Literatura

Desenterrando a Oswaldo Lamborghini

Una biografí­a editada en Buenos Aires y la publicación de su "Teatro proletario de cámara" reactualizan la figura de este "maldito" de las letras argentinas

0
0 votos
10-05-2009
Publicidad
Quizás, a la postre, la ingente tarea de César Aira de desenterrar, editar y restablecer la obra de Lamborghini, hasta situarla en el centro, o en un lugar destacado, del canon literario argentino, esté empezando a dar sus frutos. La publicación de una extensa biografí­a sobre este autor "maldito" y la reedición de una obra facsimil sobre su "Teatro proletario de cámara", devuelven a la actualidad a este escritor, nacido en 1940 en Argentina, que falleció en 1985 en Barcelona, y que se definí­a a sí­ mismo como "loco, homosexual, marxista, drogadicto y alcohólico". La revista literaria Quimera de mayo recoge las huellas actuales de Lamborghini a través de la voz de los mejores crí­ticos literarios argentinos actuales. Bolaño escribió también un perfil sobre él, que quizá nos lo acerca con una precisión especial. Quizás, a la postre, la ingente tarea de César Aira de desenterrar, editar y restablecer la obra de Lamborghini, hasta situarla en el centro, o en un lugar destacado, del canon literario argentino, esté empezando a dar sus frutos. La publicación de una extensa biografí­a sobre este autor "maldito" y la reedición de una obra facsimil sobre su "Teatro proletario de cámara", devuelven a la actualidad a este escritor, nacido en 1940 en Argentina, que falleció en 1985 en Barcelona, y que se definí­a a sí­ mismo como "loco, homosexual, marxista, drogadicto y alcohólico". La revista literaria Quimera de mayo recoge las huellas actuales de Lamborghini a través de la voz de los mejores crí­ticos literarios argentinos actuales. Bolaño escribió también un perfil sobre él, que quizá nos lo acerca con una precisión especial.
En un ensayo sobre la literatura argentina "post-Borges", Bolaño afirma. "La tercera línea en juego de la literatura argentina actual o post-Borges es la que inicia Oswaldo Lamborghini. Ésta es la corriente secreta. Tan secreta como fue la vida de Lamborghini, que murió en Barcelona en 1985, si no recuerdo mal, y dejó como albacea literario a su discípulo más querido, César Aira, que viene a ser lo mismo que que si una rata deja como albacea testamentario a un gato con hambre.

Si Artl, que como escritor es el mejor de los tres, es el sótano de la casa que es la literatura argentina, y Soriano es un jarrón en la habitación de invitados, Lamborghini es una cajita que está puesta sobre una alacena en el sótano. Una cajita de cartón, pequeña, con la superficie llena de polvo. Ahora bien, si uno abre la cajita lo que encuentra en su interior es el infierno. Perdonen que sea tan melodramático. Con la obra de Lamborguhini siempre me pasa lo mismo. No hay cómo describirla sin caer en tremendismos. La palabra "crueldad" se ajusta a ella como un guante. La palabra "dureza" también, pero sobre todo la palabra "crueldad". El lector no avisado puede vislumbrar un juego sadomasoquista propio de esos talleres literarios que las almas caritativas y de vocación pedagógica organizan en los manicomios. Es posible, pero se queda corto. Lamborghini siempre va dos pasos más adelante (o más atrás) que sus perseguidores.

(...) A veces abro alguno de sus dos libros, editados por Aira -lo cual es un decir, porque lo mismo los pudo haber editado el linotipista o el portero del edificio donde estaba la editorial, la editorial Serbal, de Barcelona-, y a duras penas puedo leerlo, no porque me parezca malo, sino porque me da miedo, sobre todo la novela "Tadeys", una novela insoportable, que leo (dos o tres páginas, ni una más) sólo cuando me siento particularmente valiente. De pocos libros puedo decir que huelen a sangre, a vísceras abiertas, a licores corporales, a actos sin perdón.

Hoy que está tan de moda hablar de nihilistas, aunque cuando se habla de éstos la gente se refiere a los terroristas musulmanes, que precisamente de nihilistas no tienen nada de nada, no estaría de más visitar la obra de un verdadero nihilista. El problema de Lamborghini es que se equivocó de profesión. Mejor le hubiera ido trabajando como pistolero a sueldo, o como chapero, o como sepulturero, oficios menos complicados que el de intentar destruir la literatura."
 
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad