Literatura

Amsterdam

Ian McEwan elabora una sátira mordaz y corrosiva de las "élites" polí­tica, periodí­stica, artí­stica y empresarial británicas

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07-05-2009
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Tras el indudable éxito internacional de su novela "Expiación" (2001), llevada al cine hace unos años con una notable realización (que acabó compitiendo por los Oscars), Ian McEwan pasó a ocupar definitivamente un lugar central en el panorama literario internacional. Ya lo ocupaba desde hacia muchos años en Gran Bretaña, donde irrumpió en 1975 con un libro de relatos ("Primer amor, últimos ritos") y donde ya se habí­a grangeado el favor del público con novelas como "Amsterdam" (1998), galardonada con el Premio Booker, el más prestigioso de las letras inglesas.
 Amsterdam
Tras el indudable éxito internacional de su novela "Expiación" (2001), llevada al cine hace unos años con una notable realización (que acabó compitiendo por los Oscars), Ian McEwan pasó a ocupar definitivamente un lugar central en el panorama literario internacional. Ya lo ocupaba desde hacia muchos años en Gran Bretaña, donde irrumpió en 1975 con un libro de relatos ("Primer amor, últimos ritos") y donde ya se habí­a grangeado el favor del público con novelas como "Amsterdam" (1998), galardonada con el Premio Booker, el más prestigioso de las letras inglesas.
“Amsterdam” (la séptima de las diez novelas que lleva publicadas hasta hoy el escritor británico, nacido en 1948) es una sátira mordaz de los sectores más prominentes de la sociedad británica: empezando por la clase política, siguiendo por la periodística, continuando por los artistas y acabando por los empresarios. McEwan no deja títere con cabeza.

La novela comienza con el entierro de Molly Lane, una mujer libre y seductora, que a sus 46 años ha fallecido víctima de una súbita y demoledora enfermedad. En el cementerio se reencuentran los cuatro hombres que han sido algo en su vida: Clive Linley, un compositor famoso; Vernon Hallidey, periodista y director de uno de los grandes diarios del país; George Lane, su poderoso y multimillonario esposo, y Julian Garmony, un notorio político de derechas, actual ministro de Asuntos Exteriores y aspirante a primer ministro.

Clive y Vernon (que juegan el papel de verdaderos protagonistas de la novela) son amigos desde los lejanos y felices años sesenta y ambos fueron amantes de Molly en algún momento de aquellos “viejos y gloriosos tiempos”. George, el marido, llegó mucho más tarde a la vida de esta fascinante mujer, y está celoso de no haberla podido poseer nunca del todo, excepto en ese último tramo final de su vida, ya enferma, en que se convirtió en su guardián y carcelero. En cuanto a Garmony, representante de la derecha más pura y dura y, por tanto, de todo lo que Clive, Vernon y la propia Molly odiaron durante toda su vida, es una incógnita en qué podía cimentarse su relación con aquella mujer tan opuesta a todo lo que él representa. Ni el músico ni el periodista pueden llegar a explicarse qué extraña relación les unía, hasta que, a los pocos días del entierro, George le ofrece a Vernon unas “expectaculares” fotos del futuro primer ministro vestido con unas excitantes ropas de mujer. Fotos tomadas precisamente por Molly y que van a ser el detonante de un cúmulo de situaciones que van a ir “poniendo a prueba” a cada uno de los personajes hasta dejarlos literalmente “desnudos” ante el lector. Vamos a ver su verdadera catadura moral, la fibra real de la que están hechos, el abismo existente entre lo que creen ser y lo que realmente son, su perfecta inanidad.

Con una ironía arrasadora, un humor a veces desternellinante y grandes dosis de negrura, McEwan elabora un cuadro verdaderamente corrosivo de las élites británicas a finales de los noventa, unas élites de impostores, cobardes, oportunistas y gañanes, a los que importa más destruir al otro que hacer algo valioso, y para los que el medro personal está por encima de todo y todo debe subordinarse a ello. Unas élites en cuyas manos un país, por muy brillante que haya sido su pasado, sólo puede ir a un sitio: el desastre.
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