya no hay ni que citar su fuente: pero ahí está el marxismo”
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