Selección de prensa nacional

Estado de malestar

La especulación, con ladrillo o sin ladrillo, amordazó a los obligados a sancionar. Y los bancos, antes y ahora, se benefician a costa de ladrones y timados. Ese es nuestro estado verdadero

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14-05-2009
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El debate sobre el estado de la nación sigue acaparando portadas , editoriales y columnas de la prensa nacional. Pero a medida que pasan las horas, cada vez resulta más falso y artificial la discusión de quién salió victorioso de él, si Zapatero o Rajoy. Asunto que será importante para la clase polí­tica y todo el stablishment económico, mediático,... Pero que para la mayorí­a de los ciudadanos no resuelve ninguno de los graves problemas cotidianos que la crisis ha puesto sobre el tapete.
 Estado de malestar
El debate sobre el estado de la nación sigue acaparando portadas , editoriales y columnas de la prensa nacional. Pero a medida que pasan las horas, cada vez resulta más falso y artificial la discusión de quién salió victorioso de él, si Zapatero o Rajoy. Asunto que será importante para la clase polí­tica y todo el stablishment económico, mediático,... Pero que para la mayorí­a de los ciudadanos no resuelve ninguno de los graves problemas cotidianos que la crisis ha puesto sobre el tapete.

Sólo excepcionalmente, la independencia y sensibilidad de algunos columnistas es capaz de ver más allá de todo este enorme aparataje mediático. Así ocurre hoy con Antonio Gala, en su habitual La Tronera de El Mundo. Para él no hay discusión acerca de cuál es el estado de la nación, un “estado de malestar”. Malestar porque ahora hemos descubierto que “nuestros supuestos avances eran falsos”, que “en todos los círculos de nuestro Estado se robó desde el principio”, que los políticos fueron complacientes con ello, la justicia lenta y los bancos se aprovecharon tanto de los especuladores como de los engañados. “Ese es, concluye, nuestro verdadero estado”.
 
El País insiste y amplía hoy la valoración del triunfo de Zapatero sobre Rajoy en el debate. Debate que, según El País, “se ha resuelto a favor del Gobierno”, a pesar del continuo goteo, que por momentos parece diluvio, de malos datos económicos y del asilamiento parlamentario en que, como se ha comprobado en el debate, se encuentra el PSOE. Sin embargo, y pese a todos los juegos de la clase política, al final, como sentencia el editorialista, “la realidad económica tendrá la última palabra”.
 
ABC, por su parte, que días atrás daba como ganador sin ningún género de dudas a Rajoy, hoy parece no tenerlo ya tan claro. Y por eso gira ligeramente su argumentación para dejar claro que “lo de menos es saber quién ganó el debate sobre el estado de la Nación”, sino si del debate ha salido un gobierno reforzado o si, por el contrario, se han agravado sus carencias; si ha despejado dudas o ha creado más de las que había. Para el diario conservador, las respuestas están claras.
 
Por último, El Correo hace una interesante y acertada reflexión sobre la utilidad real del debate, al que califica de "pulso estéril", de las acaloradas discusiones parlamentarias y las interminables valoraciones de los medios sobre su resultado. Pues para el diario bilbaíno, la crisis está acarreando numerosas consecuencias “para la credibilidad de los líderes políticos y de las instituciones” y se supone que no precisamente buenas.  Lo que introducen numerosos interrogantes sobre cuál va a ser la valoración de los ciudadanos y su comportamiento político en el futuro. La crisis económica se traslada con relativa velocidad (de momento más acumulativa que explosiva) al terreno de la crisis social. Y el modelo político no va a permanecer impasible frente a ello. Por más que la clase política pretenda lo contrario.
 
 
 
 
Opinión. El Mundo
ESTADO DE MALESTAR
Antonio Gala
 
LA DEMOCRACIA consiste en la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. El saqueo de unos en favor de otros confirma su inexistencia. Ahora que se acercan las elecciones al Parlamento Europeo, debemos oírlo antes de votar. Y votar desde luego. Porque su Pleno opina que en todos los círculos de nuestro Estado se robó desde el principio, sobre todo en el Mediterráneo, desde Valencia a Andalucía. Nuestros supuestos avances eran falsos, y ahora la crisis tira de la manta. Una política indecisa y complaciente en busca de electores; una justicia lenta, cobarde o inexistente; una codicia generalizada e impune nos ha puesto a la cola de la UE. Tengamos o no huevos para reconocerlo. Ha sucedido ante todos y pocos han hablado, dando por supuesto que el delito es connatural. La especulación, con ladrillo o sin ladrillo, amordazó a los obligados a sancionar. Y los bancos, antes y ahora, se benefician a costa de ladrones y timados. O sea que hemos hecho un pan como unas hostias. Entre todos. Ese es nuestro estado verdadero.
EL MUNDO. 4-5-2009
 
 
 
 
Editorial. El País
VICTORIA EN SOLEDAD
 
El debate sobre el estado de la nación se ha resuelto a favor del Gobierno, pese a la sucesión de malos datos económicos y la soledad parlamentaria en que se encuentra el Grupo Socialista. El líder de la oposición, Mariano Rajoy, volvió a cometer el mismo error que las cinco ediciones anteriores en las que ha medido fuerzas con Rodríguez Zapatero: concentró su discurso en la dureza de las formas sin arriesgarse a proponer ninguna política alternativa.
 
En esta ocasión, además, la gravedad de la crisis económica internacional, que en España se ha visto multiplicada por el estallido de la burbuja inmobiliaria y que se ha traducido en el mayor índice de paro de la historia, exigía encontrar un difícil equilibrio entre los reproches al Gobierno y la disposición a colaborar en la búsqueda de una salida. Rajoy no sólo no ha sabido hallarlo, sino que ha vuelto a escorar el fiel de la balanza hacia el turbulento territorio de la bronca personal.
 
Que Zapatero se impusiera en el debate no quiere decir, sin embargo, que haya recompuesto las alianzas con las que ha gobernado hasta ahora. La paradoja reside en que el Gobierno ha conseguido retomar la iniciativa al mismo tiempo que sus antiguos socios escenificaban las mayores diferencias en lo que va de legislatura. A la razón de fondo de no querer implicarse en la gestión de la crisis, para no aparecer vinculado a las dificultades económicas, se ha superpuesto un abanico de motivos coyunturales que han empujado al conjunto de la oposición a tomar distancia del Gobierno.
 
Los partidos catalanes coincidieron en reprochar al Ejecutivo el retraso en el acuerdo de financiación, pero mantuvieron un soterrado y particular segundo frente con el fin de subrayar que encarnan opciones políticas distintas. Mientras que CiU dio a entender que no tenía preferencias por uno u otro partido en el Gobierno central, haciendo depender su apoyo del logro de un acuerdo sobre financiación y sobre las propuestas económicas que desgranó Duran Lleida, Esquerra Republicana declaró expresamente su opción por Zapatero. Una opción condicionada, en todo caso, a la financiación catalana, que el Gobierno se ha comprometido a resolver antes del 15 de julio.
 
El PNV, por su parte, siguió ajustando cuentas con los socialistas por haber desalojado a Ibarretxe del Gobierno vasco mediante un acuerdo con el PP. Erkoreka se empleó a fondo contra la gestión de Zapatero, que evitó llevar demasiado lejos el enfrentamiento para no cerrar la puerta a eventuales acuerdos una vez que los nacionalistas vascos hayan asumido su paso a la oposición.
 
Izquierda Unida también se sumó a las críticas, defraudada por el hecho de que, en contra de las especulaciones de los días previos al debate, el Gobierno descartase un giro hacia sus posiciones, prefiriendo adoptar una selección de medidas orientadas a la reactivación económica sugeridas por otros grupos. Y Coalición Canaria, por último, tenía poco margen para aparecer como la única fuerza de oposición condescendiente con el Gobierno, y se sumó a la corriente general de acentuar las críticas.
 
Tras el debate, el Gobierno tendrá que hacer frente a los mismos problemas que existían, pero su victoria le coloca en una posición política algo más desahogada. La búsqueda de alianzas para aprobar los Presupuestos sigue siendo un objetivo prioritario. Y falta por saber si Zapatero estará en condiciones de cumplir el nuevo plazo para alcanzar un acuerdo sobre la financiación de Cataluña y si las medidas económicas anunciadas darán algún resultado, incluidas las sorpresas de último momento, como la rebaja de las tasas aeroportuarias. Ahora la realidad económica tendrá la última palabra.
EL PAÍS. 14-5-2009
 
 
 
Editorial. ABC
DEBATE DE CENSURA
 
LA segunda jornada del debate sobre el estado de la Nación confirmó la ausencia de apoyos explícitos de las minorías al presidente del Gobierno, dibujando así un escenario político muy complejo para Rodríguez Zapatero. Es evidente que el Gobierno no cuenta con una mayoría estable en el Congreso, sin perjuicio de que consiga apoyos aislados para determinadas iniciativas. Aunque así fuera, su estado de precariedad está completamente contraindicado para un período de crisis, porque no sólo tiene necesidad de respaldos para aprobar leyes y convalidar medidas como las anunciadas estos días, sino también para enfrentarse a un horizonte despejado que le permita aprobar los presupuestos generales del Estado para 2010. Después de la chapuza cometida con las cuentas públicas para 2009, el Gobierno no está en disposición de pedir a sus antiguos aliados nuevos actos de fe sobre predicciones de optimismo inverosímil.
 
Por otro lado, el Gobierno se empeña en gestionar como cierta una situación distorsionada por sus diagnósticos y así es difícil atraer voluntades. Los hechos, los resultados, los datos de la realidad desmienten la estrategia urgente ejecutada por el Gobierno para presentarse como víctima de culpas ajenas y para absolverse a sí mismo de su cadena de equivocaciones sobre la evolución de la crisis. No hubo equivocación, sino falseamiento, porque a diferencia de aquellas instituciones que sí erraron sobre la gravedad de la crisis, pero la reconocían, Rodríguez Zapatero directamente la negaba. Es la diferencia entre un error y una mentira. Hace poco más de un mes, hizo una crisis de gobierno para relanzar su imagen. La operación ha sido un fracaso -salta a la vista- y hace aún más inexplicable la autocomplacencia de Rodríguez Zapatero con la gestión de la crisis. Ahora, la pregunta es con qué aliados fiables cuenta el Gobierno y para qué tipo de política económica quiere sus apoyos. Rodríguez Zapatero anunció ayer y anteayer una batería de medidas, cuya letra pequeña augura efectos muy distintos de los prometidos por el jefe del Ejecutivo y que, antes o después, acabarán traduciéndose en un incremento de los impuestos o de la presión fiscal, porque el déficit público que se está formando, si no aumenta la recaudación del Estado por un relanzamiento de la actividad económica, tendrá que ser pagado con cargo a los ciudadanos. Por tanto, si el Gobierno vive en el filo de la navaja se debe a que no plantea un proyecto global de recuperación económica, a que su modelo productivo alternativo está lastrado por la abstracción, a que rehúye las evidencias sobre la necesidad de reformar el mercado laboral y vigilar la situación de las pensiones y a que toma medidas sin estudiar su repercusión.
 
Lo de menos es saber quién ganó el debate sobre el estado de la Nación. Lo que importa es saber si de ese debate ha salido un gobierno reforzado o si, por el contrario, se han agravado sus carencias. Este debate tenía que servir para despejar dudas, pero ha creado más de las que había. El rechazo al Gobierno ha generado una coalición negativa de todos los grupos parlamentarios. No significa que una moción de censura del PP vaya a contar con su apoyo, pero políticamente, Zapatero ha salido censurado de este debate.
ABC. 14-5-2009
 
 
 
 
Editorial. El Correo
PULSO ESTÉRIL
 
El debate sobre el Estado de la Nación ha adquirido este año una indudable connotación política, tanto por la proximidad de unas elecciones -las europeas- que suponen una prueba determinante para las aspiraciones de Mariano Rajoy frente a José Luis Rodríguez Zapatero, como por la carencia de aliados parlamentarios que garanticen al presidente la estabilidad gubernamental. Las consecuencias que la crisis está acarreando para la credibilidad de los líderes políticos y de las instituciones introducen, además, numerosos interrogantes sobre cuál va a ser la valoración ciudadana respecto a las distintas opciones partidarias dentro de uno o dos años. Parece razonable concluir que en la sesión del martes el presidente Rodríguez Zapatero no fue dialécticamente derrotado por Rajoy ante la opinión pública. Probablemente el debate ha dejado las cosas como estaban. Por una parte, con el lógico desgaste para un Gobierno que, a pesar de su anuncio de innumerables medidas frente a la crisis, continúa pagando las deudas de una reacción tardía respecto a la misma. Por la otra, con las dificultades que evidencia el Partido Popular a la hora de consolidarse como una apuesta más fiable que la socialista frente a la crisis.
 
Todo ello permite suponer que el Ejecutivo ha logrado recuperar algo del aliento que precisaba tras el revés sufrido en Galicia, después de perder el favor del PNV a cuenta del cambio en el Gobierno vasco y dado el nulo entusiasmo suscitado por la reciente remodelación de Ejecutivo. Aliento al que ha contribuido la desapercibida actuación de los grupos parlamentarios que podrían apoyar o regatear con su apoyo a Zapatero y que han destacado más por la exposición de sus particulares intereses que por su capacidad de aportar ideas y soluciones solventes a los problemas comunes de la economía española. En esta legislatura por etapas, el Gobierno ha podido superar la prueba que había situado en puertas de los comicios europeos. Pero es posible que el escrutinio de las elecciones del 7 de junio obligue al presidente a volver a comenzar la carrera
EL CORREO. 14-5-2009
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