Selección de prensa nacional

La Revolución (de los López)

Ibarretxe fue ayer a matar a Patxi López, pero disparó tanto, tan frenéticamente y con tanta saña que consiguió blindarlo con sus propias balas.

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06-05-2009
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No todos los dí­as se sienta un negro en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Ni tampoco todos los dí­as un López toma posesión como lendakari de los vascos. La atención de la prensa nacional no podí­a por ello centrarse hoy en otra cosa que en la sesión de investidura del parlamento vasco.
 La Revolución (de los López)
No todos los dí­as se sienta un negro en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Ni tampoco todos los dí­as un López toma posesión como lendakari de los vascos. La atención de la prensa nacional no podí­a por ello centrarse hoy en otra cosa que en la sesión de investidura del parlamento vasco.
Coincidencia casi unánime en todos los medios. Se abre un nuevo tiempo en Euskadi. Frente a las dudas y vacilaciones iniciales, parece que el acuerdo, de alcance estratégico, entre PP y PSOE –con el apoyo externo de UPyD– está firmemente atado y ahora todo depende de la consecuencia de Patxi López y los socialistas vascos en empezar a llevar adelante lo que constituye la tarea política más importante de su gobierno: el desmantelamiento del régimen clientelar del PNV.
 
También unanimidad casi total –excepto, curiosamente, en el bilbaíno El Correo– en calificar el discurso de Ibarretxe como impropio, plagado de acusaciones, rencor, mentiras y subversiones de la realidad. Y cuya importancia política no debería desdeñarse. No tanto por el personaje en sí, sino por cuanto representa al ala más radicalmente nazifascista ferozmente enquistada en la dirección del PNV desde hace más de una década y que, pese a la derrota y el retiro político de Ibarretxe (que sigue el camino de su mentor Arzallus al verse obligado también él a encerrarse en el armario) va a seguir intentando por todos los medios dirigir la política del PNV también en la oposición.
 
 
Editorial. El Correo
UN NUEVO TIEMPO
 
Patxi López fue designado ayer lehendakari gracias a los votos de los parlamentarios socialistas, de los del PP del País Vasco y del único representante de UPD. Los 39 escaños que secundaron su elección representan un respaldo más que sólido a la hora de iniciar esta nueva legislatura, con la garantía dada por Antonio Basagoiti de que su formación asegurará la estabilidad. Pero tanto por las expectativas suscitadas en torno a la idea del cambio, como por los problemas de división que han venido aquejando a la vida pública vasca, el desafío al que se enfrentan el nuevo Gobierno y la mayoría que le dio ayer su apoyo es el de inaugurar un nuevo tiempo. Un reto que los socialistas no podrán afrontar sin el concurso de los populares, en un empeño al que el Ejecutivo de Patxi López deberá sumar cuantas voluntades políticas y sociales coincidan en todo o en parte con sus intenciones.
 
El lehendakari López presentó ayer ante la Cámara vasca las credenciales de un dirigente político dispuesto a conducir al país por la senda de la libertad y la concordia. Nadie más autorizado que él y que quienes le votaron para liderar la lucha unitaria contra ETA y acortar al máximo la vida que le quede a la trama terrorista. Es preciso remarcar que, como ayer señaló el propio López, el Gobierno ha sido «expresamente amenazado antes de empezar su andadura». Por lo que, preservando un espacio común para el combate contra el terrorismo, todas las fuerzas democráticas de Euskadi han de defender a ultranza la legitimidad de las instituciones representativas, incluido por supuesto el Ejecutivo cuyo presidente fue designado ayer.
 
En ese sentido, ningún grupo de la oposición, tampoco el PNV, debe sentirse obligado a modular sus posibles críticas al Gobierno porque éste se encuentre bajo amenaza. Pero sí hay una línea que ninguna formación democrática debería traspasar: la de la deslegitimación expresa o encubierta de un Ejecutivo que emana del marco legal en el que se incardinan las instituciones de la democracia.
 
Patxi López quiso exponer ayer las líneas generales que orientarán la acción de su Gobierno, partiendo del acuerdo suscrito por el PSE-EE con el Partido Popular. Junto al objetivo de extender y afianzar los espacios de libertad en el País Vasco, el nuevo lehendakari asumió como compromiso prioritario la doble tarea de minimizar los efectos de la crisis sobre el tejido productivo vasco y sobre la sociedad para prepararse de cara a la reactivación económica. Tanto los propósitos generales que presentó como las medidas de urgencia que anunció López conforman un programa suficientemente ambicioso como para recabar la colaboración directa de las demás instituciones vascas. Un compromiso al que no podrían sustraerse sin perjudicar los intereses de los ciudadanos.
 
La continuidad del PNV al frente de las diputaciones y de numerosos ayuntamientos hace que el diálogo ofrecido por el líder socialista constituya una necesidad común frente a la crisis. Necesidad que debería conllevar un diálogo franco y constructivo respecto a las líneas de actuación más idóneas, dilucidando especialmente qué nivel de déficit público pueden asumir las distintas administraciones de Euskadi como cuestión nuclear de las políticas anticrisis.
 
La presencia de Mariano Rajoy y de José Blanco en el Parlamento de Vitoria fue ayer una elocuente muestra del respaldo con el que el PP y el PSOE quieren preservar la coincidencia entre ambas formaciones en Euskadi como excepción respecto al implacable pulso que mantienen en el resto de la política española. Pero junto a esto es indudable que tanto el nuevo Gobierno como el País Vasco han de ser objeto de una atención especial por parte del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. No se trata de que ni la comunidad autónoma ni su presidente reclamen del Gobierno central un trato de privilegio. Pero la apertura de un tiempo nuevo en la política vasca se haría harto difícil si el Ejecutivo central no se compromete en ese mismo empeño facilitando el cumplimiento de los objetivos que Patxi López trazó ayer en materia de desarrollo autonómico y atendiendo específicamente a las necesidades que Euskadi presenta en cuanto al desarrollo de proyectos estratégicos y de infraestructuras.
 
La intervención del nuevo lehendakari destacó ayer por la moderación con la que se refirió a los problemas que aquejan al país, a las diferencias que persisten en la política vasca y a sus propios planes de cambio. Sus palabras no dan pie ni a las acusaciones de frentismo vertidas por Ibarretxe -en una actuación propia de mal perdedor que culminó con una despedida que podía haber anunciado en otro momento- ni a los recelos que el nuevo Ejecutivo parece despertar en sectores que se muestran temerosos de una acción gubernamental convulsa. Frente al parecer del lehendakari saliente, las relaciones políticas en Euskadi no precisan de modales exquisitos que edulcoren el enfrentamiento más despiadado. Las relaciones políticas en Euskadi requieren de actitudes de fondo proclives al entendimiento y a la moderación.
EL CORREO. 6-5-2009
 
 
 
 
 
 
Opinión. El Mundo
LA REVOLUCIÓN
Victoria Prego
 
Buscaba destrozarle pero le hizo el mejor servicio de su historia política. Ibarretxe fue ayer a matar a Patxi López, pero disparó tanto, tan frenéticamente y con tanta saña que consiguió blindarlo con sus propias balas. Y no sólo eso: acabó elevándolo a la altura de los políticos sólidos, de ésos que tienen visión de Estado, modales de líder y acreditadas convicciones democráticas (...)
 
Fue traumático para quienes escuchábamos las palabras de un todavía lehendakari lanzado como un kamikaze a deslegitimar a su sucesor y a denunciar como conceptos vergonzosos cosas tales como los pactos de Estado, la defensa de los intereses de España y el cumplimiento de la Constitución. Así lo dijo, vehemente y desatado, con pleno convencimiento de lo que estaba afirmando, en una de las intervenciones más incendiarias de cuantas se han escuchado en un parlamento en la historia de la democracia española. Alguien le respondió después que ni el más radical de los batasunos habría puesto una pega a sus palabras. Tenía razón.
 
(...) Ibarretxe se despidió del poder por la mañana, cuando puso punto final a su primera intervención. Después de haber tratado los pactos de Estado como si fueran acuerdos entre bandoleros para asaltar a los incautos; después de referirse a la «defensa de los intereses de España» como a oscuras conveniencias de individuos desaprensivos; después de haber exhibido como mérito supremo que el País Vasco sea el único lugar de España donde aún se mantiene una resistencia efectiva y real al cumplimiento de la Constitución, y después de haber clamado una y otra vez por la presencia en la cámara de quienes apoyan a los asesinos porque su ausencia, dijo, mutila al Parlamento, era impensable que el señor Ibarretxe hiciera otra cosa que recoger los bártulos y abandonar su escaño para siempre. El guión lo estaba pidiendo a gritos y no defraudó.
 
Pero todo esto tuvo su compensación porque el discurso del líder peneuvista permitió, por contraste, iluminar mejor la magnífica intervención de un Patxi López que desgranó con un sosiego que tuvo mucho de mensaje político -el de la seguridad que proporciona la normalidad democrática- todos los principios y los valores que en un país libre forman parte de la rutina de lo básico pero que en el País Vasco adquieren toda la fuerza de un levantamiento. Ayer en Vitoria estalló la Revolución de la Normalidad (...)
 
Pero la dimensión histórica de lo vivido ayer no puede ocultar la preocupación por el futuro. Porque el nuevo gobierno tiene por delante un dificilísimo camino lleno de trampas y nadie sabe si las va a saber -o poder, o querer- sortear. De momento, los portavoces peneuvistas apuntaron ayer la primera de sus estrategias: hacer foco en el Partido Popular, encajarle sobre la marcha el mismo sayón de apestado político que hasta hace meses -ahora ya no tanto, pero todavía un poco- se le endilgó en Cataluña, y denunciar a continuación todo movimiento del nuevo gobierno que, en opinión del nacionalismo, permita decir que los socialistas ceden ante los populares. Buscarán empujar al PSE hacia el PP en cuestiones sensibles como la lengua, la identidad o los derechos históricos, controlando simultáneamente la radiación contaminante que el PP emite. Si el PSE se acercara demasiado al apestado, acusarán al gobierno de traicionar las esencias y la identidad de la patria. Pero si, para evitar presiones de la comunidad nacionalista, el gobierno se alejara demasiado de los populares, podría perder su apoyo y quedarse solo. Una ecuación diabólica que, sin embargo, ha merecido la pena poder siquiera enunciar.
EL MUNDO. 6-5-2009
 
 
 
 
 
 
 
Editorial. El País
LA DEMOCRACIA ES ESTO
 
La sesión de investidura de un lehendakari socialista, tras tres décadas de Gobiernos presididos por candidatos del PNV, transcurrió ayer con plena normalidad democrática: de acuerdo con los procedimientos establecidos y con respeto a las reglas del sistema parlamentario. Una jornada que fue histórica en un sentido no banal del término, fue también excepcional por esa normalidad. Sólo es de lamentar que el lehendakari saliente, Ibarretxe, no estuviera a la altura de su significación institucional en el que, según reveló luego, sería su último discurso antes de su retirada.
 
Su empeño en presentar su candidatura tuvo, sin embargo, la virtud de escenificar las razones por las que deberá desalojar Ajuria Enea: gobernará Patxi López porque el partido más votado, el PNV, fracasó en su intento de conformar una mayoría; mientras que el candidato socialista sí lo consiguió. Legitimado por esa mayoría, Patxi López hizo un discurso tranquilo basado en unas ideas sencillas y hasta obvias, pero que sonaron a agua fresca en comparación con la estancada del reiterativo discurso de Ibarretxe. Iniciativas que unan y no que dividan, mano tendida, especialmente al PNV, diálogo social, reconocimiento del otro sin asimilacionismos, pluralidad, gobernar para todos... Y tres prioridades: deslegitimar al terrorismo para acabar con ETA; crisis y empleo; igualdad de derechos de los ciudadanos (...)
 
Quien ha sido lehendakari desde 1999 presentó un relato en clave conspiratoria del proceso por el que ha dejado de serlo: los españolistas habrían utilizado la Ley de Partidos para intentar sacarle a él de Ajuria Enea: en 2005, dejando participar a EHAK para evitar que el tripartito más Aralar sumaran mayoría absoluta; y en 2009, evitando que participara, para que sí la alcanzaran PSE y PP. Con lo que, se haga una cosa o la contraria, siempre será por un interés político. Cuando lo que tuvo una motivación más claramente política fue mantener en la legalidad hasta 2003 a HB, pese a las evidencias de su dependencia de ETA, con la esperanza de que ello permitiera repetir un proceso de disolución como el de ETA (p-m) por influencia de Euskadiko Ezkerra.
 
Según Ibarretxe, la frase de Zapatero de que el acuerdo PSE-PP responde al "interés general de España" significa la "anulación de nuestra propia identidad nacional". Contraposición sumarísima que prescinde de la amplia mayoría, más del 60%, según cientos de encuestas, que considera compatible su identidad vasca y española. Tampoco fue afortunada la identificación que hizo de la mayoría que suman PSE y PP como "votos para destruir", con el argumento de que "no están de acuerdo en nada". ¿Acaso es menor la distancia entre el PP y el PNV, lo que no impidió al segundo ofrecer un pacto al primero para seguir gobernando?
 
La insistencia de Ibarretxe en contraponer a la mayoría parlamentaria una "mayoría sociológica abertzale" da por supuesta una homogeneidad inexistente. Pues es muy posible que muchos votantes del PNV se consideren más próximos del PSE (o del PP) que de Batasuna. Ahí reside una de las causas de la retirada anunciada ayer por Ibarretxe: condujo a su partido a tres victorias electorales pero también a un callejón sin salida: porque, en contra de lo que le dice Otegi, en Euskadi no hay una mayoría soberanista.
EL PAÍS. 6-5-2009
 
 
 
Editorial. ABC
LÓPEZ, NO NACIONALISTA Y LENDAKARI
 
CON el telón de fondo del previsible adiós político de Juan José Ibarretxe, el discurso de investidura del nuevo lendakari marcó ayer las directrices de su gobierno y, si se cumplen lealmente, darán lugar a una transformación radical del País Vasco (...)
 
El lendakari López pronunció el discurso que muchos vascos querían oír como advenimiento de una nueva etapa y por el que tantas víctimas perdieron su vida a manos de ETA. PP y PSE ofrecieron ayer al unísono una alternativa moral a una sociedad alienada por la imposición nacionalista y por el terror de la violencia. Ahora también los vascos tienen la responsabilidad de demostrar que la indiferencia ante ETA, la insolidaridad con las víctimas y el silencio cómplice son cosa del pasado.
 
López hizo un discurso en sí mismo histórico, pero que debe ser plasmado en acciones políticas concretas. En todo caso, Patxi López demostró lealtad con los compromisos adquiridos con el PP, a quien agradeció el acuerdo de investidura, e inauguró su mandato con una declaración de principios inéditos en la Cámara vasca. Se habló de España sin resentimiento; no hubo mención alguna al «conflicto con el Estado»; de ETA sólo se dijo que es una banda de asesinos y que la paz no tendrá precio político; se proclamó la libertad y los derechos de los vascos como prioridad frente a la violencia y la exclusión identitaria; y defendió la Constitución y el Estatuto de Guernica como únicas fuentes de legitimación del autogobierno (...) Lo importante es que nunca antes un lendakari, desde 1981, había situado al País Vasco ante un futuro tan esperanzador y digno. La democracia española será desde hoy distinta si sus instituciones vascas realmente se ponen al servicio de la derrota de ETA, el honor de las víctimas y la convivencia entre vascos. La alianza entre PP y PSE ha de superar cualquier adversidad mientras estos objetivos -verdadera transición constitucional en el País Vasco- sean la prioridad del nuevo Gobierno.
 
Era lógico que el candidato del PNV, Juan José Ibarretxe, no entendiera nada de lo que dijo el lendakari López, porque el lenguaje y la ética nacionalistas llevan décadas adaptado a la ambigüedad moral y el aprovechamiento del terrorismo, a la deslealtad con el Estado. Pero ya importa poco lo que diga Ibarretxe en su adiós a la vida política, porque el lendakari se llama López y no es nacionalista
ABC. 6-5-2009
 
 
 
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