Cine

Apocalypse Now

Se cumplen 30 años del estreno de la obra maestra de Coppola, que elaboraba una profunda reflexión filosófica sobre las cenizas de la derrota en Vietnam.

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11-05-2009
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El 10 de Mayo de 1979 se estrenaba en el Festival de Cannes el film "Apocalypse Now". Después de un rodaje dantesco con múltiples catástrofes, dónde hasta el actor principal, Martin Sheen, tuvo que sufrir la malaria y un infarto, la pelí­cula conquistaba la Palma de Oro. Trasladar la novela "El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad, desde el África colonial a la guerra que empantanó al Ejército estadounidense entre 1958 y 1973, habí­a implicado un rodaje de 16 meses, un presupuesto de 30 millones de dólares de la época y dos años en la sala de montaje. El resultado fue un retrato desgarrador de la miseria moral que suponí­a la convivencia con el horror y la masacre imperialista.
 Apocalypse Now
El 10 de Mayo de 1979 se estrenaba en el Festival de Cannes el film "Apocalypse Now". Después de un rodaje dantesco con múltiples catástrofes, dónde hasta el actor principal, Martin Sheen, tuvo que sufrir la malaria y un infarto, la pelí­cula conquistaba la Palma de Oro. Trasladar la novela "El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad, desde el África colonial a la guerra que empantanó al Ejército estadounidense entre 1958 y 1973, habí­a implicado un rodaje de 16 meses, un presupuesto de 30 millones de dólares de la época y dos años en la sala de montaje. El resultado fue un retrato desgarrador de la miseria moral que suponí­a la convivencia con el horror y la masacre imperialista.
"El ejercito entrena a los jóvenes para matar a otros jóvenes, pero, sus comandantes no dejan que los muchachos escriban prostituta en sus aviones, ¿sabes por qué? ¡Porque es obsceno!", arengaba Kurtz desde su reducto de fanatismo selvático. John Milius convirtió el guión adaptado en una visión sofocante de la guerra en la que los soldados luchaban bajo los efectos de las drogas, en un país del que nunca habían oído hablar y abanderados bajo una moral e ideología como mínimo dudosas.
 
El protagonista es un oficial que ha perdido por completo su humanidad, a base de convivir con la barbarie como si fuera tu vecina de al lado, la mirada inexpresiva sirve como marco de la constante reflexión que el protagonista interioriza mientras recorre el país asiático, para hacer de perro de caza de sus misteriosos superiores, en una misión clandestina. Pero eso no es nada cuando se encuentra con la locura mesiánica del Coronel Kurtz, magistralmente interpretado por Marlon Brando, que juega a ser Dios para construir un nuevo mundo desde las cenizas de su autodestrucción.
 
Con 40 kilogramos de más y sin haberse leído ni la novela ni el guión, Brando volvió a fagocitar una gran película con una aparición episódica. Y forzó a Vittorio Storaro a diseñar un juego de iluminación sumamente hermoso -merecedor del Oscar- para no mostrar sus verdaderas dimensiones. La visión que Martin Sheen tiene del Coronel al que debe asesinar se transforma constantemente a lo largo de la narración, conforme se van acercando a él, su esencia se va transformando. Su traición empieza a perfilarse como un acto heroico. Su planteamiento desquiciado como la visión más descarnada de la realidad.
 
La espléndida película supuso un golpe más en la herida moral norteamericana y en las justificaciones de su barbarie. Sin embargo también fue un ejercicio sublime de saber hacer cinematográfico de todo el equipo, y nos dejó secuencias tan memorables como La que describe con lúdica crueldad el sadismo que provoca la guerra bajo la frase de "Me gusta el olor del napalm por la mañana" -que justificó la nominación al Oscar de Robert Duvall- y el épico vuelo del escuadrón de helicópteros orquestado por “La cabalgata de las Walkirias”, de Wagner. Además, quien tenga la ocasión de ver la versión “redux” que montó posteriormente Coppola, podrá contemplar también la brillante escena del revelador encuentro entre el protagonista y el reducto colono de la burguesía francesa.
 
 
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