Karzai y Zardari en la Casa Blanca

Pleitesí­a en Washington

Mientras tanto llega Mister Marshall con sus dólares de golosina, el Pentágono se dispone a exportar lo que mejor sabe: 20.000 nuevos soldados norteamericanos.

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07-05-2009
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Dos lí­deres débiles, frágiles, y no son de fiar. Pero de momento son todo lo que tiene Washington en la zona. Ali Zardari y Jamid Karzai han ido a Washington a rendir tributo, a que la superpotencia les presente sus planes para consolidar sus propios mandatos bajo la égida norteamericana. Se saben "hermanos siameses" -como dijo Karzai-, dos partes indivisibles de un mismo problema para Washington: `Afpak´ es hoy el principal reto al que se enfrenta el dominio nortamericano.
 El presidente de EEUU, Barack Obama, habla junto al mandatario de Pakistán, Asif Ali Zardari y su homólogo de Afganistán, Hamid Karzai. EFE
El presidente de EEUU, Barack Obama, habla junto al mandatario de Pakistán, Asif Ali Zardari y su homólogo de Afganistán, Hamid Karzai. EFE
Dos lí­deres débiles, frágiles, y no son de fiar. Pero de momento son todo lo que tiene Washington en la zona. Ali Zardari y Jamid Karzai han ido a Washington a rendir tributo, a que la superpotencia les presente sus planes para consolidar sus propios mandatos bajo la égida norteamericana. Se saben "hermanos siameses" -como dijo Karzai-, dos partes indivisibles de un mismo problema para Washington: `Afpak´ es hoy el principal reto al que se enfrenta el dominio nortamericano.
Hace tiempo que los estrategas del Pentágono han asentado la idea de que Afganistán y Pakistán son un binomio, una ecuación de dos incógnitas. Para escenificarlo los dos presidentes de Afpak han visitado a la Casa Blanca, para  que les expliquen de primera mano cómo combatir a un `enemigo común´, que actúa a los dos lados de la frontera: las milicias talibán, vinculadas a Al Qaeda. "La seguridad de Estados Unidos, Pakistán y Afganistán están vinculadas. Tenemos que trabajar juntos para derrotar a nuestro enemigo común", declaró Obama.
 
Pero la cumbre con los vasallos tuvo un carácter exclusivamente militar. Antes de reunirse con el presidente Obama, Zardari y Karzai mantuvieron una reunión con la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, con la que discutieron distintas iniciativas de carácter político y económico. Junto al el jefe militar norteamericano de la zona, general David Petraeus, estuvo también el secretario de Agricultura, Tom Vilsack, ya que la estrategia de EEUU para Afpak tiene un carácter integral y multilateral.
 
Según la Casa Blanca, el plan para Afganistán y Pakistán busca ante todo, ganarse el corazón de afganos y paquistaníes, mejorar las condiciones de vida de los pueblos de estos dos países, salvajemente golpeados no sólo por la guerra –que en Afganistán es una dolencia crónica- sino por la miseria, agravada por la crisis en el caso de Pakistán. Todos ellos coinciden en que la pobreza es el caldo de cultivo idóneo para los extremistas, pero ni una palabra del expolio imperialista, causa última de la miseria en el Tercer Mundo –del que Afpak no es una excepción-
 
Pero mientras tanto llega Mister Marshall con sus dólares de golosina, el Pentágono se dispone a exportar lo que mejor sabe. No sólo 20.000 nuevos soldados norteamericanos –más unas decenas de miles que aportará la OTAN-, sino la nueva estrategia de guerra y los nuevos poderes que permitirán al US Army perseguir a los insurgentes hasta sus refugios más allá de la frontera de Pakistán, donde hasta ahora no se los podía perseguir –formalmente, claro-.
 
Zardari, que antes de acudir a Washington ha hecho los deberes y ha lanzado al ejército paquistaní contra los talibanes en las regiones de Díner, Shagra, Dír y el valle del Swat, ha provocado un éxodo de 50.000 habitantes, que no huyen de los islamistas, sino de los bombardeos a brocha gorda de la artillería oficial contra sus poblados. Pakistán ya tiene su guerra.
 
Afganistán tampoco se queda atrás, y la nueva y carismática Casa Blanca se lamenta de que su aviación haga lo mismo que cuando Bush, que sus misiles no sean lo suficientemente inteligentes y que causen, como en Farah, un centenar de “victimas colaterales”, mujeres y niños incluídos. El presidente Obama, la secretaria de Estado Hillary Clinton, acompañados de Karzai y Zardari, han declarado, con gesto unánimemente compungido, que harán "todos los esfuerzos posibles para evitar bajas civiles" en la lucha contra los grupos extremistas.
 
Así que no se preocupen. Aunque este presidente haya cumplido con la tradición no escrita que marca que todo inquilino de la Casa Blanca que se precie debe de estar -al menos- en una guerra, ya verán cómo Barack Obama sabe darle otro tono distinto a la agresión imperialista. Al fín y al cabo, sacar a relucir la mejor cara del hegemonismo es su especialidad.
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