Literatura

André Gide a los ojos de Borges

Borges incorporó a Gide a esa galerí­a de autores "imprescindibles" que constituye su Biblioteca personal

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14-05-2009
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La publicación de una nueva traducción de "Los monederos falsos" (con un nuevo tí­tulo, "Los falsificadores de monedas", editorial Alba), de André Gide, recupera la memoria y la obra de un escritor que dejó una honda huella en el panorama literario europeo de la primera mitad del siglo XX. Publicada en 1925, esta novela representa en cierta medida la cumbre de su prolí­fica obra, y así­ lo reconoció Borges al incluirla como uno de los textos fundamentales de su Biblioteca personal.
 André Gide a los ojos de Borges
La publicación de una nueva traducción de "Los monederos falsos" (con un nuevo tí­tulo, "Los falsificadores de monedas", editorial Alba), de André Gide, recupera la memoria y la obra de un escritor que dejó una honda huella en el panorama literario europeo de la primera mitad del siglo XX. Publicada en 1925, esta novela representa en cierta medida la cumbre de su prolí­fica obra, y así­ lo reconoció Borges al incluirla como uno de los textos fundamentales de su Biblioteca personal.
“André Gide –dice Borges–, que de tantas cosas dudó, parece no haber dudado nunca de de esa imprescindible ilusión, el libre albedrío. Creyó que el hombre puede dirigir su conducta y consagró su vida al examen y a la renovación de la ética, no menos que al ejercicio y al goce de la literatura. Nació en París en 1869, bajo el Segundo Imperio. Su formación fue protestante, su primera lectura apasionada fueron los Evangelios. Tímido y reservado, frecuentó los Martes de Mallarmé y pudo conversar con Pierre Louys, con Paul Valéry, con Claudel y con Wilde. En su primer libro, “Les cahiers d´André Walter” (1891), usó el dialecto ornamental de los simbolistas. Esa obra es menos de un autor que de una época. Siempre fue fiel, después, a la buena tradición de la claridad. Al cabo de una estadía en Argelia, que fue capital para él, publicó en 1897 “Les nourritures terrestres” (“Los alimentos terrestres”), que exalta los deseos de la carne pero no su plena satisfacción. En ulteriores textos, cuya enumeración sería larga, predicó el goce de los sentidos, la liberación de todas las leyes morales, la cambiante “disponibilidad” y el acto gratuito que no responde a otra razón que al antojo. Fue acusado de corromper a la juventud con esas doctrinas.

Profesó el amor de la literatura inglesa; dijo que prefería John Keats a Victor Hugo. Leamos que la voz íntima de Keats era más de su agrado que el tono público y profético de Hugo. En 1919 fue uno de los tres fundadores de la N.R.F., la primera revista literaria de nuestro siglo.

André Malraux ha escrito que Gide es nuestro principal contemporáneo. Gide, como Goethe, no está en un solo libro, está en la suma y en el contraste de todos ellos.

La más famosa de sus novelas es “Les faux monnayeurs” (traducida habitualmente por “Los monederos falsos”), curiosa y admirable narración que incluye un análisis del género narrativo. En su “Journal” refiere las diversas etapas de su escritura. En 1947, un año antes de su muerte, recibió con aprobación unánime el Premio Nobel”.
 
 
 
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