Cómic

La "resurrección" de Las Hermanas Gilda

15 años después se reeditan las "inocentes" historietas de Vázquez, que retrataban con ironí­a la España de la posguerra, y que acumularon problemas con la censura.

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08-05-2009
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Desde 1949 y hasta 1973, el fallecido dibujante Manuel Vázquez mantuvo en los kioscos de toda España las historietas de Las Hermanas Gilda, que aparecí­an con regularidad cosechando un gran éxito. Uno de los pioneros de la historieta en nuestro paí­s, que como tantos otros, utilizaba el disfraz del entretenimiento inofensivo dirigido al público infantil, para en realidad dinamitar las convenciones sociales de una España gris y taciturna, que vigilaba los trazos de su pluma con un dedo acusador. Se cumplen 60 años de su creación, y Ediciones B -heredera directa de la mí­tica Editorial Bruguera-, rescata un interesante volumen recopilatorio, en su celebrada lí­nea "Clásicos del Humor", tres lustros después de su última publicación.
 La "resurrección" de Las Hermanas Gilda
Desde 1949 y hasta 1973, el fallecido dibujante Manuel Vázquez mantuvo en los kioscos de toda España las historietas de Las Hermanas Gilda, que aparecí­an con regularidad cosechando un gran éxito. Uno de los pioneros de la historieta en nuestro paí­s, que como tantos otros, utilizaba el disfraz del entretenimiento inofensivo dirigido al público infantil, para en realidad dinamitar las convenciones sociales de una España gris y taciturna, que vigilaba los trazos de su pluma con un dedo acusador. Se cumplen 60 años de su creación, y Ediciones B -heredera directa de la mí­tica Editorial Bruguera-, rescata un interesante volumen recopilatorio, en su celebrada lí­nea "Clásicos del Humor", tres lustros después de su última publicación.
Vázquez había dado para entonces muestras de su irreverencia con su anterior personaje Heliodoro Hipotenuso, aunque fue con Las Hermanas Gilda con las que mostró su auténtica alma de autor rebelde. Esa rebeldía se traduce en unas historias que rompen con la moralidad de la dictadura franquista que ensalzaba la fraternidad y la convivencia social y familiar, y además desde unas revistas dirigidas a un lector infantil y juvenil. El experto en cómic Antoni Guiral realiza un excelente prólogo en esta obra, en el que también destaca el aspecto estético de las dos protagonistas: "Leovigilda es la hermana alta y delgada que simboliza la frustración, y Hermenegilda, la bajita y obesa, guarda la esencia del candor".
 
Gracias al disfraz del humor burlesco de corte juvenil, Vázquez logró esquivar la censura impuesta por la Dirección General de Prensa, al menos hasta 1955. Fue con la entrada en vigor de una nueva legislación del Ministerio de Información y Turismo sobre lo que se podía y no se podía decir en las publicaciones infantiles, cuando el autor tuvo que modificar ligeramente el contenido de sus historietas, abandonando la acritud en sus relaciones, para empezar a vivir situaciones que lindaban con un ingenioso surrealismo.
 
Los hijos del autor, Victoria y Manolo Vázquez, han ejercido como representantes de la familia en esta esperada reedición, que consideran que era “una asignatura pendiente con la obra de su padre”. Manolo remarca también la vigencia de sus historias, que como en productos de actualidad como Los Simpson, “admiten varias lecturas, los niños se ríen con sus ocurrencias exageradas, y los adultos pueden leer entre líneas cómo era la sociedad española de entonces.”
 
Vázquez fe uno de los autores más prolíficos del tebeo español de la posguerra, tanto Las Hermanas Gilda, como otra de sus creaciones de éxito, La Familia Cebolleta, constituyen uno de los mejores reflejos de la sociedad española de aquellos tiempos, donde el humor, el sarcasmo y la ironía, se convertía en una forma de vida para artistas y lectores que se enfrentaban a la dureza de los tiempos.
 
La edición de estos volúmenes significa, por un lado, el merecido tributo a aquellos dibujantes, la mayoría ya desaparecidos, que administraban su rebeldía contra el régimen dibujando “monigotes” y contando pequeñas historias cargadas de ese contenido velado que el ingenio producía. Pero por otro lado también es un regalo para el lector intergeneracional y para el enriquecimiento y la recuperación cultural de un medio que necesita mirar al pasado para encontrar su verdadera razón de ser.
 
 
 
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