Salud

Pí­ldora del dí­a después… ¿y luego qué?

Nadie puede discutir que cuando las condiciones de vida de la gente aumentan, también lo hace la capacidad de decisión

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12-05-2009
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Hace pocas horas que la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, y la ministra de Igualdad, Bibiana Aí­do, anunciaron que la pí­ldora poscoital, más conocida como del dí­a después, se venderá dentro de tres meses en las farmacias españolas. La unidad costará unos 20 euros, la podrá comprar cualquier persona y se dispensará sin necesidad de receta. Esta medida está enmarcada en la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva que prepara el Gobierno para apoyar la futura Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo. Desde entonces - que poco tiempo ha transcurrido - los argumentos han volado como puñales, pero todos parten de la misma premisa: a la gente hay que vigilarla, por si a caso. Hace pocas horas que la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, y la ministra de Igualdad, Bibiana Aí­do, anunciaron que la pí­ldora poscoital, más conocida como del dí­a después, se venderá dentro de tres meses en las farmacias españolas. La unidad costará unos 20 euros, la podrá comprar cualquier persona y se dispensará sin necesidad de receta. Esta medida está enmarcada en la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva que prepara el Gobierno para apoyar la futura Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo. Desde entonces - que poco tiempo ha transcurrido - los argumentos han volado como puñales, pero todos parten de la misma premisa: a la gente hay que vigilarla, por si a caso.
Según las ministras “el principal objetivo de esta medida es evitar embarazos no deseados, principalmente entre las jóvenes. De hecho en el 2007 se produjeron en España 112.000 abortos, de los que más de 6.000 correspondieron a menores de 18 años, y 500 de ellos a chicas que no llegaban a los 15. Además, más de 4.000 niños nacieron de madres menores de edad y hubo 10.500 embarazos en jóvenes que no superaban los 18 años”.

Los datos son preocupantes, pero  más lo son las condiciones en la que se dan. Porque aunque la educación sanitaria sea necesaria o muy necesaria, y especialmente en el terreno de las relaciones sexuales, desde luego no puede presentarse la aprobación de esta medida como una llamada a la promiscuidad y el condón farmacológico: “total, luego me tomo la pastilla y ya está” -. Ésta no es solo una manera de profundamente reaccionaria de tratar al conjunto de la población, como si no existiera ningún tipo de valores populares y de respeto.
Empezando por los que no se aprenden más que con tu gente. Pero además presupone que cualquier libertad debe ir acompañada de una vigilancia para que no se produzcan desmanes, en este caso, con la salud y la vida propia.

Tampoco puede presentarse esta medida como una respuesta obligada antela situación de urgencia. Primero porque todavía no conocemos ni un solo punto de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, y lo que ya se apunta es a la sucesión de medidas “parche” que no solucionan nada. Cuando una ley integral de defensa de las libertades en este terreno – incluida la de la educación – es lo que urge.

Y mucho menos cuando la base material sobre la que se asientan esas libertades cada vez es más parecida a un campo de arenas movedizas. Nadie puede discutir que cuando las condiciones de vida de la gente aumentan, también lo hace la capacidad de decisión. Luego es necesaria la conciencia para tomar las decisiones adecuadas, pero para eso estamos esperando una Ley que atienda de fondo esta necesidad, no que despiste con artimañas de zanahoria y palo.

No han de preocuparse las señoras ministras, mientras las condiciones de vida de todos los ciudadanos sigan empeorando a marchas forzadas, ya pueden aprobar todos los medicamentos que quieran a 20€, que lo único que habrá que preguntarse es quién los produce para conocer al único beneficiado.
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