Cómic

Medz Yeghern. La gran catástrofe

El cómic vuelve a revelarse como instrumento de denuncia, en esta obra que recuerda el genocidio armenio de 1915.

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10-05-2009
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Si lo analizáramos técnicamente, podrí­amos llegar a la conclusión de que "La gran catástrofe" no es un gran tebeo. Su dibujo esta lejos de la brillantez y encontramos numerosos errores en el ritmo narrativo. Pero es completamente no conmoverse ante el sublime retrato que Paolo Cossi realiza de una masacre injustificada, perdida en el olvido, que nos arroja a la cara la pasividad de las potencias mundiales ante un hecho tan macabro como el ocurrido en Armenia hace ya 95 años. El medio tebeí­stico vuelve a emerger como esa arma arrojadiza, que gracias a la independencia de sus autores, es capaz de denunciar sin paliativos hechos borrados de la historia por los grandes monopolios de la información, y además hacerlo con una capacidad comunicativa asombrosa.
 Medz Yeghern. La gran catástrofe
Si lo analizáramos técnicamente, podrí­amos llegar a la conclusión de que "La gran catástrofe" no es un gran tebeo. Su dibujo esta lejos de la brillantez y encontramos numerosos errores en el ritmo narrativo. Pero es completamente no conmoverse ante el sublime retrato que Paolo Cossi realiza de una masacre injustificada, perdida en el olvido, que nos arroja a la cara la pasividad de las potencias mundiales ante un hecho tan macabro como el ocurrido en Armenia hace ya 95 años. El medio tebeí­stico vuelve a emerger como esa arma arrojadiza, que gracias a la independencia de sus autores, es capaz de denunciar sin paliativos hechos borrados de la historia por los grandes monopolios de la información, y además hacerlo con una capacidad comunicativa asombrosa.
Paolo Cossi consigue mostrar el terrible acontecimiento desde puntos de vista antagónicos. En primer lugar, el de los propios armenios que sufrieron la barbarie en sus carnes. Pero la obra adquiere un valor documental excelente cuando se sitúa en el lado de aquellos políticos europeos que prefirieron callar antes de poner en peligro la alianza estratégica con Turquía durante la primera guerra mundial y, también, aquellos que intentaron denunciar las muertes que se extendían a su alrededor, desde los propios turcos que no concebían que sus propios dirigentes fueran responsables de semejante horror, hasta los periodistas que intentaron que se supiese lo que estaba pasando fuera de las fronteras del país.
 
La obra se convierte así en un enrevesado mosaico, en el que las piezas acaban pasando a un segundo plano después de comprobar la contundencia de las cifras y los datos objetivos que revela el autor: 1.500.000 muertos, que sufrieron lo indecible, que murieron por “todas las muertes posibles”.
 
La editorial Ponent Mon publica ahora esta obra en nuestro país, siguiendo con su arriesgada línea de sacar a la luz aquello que otras editoriales no se atreven, bien por su polémico contenido, o bien por la escasa confianza que tienen sobre su posible rentabilidad. Porque al margen de la calidad técnica de la narración, que algunas voces críticas utilizarán para atacar a su autor, La gran catástrofe es un documento de valor incalculable, que nos muestra la cantidad de barbaridades que algunas mentes humanas son capaces de imaginar en tiempos de guerra, pero sobre todo lo despreciable de los “diplomáticos” internacionales que acostumbran a mirar hacia otro lado cuando sus pérfidos intereses pueden resultar beneficiados con estos actos de desprecio a la especie humana. Afortunadamente, existen los tebeos y sus autores para contárnoslo.
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