Música

A Kepa le falta algo… y no es dinero

Texturas conseguidas por Gwendal, Quadro Nuevo, Pepe Habichuela, Anoushka Shankar, o el mismí­simo Enrique Morente, se le atragantan a Junquera porque no cede

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11-05-2009
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No hace mucho saltó la polémica en torno al músico vasco Kepa Junquera. El Gobierno Vasco le otorgó 700.000 euros para financiar tres discos y promocionar así­ la cultura vasca. La reacción no se hizo esperar: 250 músicos firmaron un manifiesto de protesta ante una concesión que triplica lo que se otorga cada año por parte del Gobierno Vasco al mundo de la música… vasca. Un despilfarro insultante, una orientación perniciosa, y un músico excelente. No hace mucho saltó la polémica en torno al músico vasco Kepa Junquera. El Gobierno Vasco le otorgó 700.000 euros para financiar tres discos y promocionar así­ la cultura vasca. La reacción no se hizo esperar: 250 músicos firmaron un manifiesto de protesta ante una concesión que triplica lo que se otorga cada año por parte del Gobierno Vasco al mundo de la música… vasca. Un despilfarro insultante, una orientación perniciosa, y un músico excelente.
El artista de Rekalde inició su última trilogía con “Etxea” – Casa -, le siguió “Kalea” – Calle - y tiene previsto lanzar “Herria” – País - para el año que viene. Hasta 42 cantantes y 15 músicos participaron en la primera entrega: Santiago Auserón, Calamaro, pasando por Estrella Morente, Lluís Llach, Loquillo, Pedro Guerra, Miguel Ríos, Jaime Urrutia, Ginesa Ortega, Ana Belén y Víctor Manuel, Dulce Pontes, Miguel Bosé, Pau Donés, Luis Eduardo Aute, Michel Camilo, José Antonio Ramos, Chano Domínguez… próximamente podremos escuchar “Kalea”.

A los mandos de su “trikitixa” – acordeón diatónico -, Kepa transita todos los sonidos con los que pueda hermanarse o enfrentarse; desde el grupo de percusionistas B´Nat Houariyat, hasta la sonoridad del borde asiático-europeo que choca en contratiempos con la textura hispano-africana que practica Junquera. Desde “Del Hierro a Madagascar” en el que colabora Pedro Guerra, al Latin Grammy Awards que recibió en el 2002 por “Maren”, el de vizcaíno ha abierto sus pulmones a los aires de la mal llamada “world muisc”.

Entre trikitixa y txalaparta, el folk vasco encuentra a la familia más cercana aun sin quererlo. Porque la orientación que ha impulsado la promoción es la de la diáspora vasca, una mezcla de exclusividad artificial y multiculturalismo forzado. Por eso la genialidad instrumental de Junquera es eclipsada por este propósito impuesto. Nunca llegar a sonar convirtiéndose en el otro, sino que atrae a todos a su terreno. No basta con imprimir el sello vasco a las músicas del mundo, su música ha de convertirse en las demás. Eso le falta, dentro de las más que recomendables interpretaciones que Kepa Junquera ha ido puliendo con preferencia del directo.

Texturas conseguidas por Gwendal, Quadro Nuevo, Pepe Habichuela, Anoushka Shankar, o el mismísimo Enrique Morente, se le atragantan a Junquera porque no cede; fuerza en el encuentro musical sin mezclarse para diluirse en algo nuevo, sin importarle que desaparezca “lo vasco” para que surja otra cosa.

Por eso algunos temas suenan a Kepa con bases rítmicas, o a Kepa con vientos, o a Kepa con voces… ¿para cuando Kepa jazzeando a lo Bela Fleck? Eso sí sería un lujo

Por lo demás el chorreo de subvenciones otorgado no está justificado. Y no porque estemos en crisis, esa es una crítica demagógica, más teniendo en cuenta que dinero hay por millones y derrochado en muchas otras cosas que nada tienen que ver ni con el enriquecimiento cultural, ni con la ayuda social – ni que hablar de la creación de empleo -. No lo está porque da la idea de que todo es Kepa, y no es cierto.

Por otra parte la respuesta de esos 250 músicos tampoco convence. Primero porque no se les ha escuchado denunciar el etnicismo de la orientación cultural del Gobierno Vasco de los últimos treinta años, y segundo porque a la cultura le corresponde ahora más que nunca proponer alternativas que generen riqueza, no que la consuma; más si ahonda en la dependencia de ésta respecto al Estado. Nada hay peor que esto; ni creatividad, ni independencia.
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