Patxi López asume el cargo de lehendakari

Se va el caimán, empieza el cambio

Siempre que se mantenga la lí­nea de firmeza y unidad, y no haya vacilaciones en llevar hasta el combate a nacionalismo étnico

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08-05-2009
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Ibarretxe ha consumado su derrota encerrándose en el "armario" con Arzallus. Y Pátxi López es ya primer lehendakari no nacionalista de la democracia. Con la investidura de Patxi López como lehendakari, con los votos de su propio partido, el PSE, los del PP y UPyD, empieza una nueva época histórica para Euskadi, donde se abre una oportunidad sin precedentes en los últimos 30 años para restablecer las plenas libertades democráticas. Histórica también para España, para fortalecer la unidad y la cohesión nacional.
 (EFE)
(EFE)
Ibarretxe ha consumado su derrota encerrándose en el "armario" con Arzallus. Y Pátxi López es ya primer lehendakari no nacionalista de la democracia. Con la investidura de Patxi López como lehendakari, con los votos de su propio partido, el PSE, los del PP y UPyD, empieza una nueva época histórica para Euskadi, donde se abre una oportunidad sin precedentes en los últimos 30 años para restablecer las plenas libertades democráticas. Histórica también para España, para fortalecer la unidad y la cohesión nacional.
El cambio que empieza en el País Vasco no es sólo un cambio de gobierno, sino que estamos ante un auténtico cambio de régimen. Durante treinta años el nacionalismo étnico y  excluyente ha levantado un régimen etnicista, basado en servirse del terrorismo etarra para alimentar sus sueños identitarios y sus objetivos de fragmentación.
Un régimen que ha pretendido excluir “en su condición de vascos” a los no nacionalistas. Un régimen que ha convertido las instituciones autonómicas en instrumentos al servicio de sus planes, la enseñanza y los medios públicos en semilleros de educación en el odio a lo español y la exclusión. Un régimen que bajo los golpes del terrorismo ha creado las condiciones para el exilio de 200.000 vascos, y mantener a la sociedad vasca sin libertad, bajo el miedo y la opresión. Por eso no sólo estamos ante un cambio en las instituciones, sino en el conjunto de la sociedad vasca para acabar con el miedo, la falta de libertades y derechos democráticos para cientos de miles de vascos por sentirse tan vascos como españoles.
Esta es una gran victoria del movimiento de rebelión democrática que estalló en Ermua tras el secuestro y vil asesinato de Miguel Ángel Blanco, que ha terminado por derrotar a  Ibarretxe y su plan, retirarlo con Arzallus al armario de los monstruos nazifascsitas del nacionalismo vasco y posibilitar el nombramiento de un lehendakari no nacionalista y la formación de un nuevo gobierno constitucionalista.
Empieza el cambio, empieza la libertad. Sin duda, porque el nuevo gobierno crea unas condiciones nuevas excepcionales. Por primera vez el nacionalismo excluyente no está al frente del gobierno autonómico, perdiendo así uno de los instrumentos fundamentales de su poder.
Por el contrario el nuevo gobierno nacido de estas elecciones tiene tras él todo el empuje de la sociedad vasca más consciente, de esa rebelión democrática, de la fuerza de las víctimas del terrorismo… Todos ellos han depositado enormes esperanzas en este cambio.
Eso sí, siempre que se mantenga la línea de firmeza y unidad, y no haya vacilaciones, especialmente en llevar hasta el final el desalojo de la línea del nacionalismo étnico y excluyente de los centros de poder que aún controlan en las instituciones y desde donde, no nos engañemos, van a intentar bombardear al nuevo gobierno y al nuevo lehendakari.
Porque hay una enseñanza fundamental de estos años de lucha por la libertad y contra el terrorismo: no es posible acabar con ETA sin acabar con el régimen que la utiliza como parte de su estrategia de dominio por el miedo. ¿Cómo si no se puede explicar que la Erzaintza bajo Ibarretxe sólo detuviera un comando de ETA en cinco años?
La línea de actuación anunciada por Patxi López (beligerancia contra el terrorismo y su deslegitimación política y social; ningún resquicio a la justificación de los “violentos” y por lo tanto cambios de línea en la radio televisión vascas; acabar con la exclusión del castellano y un bilingüismo integrador de las dos lenguas vehiculares en la enseñanza; y especialmente el restablecimiento de unas relaciones “normales” con el gobierno de la nación y el resto de las comunidades autónomas, acabando con el soberanismo secesionista de Ibarretxe…) abre un camino esperanzador. Es, sin duda un buen comienzo del cambio.
Pero insistimos, este sólo será posible con firmeza y unidad.
Ahora bien, el nuevo gobierno tiene que ser también un factor para una salida a la crisis favorable a los intereses nacionales y populares. Está por ver si será capaz de establecer un  plan que atienda, en Esukadi, no sólo a medidas paliativas para minimizar los efectos más  dramáticos de la crisis, sino para reactivar el tejido productivo, el apoyo a las pequeñas y medianas empresas y a los ciudadanos para crear riqueza y empleo.
Pero sobre todo lo que sí hay que exigir como mínimo al nuevo gobierno es que se demarque de las posiciones del anterior lehendakari Ibarretxe y de las castas burguesas y burocráticas de otras autonomías que anteponen sus reivindicaciones egoístas, que reclaman más y más para ellas sin atender a los intereses generales, que no les importa “llevarse lo suyo” aunque el país se hunda… Por ello se hemos de exigir al nuevo gobierno  que en la lucha contra la crisis, como mínimo empiece por establecer un plan de ahorro y austeridad, simplificando la administración, eliminando gastos superfluos, etc. para dedicar esos recursos a la economía productiva; y por otro lado, disponerse a sumar recursos para un gran Plan Nacional contra la crisis.
 
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