La Administración Obama renueva las sanciones contra Siria

Pórtate bien y te levanto el castigo

La decisión de mantener las sanciones no responde a una acción de castigo. Parece ser una promesa de recompensa, un `do ut des´ , si Siria hace un gesto significativo

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09-05-2009
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"No se trata de nuevas sanciones", ha aclarado el portavoz del Departamento de Estado, Robert Wood. Pero el gobierno norteamericano ha decidido renovar las sanciones que pesan contra Siria desde 2005, después de la visita a principios de semana de dos emisarios estadounidenses: Jeffrey Feltman por el Departamento de Estado, y Daniel Shapiro por el Consejo de Seguridad de la Casa Blanca. Las relaciones entre la superpotencia y Damasco, si bien han recibido un gran impulso con la llegada de Obama a la Casa Blanca, siguen siendo tirantes. La alianza con Irán, el apoyo a grupos como Hezboláh o Hamás o su influencia en Lí­bano chocan con los designios de Washington. "No se trata de nuevas sanciones", ha aclarado el portavoz del Departamento de Estado, Robert Wood. Pero el gobierno norteamericano ha decidido renovar las sanciones que pesan contra Siria desde 2005, después de la visita a principios de semana de dos emisarios estadounidenses: Jeffrey Feltman por el Departamento de Estado, y Daniel Shapiro por el Consejo de Seguridad de la Casa Blanca. Las relaciones entre la superpotencia y Damasco, si bien han recibido un gran impulso con la llegada de Obama a la Casa Blanca, siguen siendo tirantes. La alianza con Irán, el apoyo a grupos como Hezboláh o Hamás o su influencia en Lí­bano chocan con los designios de Washington.
Siria sigue estando oficialmente en la lista de “países patrocinadores del terrorismo” para EEUU, “eje del Mal” donde la colocó Bush. Después de la inicialmente rápida victoria militar en Irak y de que Bush proclamara “misión cumplida”, Siria sonó insistentemente como candidata a la siguiente invasión norteamericana. El momento de máxima tensión se vivió en 2005, tras el magnicidio del presidente libanés Rafik Hariri, un mandatario prooccidental y antisirio de cuyo atentado que se sigue acusando al régimen sirio. Desde que entonces la Casa Blanca retirara a la embajadora en Damasco, Margaret Scobey, EEUU no ha tenido relaciones diplomáticas fluidas con el gobierno de Bachar el Asad.
 
Esto comenzó a cambiar con la llegada de Obama y su nueva línea internacional. La búsqueda de puentes con Damasco y Teherán es patente, y en el marco de la gira de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton por Oriente medio y Europa a primeros de marzo, se producía también la primera visita de Feltman y Shapiro a la capital siria, para mejorar las relaciones bilaterales.
 
EEUU necesita que Damasco colabore en su interés actual de rebajar la tensión en la región, estableciendo las condiciones para que Siria e Israel firmen la paz (ambos países llevan oficialmente varias décadas en guerra), son varios e importantes los escollos que han de salvar: como el programa nuclear iraní y, según Washington, las pretensiones sirias de emularlo; el apoyo a Hezbolah en Líbano y a Hamás en Gaza y la injerencia siria sobre el vecino libanés, país al que Damasco considera un protectorado suyo.
 
Tampoco el régimen de Bachar el Asad, como el de los ayatolás es precisamente dócil y manejable. Hace sólo unos días, el presidente sirio y su homólogo iraní, Mahmud Ahmadinejad celebraron un encuentro en el que rechazaron cualquier injerencia extranjera en la región y destacaron la relación "estratégica" que mantienen los dos Gobiernos.
 
La decisión de mantener las sanciones no responde a una acción de castigo, sino que parece ser –a juzgar de las declaraciones del Departamento de Estado, que ha declarado que necesita “ver pasos concretos del Gobierno sirio” para moverse en otra dirección- más bien una promesa de recompensa (el levantamiento de las restricciones) si Siria hace un gesto significativo. Un `do ut des´ al que parece ser tan aficionada la nueva diplomacia norteamericana.
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