Selección de prensa internacional

El modelo del imperio del centro

La capacidad de China de atenuar el impacto de la crisis está estrechamente ligado con el modelo económico que ha seguido China en el curso de los tres últimos decenios

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17-05-2009
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El pasado dí­a 12, publicábamos en esta misma sección un artí­culo editado por el Diario del Pueblo en el que Zheng Yongnian, director del Instituto de Estudio de los Asuntos de Asia Oriental adscrito a la Universidad Nacional de Singapur, exponí­a cómo la distinta forma (y los distintos resultados) en que China y EEUU y las grandes potencias occidentales se estaban enfrentado a la crisis obedecí­a los distintos modelos económicos de crecimiento que siguen cada uno de ellos.
 El modelo del imperio del centro
El pasado dí­a 12, publicábamos en esta misma sección un artí­culo editado por el Diario del Pueblo en el que Zheng Yongnian, director del Instituto de Estudio de los Asuntos de Asia Oriental adscrito a la Universidad Nacional de Singapur, exponí­a cómo la distinta forma (y los distintos resultados) en que China y EEUU y las grandes potencias occidentales se estaban enfrentado a la crisis obedecí­a los distintos modelos económicos de crecimiento que siguen cada uno de ellos.

Días atrás, aparecía una segunda parte del mismo artículo, donde el autor se centra en explicar de forma sencilla en qué consiste exactamente la peculiaridad del modelo de desarrollo chino, cuáles son sus recursos y potencialidades –también sus dificultades– que le están llevando a convertirse en un modelo de referencia para numerosos países del mundo y en una creciente amenaza para los países imperialistas  que “temen que el modelo chino no se convierta en una alternativa al occidental”.
 
Desde este doble punto de partida, el autor se dedica a intentar describir la naturaleza del modelo económico chino. Cuya primera característica sería, según él, que es un modelo mixto profundamente equilibrado. Con un ajustado equilibrio entre las distintas formas de propiedad, equilibrio entre la demanda interna y la externa y equilibrio entre el Estado y el mercado. China habría evitado caer en ninguno de los dos extremos que han dominado los modelos económicos vigentes desde la 2ª guerra mundial. El modelo de capitalismo liberal de occidente, y el modelo de economía totalmente planificada y centralizada de la URSS. A través de un método muy práctico de “prueba-error”, China ha ido ajustando en distintas etapas desde el inicio de la orientación estratégica de “las cuatro grandes modernizaciones” iniciadas ya en 1979 –y que posteriormente pasaría a llamarse de “reforma y apertura”– los distintos componentes que configuran su modelo económico, el peso de cada uno de ellos y la relación entre todos.
 
La competencia entre empresas que tienen distintos sistemas de propiedad se ha convertido en un factor de productividad que ha colocado a China, en el curso de tres décadas, en el papel de “fábrica del mundo”, un poco al modo en que en las décadas centrales del siglo XIX Inglaterra era “el taller del mundo”. Esta diversificación entre los distintos componentes de la economía china es uno de los factores de mayor fortaleza que le están permitiendo afrontar con más éxito que nadie la crisis mundial. Por un lado, porque el gobierno, a diferencia de lo que ocurre en los países desarrollados de Occidente, dispone de recursos económicos y materiales para desplegar poderosas medidas anticrisis, no sólo en el terreno financiero, sino también en el de la actividad productiva o el mercado interno.
 
Por el otro porque la diversificación movida por la competencia ha permitido que surjan –en contra de la visión extendida en Occidente– no solo regiones y unidades productivas que viven de la exportación y el comercio mundial, sino también otras regiones y áreas económicas del interior del país que han hecho del mercado interno su principal fuente de actividad, teniendo la exportación como una actividad complementaria. Es de estas áreas y regiones, donde según el autor se ha desarrollado también un tipo de relaciones basadas en un capital estrictamente nacional y más proclive por ello a prestar más atención a la responsabilidad social de las empresas, de donde los dirigentes chinos están sacando enseñanzas para reorientar el conjunto de la actividad económica nacional, en unos momentos donde la recesión mundial ha hecho caer drásticamente la demanda del mercado exterior.
 
Y relacionado justamente con esto, el Wall Street Journal publicaba el pasado jueves un reportaje donde se asegura que la banca occidental, sumida en la peor crisis de su historia desde 1929, está por el contrario entusiasmada con los excelentes resultados que sus inversiones en el sistema financiero chino les están reportando. Aunque China todavía genera sólo una pequeña porción de los ingresos y ganancias para los bancos occidentales que operan en su mercado, las diferencias, sin embargo, entre los resultados en uno y otro lugar son abismales. Así, resulta que, por ejemplo, Citigroup, que en EEUU es uno de los bancos zombies que se pelea cada día con la posibilidad de una quiebra catastrófica, ha conseguido sin embargo aumentar en un 95% sus ganancias en China.
 
 
 
China. Diario del Pueblo
EL MODELO CHINO Y LA DOCTRINA DEL CENTRO
Zheng Yongnian
 
(...) La capacidad de China de atenuar el impacto de la crisis, los medios que va a poner para reactivar la economía y su papel en el nuevo orden económico mundial están estrechamente ligadas con el modelo económico que ha seguido China en el curso de los tres últimos decenios. Es la razón por la cual muchos están interesados en el modelo chino. Numerosos países en desarrollo quieren extraer enseñanzas del modelo chino, mientras que los países desarrollados temen que el modelo chino no se convierta en una alternativa al occidental.
 
Pero, ¿qué es exactamente el modelo chino? Creo que el modelo chino es un sistema económico mixto. Entre sus características está la propiedad de diferentes naturalezas, una combinación de la demanda exterior e interior, y el equilibrio entre el Estado y el mercado. El modelo económico mixto encarna la filosofía china, la doctrina del centro. Guiada por esta filosofía, China ha evitado los extremos en el curso de los últimos 30 años. Ni el neoliberalismo, ni la economía socialista planificada tradicional han dominado su práctica económica.
 
China es la encarnación misma de la economía de propiedad mixta. En la era de reformas y apertura, China introdujo diversos tipos de propiedad, particularmente la propiedad privada, los capitales extranjeros y las joint-ventures. Pero prefirió evitar la privatización prematura y completa, eligiendo una aproximación etapa por etapa, haciendo ensayos y analizando los errores. Durante la reforma de las empresas del Estado (empresas públicas) esclerotizadas, el país alentó la emergencia y el desarrollo de otros tipos de propiedad estableciendo progresivamente una protección jurídica para todos los sectores de actividad.
 
La competencia entre las empresas de diferentes tipos de propiedad ha permitido mejorar la productividad globalmente. Las empresas del Estado, que son una potente palanca económica del gobierno chino, han puesto en marcha medidas anti crisis. Mientras que los gobiernos occidentales no poseen herramientas financieras y económicas de control, el gobierno chino dispone de ellas.
 
El modelo de desarrollo económico de China ha girado sobre la exportación. Pero China es un inmenso país, donde las diferentes regiones han optado por formas de desarrollo económico diferente. Las economías locales que responden a la demanda interior han aumentado en numerosas regiones también.
 
Por ejemplo, la provincia de Zhejiang, con el más importante PIB por habitante entre todas las provincias del interior ha adquirido una dinámica de desarrollo económico hacia el interior. Pese a esperar igualmente a los inversores extranjeros, su principal motor de desarrollo está compuesto por capitales privados chinos. Las empresas privadas se han engrandecido y madurado en el curso de los últimos decenios, y pueden ahora rivalizar con los capitales extranjeros. Los productos de Zhejiang responden a las exigencias del mercado interior en primer lugar, y las exportaciones sólo son auxiliares a su economía. El modelo de Zhejiang es más estable, más creativo y más sostenible que las regiones que dependen de la exportación. La relación entre el trabajo y el capital en la provincia es igualmente mejor que en otras regiones, porque el capital local presta más atención a la responsabilidad social de las empresas.
 
Pero Zhejiang no es la única región de China donde el crecimiento económico está orientado hacia el mercado interior. La provincia de Shandong es un caso diferente, donde las exportaciones representan sólo una pequeña parte de la producción total. Aunque la relación entre el Estado y el mercado ha sido siempre objeto de discusión entre los especialistas y en el seno del gobierno, la crisis económica mundial ha hecho de ésta una cuestión principal.
 
El modelo económico chino combina las fuerzas del Estado y del mercado. Antes de la reforma y apertura, China era una economía planificada, donde el Estado era omnipresente en la economía. Tras la adopción de la reforma, China empezó a alejarse poco a poco de la vía de desarrollo de la economía planificada introduciendo un mecanismo de mercado. Pero el país no se fue al extremo rindiéndose a un mercado todopoderoso. Aunque el neoliberalismo con su culto al beneficio tiene influencia en ciertos sectores universitarios chinos, este concepto no ha dominado en el proceso de toma de decisiones.
 
El sector financiero es un ejemplo ilustrativo de la manera en que China ha mantenido un equilibrio entre el Estado y el mercado. Después de la crisis financiera asiática de finales de los años 90, China extrajo una lección de la experiencia de sus vecinos asiáticos en el hecho de que una regulación financiera relajada exacerbaba las crisis. Por lo cual el país empezó a reformar su regulación financiera. Estas reformas han permitido al sector financiero chino estar mejor preparado que el de los países occidentales para hacer frente a la crisis financiera mundial.
 
Pero a despecho de todos sus logros, el modelo chino tiene también sus defectos, especialmente un sistema de seguridad social anticuado, que precisa de un trabajo minucioso para rehacerlo. China debe extraer una lección de la crisis financiera mundial, y continuar mejorando su modelo siguiendo la doctrina del centro.
DIARIO DEL PUEBLO. 14-5-2009
 
 
 
 
 
EEUU. The Wall Street Journal
CHINA SE CONVIERTE EN REFUGIO DE BANCOS OCCIDENTALES
 
La lista de frustraciones por las deficiencias de China como una tierra de oportunidades para los bancos y las firmas extranjeras de inversión es larga. Pero muchas están entusiasmadas con las ganancias que están registrando en el gigante asiático.
 
En el año pasado, China, excluyendo a Hong Kong, fue el cuarto país más rentable del mundo para la división del británico HSBC Holdings PLC que negocia la moneda local, además de bonos y derivados, para sus grandes clientes corporativos. La división generó US353 millones en ganancias netas (antes de impuestos), un alza de 137% que compensó las pérdidas en su división de banca de personas. HSBC no reveló sus resultados del primer trimestre en China.
 
Citigroup registró un salto de 95% en su ganancia neta en China en 2008, que llegó a los US$191 millones, impulsado por un aumento de 20% en las transacciones cambiarias para empresas. Ese alza marca un acentuado contraste con el total de US$27.680 millones en pérdidas que el banco neoyorquino reportó el año pasado.
 
Las dificultades de la banca en Estados Unidos y otras regiones del mundo ponen de relieve la importancia creciente de los mercados en desarrollo como China e India, aunque estos países generen una pequeña porción de los ingresos y ganancias para los bancos extranjeros que ahí operan. El crecimiento de los negocios también muestra que Beijing está ofreciendo a los bancos, gestores de fondos y otras firmas extranjeras un espacio para actuar, pese las rígidas restricciones del sistema financiero del país.
 
China, por ejemplo, ejerce un estricto control sobre el tipo de cambio y los flujos de capital que entran y salen del país, lo que puede limitar el papel de las firmas extranjeras. De todos modos, J.P. Morgan Chase & Co. informa que realiza cerca de 25% de las transferencias en dólares desde China hacia EE.UU., un volumen similar al que registra en otros países.
 
"El hecho de que la moneda es controlada no significa que no existan oportunidades para hacer dinero", dice Lisa Robins, jefa de servicios de tesorería para J.P. Morgan en Beijing. "Nuestro negocio en China está creciendo y es rentable".
 
Los extranjeros también enfrentan limitaciones sobre las inversiones directas en el mercado bursátil de China. Aún así, el año pasado las firmas globales de administración de patrimonio operaron 23 empresas conjuntas con socios locales en el país, controlando casi la mitad de la industria china de fondos mutuos, la que cuenta con US$290.000 millones en activos. Cada una de esas firmas generó, en promedio, US$52 millones en comisiones administrativas, según Z-Ben Advisors Ltd., una firma de investigación.
 
Y a pesar de que los extranjeros técnicamente no pueden negociar contratos a futuro de commodities en China, algunas de las mayores casas de corretaje han hallado formas indirectas de operar a través de corredores locales. Las firmas extranjeras están surgiendo como participantes influyentes en las cuatro bolsas del país, incluyendo la de futuros de soya. "Están negociando grandes volúmenes", dice un analista bancario especializado en el sector.
 
En las últimas semanas, China intensificó sus esfuerzos de posicionar a Shanghai como un centro global de finanzas y transporte marítimo. El gobierno ya se comprometió a hacer cambios favorables al mercado en sus reglas, reducir impuestos y lanzar nuevos productos y avances tecnológicos. A pesar de la recesión global, esas iniciativas reflejan la convicción de que el creciente poderío económico chino llevará más dinero para ser gestionado en Shanghai.
 
El gobierno central está decidido a atraer a bancos, corredoras y otras firmas globales a Shanghai en los próximos diez años, promoviendo la ciudad como un lugar a la par de Hong Kong, Londres y Nueva York. "Es algo que tiene importancia estratégica y de largo plazo", dice Liu Tienan, vicepresidente del consejo de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reformas, una agencia de planificación del país.
 
Shanghai figura en pocas listas de los principales centros financieros del mundo. En marzo, un índice divulgado por el centro financiero de Londres clasificó la ciudad china en el 35º lugar. Entre sus desventajas figuran la fuerte intervención gubernamental en todos los aspectos, desde determinar quién puede emitir, negociar o garantizar acciones hasta qué tasa de interés tendrán los bonos. Muchos también apuntan a las deficiencias en la infraestructura jurídica, tributaria y de medios de la ciudad.
 
El sector financiero de Shanghai, ocupando principalmente los rascacielos futuristas en el barrio de Pudong, emplea 120.000 personas en 689 firmas. La mayoría son aseguradoras, bancos o corredoras de bonos, según el gobierno. Las finanzas representan cerca de 7% del Producto Interno Bruto de la ciudad, índice un poco menor que el de Nueva York, pero muy inferior al 12% de Hong Kong.
 
La estrategia de crecimiento de China tiene la meta de crear un centro financiero global que mantenga las características chinas. El gobierno supone que la atracción de China le da margen de maniobra para mantener el control de las herramientas básicas del sistema financiero, incluyendo una maraña de reglas que rigen el yuan. Pero la divisa no convertible de China hace difícil para Beijing ofrecer a extranjeros acceso ilimitado a sus mercados financieros.
 
"Para ser un verdadero centro financiero global, es necesario contar con una moneda plenamente convertible", dice Keith Noyes, director para la región de Asia de international Swaps & Derivatives Association Inc.
 THE WALL STREET JOURNAL. 14-5-2009
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