Selección de prensa nacional

Desigualdades en aumento

Sus esfuerzos deberí­an orientarse a propiciar que la recuperación económica no suscite mayores desigualdades entre los 27 que las que se daban con anterioridad a la crisis.

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16-05-2009
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La noticia del dí­a son sin duda los datos del Eurostat -la oficina europea de estadí­stica, el equivalente a nuestro INE- que ofrece una caí­da del 2,5% del PIB de la Unión Europea en el primer trimestre del año. Caí­da que no se reparte de forma proporcional entre los distintos socios, y en la que destaca sobre todo la de Alemania, la principal economí­a europea, cuyo PIB cayó un 3,8% en el primer trimestre de 2009 y acumula un descenso anual del 6,9%.
 Desigualdades en aumento
La noticia del dí­a son sin duda los datos del Eurostat -la oficina europea de estadí­stica, el equivalente a nuestro INE- que ofrece una caí­da del 2,5% del PIB de la Unión Europea en el primer trimestre del año. Caí­da que no se reparte de forma proporcional entre los distintos socios, y en la que destaca sobre todo la de Alemania, la principal economí­a europea, cuyo PIB cayó un 3,8% en el primer trimestre de 2009 y acumula un descenso anual del 6,9%.

Sin embargo, la brusca caída alemana no debe engañar a nadie. Por las características de su economía altamente industrializada, competitiva y exportadora, Alemania sufre con mayor virulencia inicial los efectos de una recesión global. El descenso en los intercambios comerciales mundiales tienen una inmediata repercusión sobre su actividad productiva, volcada hacia la exportación. Sin embargo, y de la misma forma que cae, su recuperación es igualmente veloz. Basta con que el comercio mundial empiece a reactivarse, para que su enorme tejido industrial se ponga en marcha otra vez.
 
Caso muy distinto, conviene resaltarlo para tener una compresión cabal del futuro inmediato, al de la economía española. En el que su modelo de desarrollo arrastra unos pesados lastres internos que van a provocar una duración mucho mayor de la crisis. A diferencia de Alemania, a España no le basta con la recuperación del comercio mundial, pues la aportación del sector exterior a la economía nacional es relativamente pequeño y de ninguna manera, en las actuales condiciones de nuestra estructura productiva, puede convertirse en el motor de la recuperación económica.
 
Algo acerca de lo que, indirectamente, reflexiona hoy el editorial del periódico bilbaíno El Correo,  cuando afirma que tanto las instituciones de la UE como los gobiernos están en el límite de endeudamiento público, por lo que previsiblemente han agotado “la mayor parte de los recursos de que disponían para afrontar el embate de la recesión global. Pero sus esfuerzos deberían orientarse a partir de ahora a propiciar que la recuperación económica, cuando se produzca, no suscite mayores desigualdades entre los 27 que las que se daban con anterioridad a la crisis”. Es decir, que si la crisis está afectando con desigual intensidad y duración a los distintos países, la recuperación va a aumentar y agudizar todavía mas esas diferencias y desigualdades. Lo cual es una advertencia muy seria para la economía española. Ahora mismo, y no cuando dé inicio la reactivación económica, es cuando se está jugando el futuro de nuestra economía, y, en consecuencia, la colocación de nuestro país en el tablero mundial. 
 
 
 
Editorial. El Correo
DESPLOME EUROPEO
 
La drástica caída experimentada por el Producto Interior Bruto en la Unión Europea, cifrada por Eurostat en un 2,5% en el primer trimestre del año frente al 2,1% que contemplaban como previsión las autoridades comunitarias, empaña los primeros mensajes esperanzadores sobre la aparición de 'brotes verdes' que anunciarían la reactivación económica. Es posible que la recesión haya tocado suelo o esté a punto de hacerlo. Pero los datos sobre la vitalidad económica, tanto de la eurozona como de los 27 socios de la UE, obligarían en cualquier caso a pronosticar una lenta recuperación de la actividad. Lo cual conllevaría, en lo inmediato, el incremento del paro y, en todo caso, la dilación del momento en el que el crecimiento pueda comenzar a generar empleo. Aunque es preocupante el fulgurante retraimiento del PIB en países como las repúblicas bálticas, resulta inquietante de modo especial que entre los socios más veteranos de la Unión sea precisamente Alemania, el principal tractor europeo, el que soporte una recesión del 3,8%. El potencial que los distintos países presentan para reaccionar ante la crisis resulta tan desigual que del impacto recesivo, consignado por Eurostat, no cabría deducir un orden de salida análogo de cara al inicio de la reactivación económica del Viejo Continente.
 
En este sentido, el hecho de que la caída del PIB español, de un 1,8%, se sitúe por debajo de la media europea no significa que nuestra economía se halle en una posición preferente para la recuperación. De hecho, el crecimiento ininterrumpido durante una década y media ha propiciado que Europa conociera una equiparación económica y social sin precedentes entre los socios de la UE. Pero es de temer que esta tendencia igualitaria desde el punto de vista de las diferencias entre los Estados miembros conduzca a situaciones que distancien a unos países respecto a otros como efecto de la crisis, y en cuanto a las condiciones que se generarían en cada uno de ellos una vez que se inicie la reactivación. Las instituciones de la UE y los respectivos gobiernos han podido agotar la mayor parte de los recursos de que disponían para afrontar el embate de la recesión global. Pero sus esfuerzos deberían orientarse a partir de ahora a propiciar que la recuperación económica, cuando se produzca, no suscite mayores desigualdades entre los 27 que las que se daban con anterioridad a la crisis.
EL CORREO. 16-5-2009
 
 
Editorial. Cinco Días
MALOS DATOS ANTES DEL CAMBIO DE TENDENCIA
 
La economía europea se derrumbó el primer trimestre del año. Así lo constató el viernes la oficina estadística de la Unión Europea. Según Eurostat, los 16 países que han publicado sus datos del primer trimestre estaban entre enero y marzo en datos negativos de crecimiento, y 14 de ellos en recesión técnica -al menos dos trimestres seguidos con caídas de PIB-. Y si la situación en conjunto es compleja, Alemania sorprendió por la intensidad de su desplome: -3,8% en términos trimestrales y -6,9% interanual cuando los pronósticos más pesimistas no esperaban superar el 3,5%. La mayoría de los estados han marcado en estos tres primeros meses descensos desconocidos desde hace décadas.
 
En medio de semejante debacle, puede resultar paradójico escuchar mensajes de optimismo bajo el equívoco término de que ya se ven "brotes verdes" en la evolución de la economía. Sin embargo, los malos datos del primer trimestre no tienen por qué ser contradictorios con otros que apuntan a la mejoría. En este sentido, ayudará más precisión para definir el momento en que se encuentra la economía internacional. Los datos de mejoras que se están registrando en diversos países son aún leves y no pueden en ningún caso interpretarse como síntomas del final de la crisis. Pero también se equivoca quien se empecine en negar que algo está cambiando.
 
Numerosas instituciones lo han dicho claramente. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude-Trichet, ha declarado que hemos tocado el punto de inflexión del ciclo, y el vicepresidente del regulador europeo, Lucas Papademos, precisó posteriormente que hay un creciente número de señales positivas que sugieren que la economía está estabilizándose, y que la recuperación puede comenzar antes de lo que se había previsto. También defienden este argumento la OCDE, cuyo indicador compuesto de marzo apunta a una atenuación de los ritmos de deterioro, o el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, que este mismo viernes insistió en resaltar señales positivas de recuperación económica. Son representantes de organismos con poderosa capacidad de análisis, lo que les adjudica cierto grado de credibilidad.
 
Pero este leve optimismo no sólo alcanza a los citados organismos internacionales. Numerosos analistas económicos, tanto españoles como extranjeros, ya han reconocido el cambio de tendencia a tenor de los indicadores adelantados. Antonio Brufau, presidente de Repsol y representante de una de las grandes multinacionales de la industria española, consideró el jueves ante la junta de accionistas de la compañía que el deterioro económico se está parando y se basó para afirmarlo en que el precio del petróleo, negocio que conoce bien, está dando síntomas de mejoría. De hecho, el barril de Brent se aproxima ya a los 60 dólares.
 
De ser ciertas estas apreciaciones, parece sensato creer que el primer trimestre puede haber marcado el momento más bajo de esta durísima y profunda crisis. Pero ello no significa, en ningún caso, que la economía mundial no vaya a tardar tiempo en retornar a la senda de crecimiento y sea capaz de volver a generar empleo.
 
Alemania es un paradigma de esta posible inflexión y algunas cifras permiten aventurarse a defender que el segundo trimestre no será tan negro como el primero. Así, las exportaciones de marzo -último dato conocido- crecieron por primera vez, aunque un modesto 0,7%, tras cinco meses consecutivos de caídas; la producción y pedidos industriales dejaron los descensos, aunque tampoco marcaron crecimiento, y las ventas de automóviles, empujadas por un plan de ayudas directas, se dispararon un 19% en abril.
 
Sin embargo, el claro optimismo sólo se justificará cuando se normalicen los mercados financieros. En este sentido, la decisión de Estados Unidos de someter a su banca a stress test y hacer público el resultado de esas pruebas es un gran avance. Europa debería seguir sus pasos para conseguir que la confianza retorne a las entidades financieras. Por duro que sea, es mejor conocer la devaluación de los activos y la necesidad de recapitalización de la banca europea. Porque la liquidez del sistema ya no es un problema real, gracias a las medidas adoptadas por el BCE.
CINCO DÍAS. 16-5-2009
 
 
 
 
 
 
Editorial. El Periódico
UN PLAN PREVER FALTO DE PACTOS
 
El anuncio del nuevo plan Prever hecho por el presidente del Gobierno durante el debate del estado de la nación ha incomodado a los gobiernos de varias comunidades autónomas, entre ellas Catalunya. La causa es el requerimiento a las autonomías de subvencionar con 500 euros la adquisición de cada coche nuevo, una cantidad idéntica a la que aportará la Administración central y que, sumada a los 1.000 euros de descuento a cargo de los concesionarios, rebajará en 2.000 euros el precio de todos los vehículos de menos de 30.000 que sustituyan a los que tengan una antigüedad superior a 10 años. Es decir, sin comerlo ni beberlo, los gobiernos autonómicos se ven invitados a desviar una parte de sus recursos --se calcula que unos 14 millones en Catalunya-- para estimular la demanda de coches nuevos.

La aprobación de vendedores y consumidores no debe diluir la impresión de que Rodríguez Zapatero ha comprometido dinero de presupuestos que no gestiona y se ha convertido en valedor de un plan, seguramente oportuno, pero con una dosis manifiesta de improvisación. Porque, de no ser así, hay que suponer que primero habría consultado a los 17 presidentes autonómicos, con disponibilidades presupuestarias y prioridades muy diferentes. Pero al no hacerlo ha hecho posible que a partir del lunes las condiciones de compra de los vehículos dependan del criterio del Gobierno de cada comunidad autónoma.

En el caso de Catalunya, con el nuevo sistema de financiación lejos de haberse pactado y estrecheces presupuestarias manifiestas, Rodríguez Zapatero ha tenido la rara habilidad de ponerse en contra a todos los partidos sin distinción de colores. Lo cual es especialmente grave para la imagen y los objetivos del Gobierno, porque deberá aceptar que una autonomía presidida por un socialista se desmarca de una iniciativa suya por razones que no admiten discusión: las arcas del Govern están exhaustas. Es este un argumento tan sólido que cualquier otro enfoque, incluidos los excesos verbales del conseller Josep Huguet, resulta inadecuado.

El único planteamiento posible en un Estado descentralizado, para los casos en los que una medida excede las atribuciones del Gobierno, es que este discuta y pacte con las autonomías su aplicación. No hacerlo distorsiona la indispensable coordinación institucional e incluso pone en riesgo el éxito de proyectos cargados de buenas intenciones.
EL PERIÓDICO. 16-5-2009
 
 
 
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