Siguen las cortes militares de Guantánamo

Obama y la herencia radioactiva

.Un informe solicitado recientemente por la Casa Blanca intentó minimizar los maltratos cometidos en la prisión, lo cual generó crí­ticas de grupos defensores de derechos civiles.

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10-05-2009
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The Washington Post señala que la idea de mantener las cortes militares refleja el temor de la Casa Blanca de perder los casos si después de tantos años juzga a los presos en tribunales civiles.Durante su campaña presidencial, el mandatario criticó las condiciones de la cárcel en la Base Naval de Guantánamo, un enclave mantenido por Estados Unidos en el oriente de Cuba en contra de la voluntad de la Isla.
 El presidente Barack Obama está analizando reinstalar los tribunales militares en la cárcel cubana para juzgar a los prisioneros, según adelantó ayer el diario The Washington Post. (EFE)
El presidente Barack Obama está analizando reinstalar los tribunales militares en la cárcel cubana para juzgar a los prisioneros, según adelantó ayer el diario The Washington Post. (EFE)
The Washington Post señala que la idea de mantener las cortes militares refleja el temor de la Casa Blanca de perder los casos si después de tantos años juzga a los presos en tribunales civiles.Durante su campaña presidencial, el mandatario criticó las condiciones de la cárcel en la Base Naval de Guantánamo, un enclave mantenido por Estados Unidos en el oriente de Cuba en contra de la voluntad de la Isla.
El cierre de Guantánamo se podrí­a postergar un poco más. El presidente Barack Obama está analizando reinstalar los tribunales militares en la cárcel cubana para juzgar a los prisioneros, según adelantó ayer el diario The Washington Post. Los tribunales ad hoc serí­an los mismos que creó su predecesor George W. Bush, pero las reglas del proceso no. Los fiscales no podrán utilizar información extraí­da a través de interrogatorios violentos o torturas, ni tampoco se aceptará como pruebas legí­timas los rumores. La decisión aún no es definitiva, pero Obama tiene sólo unos dí­as para aceptarla o vetarla.

El plazo de cuatro meses de suspensión de esos controvertidos tribunales especiales vence el 20 de mayo, y, ante la falta de una decisión sobre lo que ocurrirá a partir de ese momento, el juez principal encargado de esas comisiones ha fijado para el dí­a 27 una nueva vista. Eso no implica automáticamente que las comisiones militares vayan a ser restablecidas, pero demuestra hasta qué punto se le han complicado las cosas a Obama en relación con este asunto.

La Cámara de Representantes se negó a incluir dentro de la ampliación del presupuesto para las guerras de Irak y Afganistán una partida de 80 millones de dólares que el Gobierno habí­a solicitado para la relocalización de los presos de Guantánamo. "Lo haremos cuando nos presenten un plan claro", advirtió el presidente del Comité de Apropiaciones, el demócrata David Obey. El Gobierno, no tiene ese plan, y los congresistas no quieren correr el riesgo de respaldar a ciegas un cierre que podrí­a acabar con los presos de Guantánamo en cárceles de los Estados donde ellos tienen que ser reelegidos el año que viene.

Se puso como plazo enero del 2010, pero nunca diseñó una hoja de ruta concreta sobre el futuro de los 241 prisioneros, que hospeda la prisión cubana hace años. Una opción es entregarlos a paí­ses amigos, como las potencias europeas; aún siguen negociando los detalles. La otra opción es apresurar los casos considerados más fáciles.

En enero pasado, cuando el nuevo gobierno asumió, la idea era que esos juicios se realizaran en cortes federales o, si el caso lo ameritaba, en cortes militares ordinarias. "Las cosas parecen mucho más difí­ciles ahora que lo que se pensaba el 20 de enero", reconoció un funcionario nacional al Post. Por miedo a perder los juicios en cortes ordinarias -continuó el matutino norteamericano-, la Casa Blanca estarí­a reviendo su decisión.

El desplazamiento de los presos a territorio estadounidense choca con el rechazo frontal de la mayorí­a de la población, que cree estar en peligro si cuenta en su vecindad con esos supuestos terroristas. Se da por hecho, que los siete uigures chinos que Washington se niega a devolver a su paí­s por" miedo a que sean maltratados" allí­, irán pronto a una prisión de Virginia. Pero no se conocen destinos para otros presos.

El traslado a territorio estadounidense tampoco resolverí­a, en todo caso, el problema de qué tratamiento judicial otorgarles a quienes hasta ahora son legalmente combatientes enemigos. El Gobierno no se atreve a presentarlos ante tribunales ordinarios porque teme perder los juicios por falta de pruebas.

La mayorí­a de las evidencias reunidas contra los detenidos en Guantánamo fueron obtenidas por servicios secretos, que no comparecen como testigos en una vista pública civil, o conseguidas mediante métodos de interrogatorio que el propio Gobierno de Obama ha definido como torturas.

Se trata de una verdadera patata caliente para la administración de Obama. Aunque algunos de los presos han confesado su participación en el 11-S, podrí­an quedar en libertad si los jueces decidiesen anular la causa contra ellos por el uso de torturas. Obviamente, el Gobierno no puede permitirse polí­ticamente poner en la calle a detenidos de la relevancia de Khalid Sheikh Mohammed, autor intelectual de aquellos atentados, pero tampoco tiene garantí­as de ganar un proceso contra un acusado del que se ha reconocido oficialmente que fue sometido a la técnica del ahogamiento fingido.

Según adelantó un funcionario de Obama, el mandatario pedirí­a esta semana una extensión de 90 dí­as, para ganar tiempo. Después de eso anunciarí­a la vuelta de los tribunales militares, los mismos que idearon los asesores legales de Bush en 2006 para juzgar a los llamados combatientes ilegí­timos, es decir, a los prisioneros que no peleaban en nombre de un ejército nacional ni respondí­an a Estado internacionalmente reconocido.

Esos tribunales ad hoc, que sólo existen en Guantánamo, garantizaban la confidencialidad de toda la información que se mencionaba en los procesos y, por ende, era inaccesible a la prensa e incluso en algunos casos al mismo acusado. Se realizaban en la misma cárcel cubana, a puertas cerradas y sólo podí­an estar presentes los fiscales, los abogados defensores y los acusados. La decisión de los jueces, todos oficiales de alto rango, no podí­a ser discutida por ninguna otra instancia judicial.

Este sistema paralegal, habí­a sido criticado por casi toda la comunidad internacional e incluso por el propio Obama durante la campaña electoral. "Según cualquier criterio que se quiera utilizar, nuestro sistema para juzgar a esos prisioneros ha demostrado ser un terrible fracaso", aseguró en junio pasado.

Pero ahora Obama argumentará que el sistema de tribunales militares fue reformado y mejorado. Ya no se podrán utilizar pruebas dudosas, como rumores no confirmados o información extraí­da por medio de torturas. Además, los prisioneros tendrán total libertad y acceso para elegir a sus abogados. Todos los derechos constitucionales estarán garantizados, promete el proyecto que está a la espera de la aprobación final de Obama.

EE UU está intentando quitarse de en medio el problema, que sean juzgados y puestos en libertad es una alternativa inviable, se generarí­a un problema interno mayúsculo. La mejor solución serí­a su traslado al extranjero. Pero tampoco esa ví­a está despejada en estos momentos. El acuerdo de expatriación que más factible se veí­a hasta ahora, el traslado de cerca de un centenar de yemení­es a un centro de rehabilitación en Arabia Saudí­, ha chocado en los últimos dí­as con obstáculos diplomáticos lo suficientemente importantes como para recomendar que el propio secretario de Defensa, Robert Gates, se encargase del asunto esta semana en una visita a Riad.

Obama, empieza a ver la magnitud de la herencia radioactiva que le dejó su predecesor, George Bush. La guerra de Irak aún está lejos de acabar, aunque se hable menos de ella, y la de Afganistán va a peor cada dí­a. Se ha extendio a Pakistan amenazando con generar un estado fallido con armas nucleares, una especie "Talibanistan". Pero el problema que se puede convertir en una pesadilla para Obama es el de Guantánamo. Lo ha dicho la senadora demócrata McCaskill: "Guantánamo nos va a acabar quemando a todos".

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