La diplomacia francesa expone sus exigencias al canciller israelí­

El Tourmalet de Lieberman

El jefe de la diplomacia israelí­ vení­a a recabar apoyos contra Irán, pero Kouchner prefirió hablar del lema del que Lieberman y Netanyahu están hasta la coronilla: dos Estados para dos pueblos.

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06-05-2009
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Lieberman se ha largado hastiado de Parí­s. No sólo por haber sido recibido con carteles que rezaban "Fascista" o "sionista racista, nos acordamos de los 415 niños muertos en Gaza", sino por que la diplomacia francesa le ha cantado las cuarenta. El ministro de exteriores de Israel vení­a a hablar con Francia de la amenaza nuclear de Irán, pero le han cambiado el guión, y sólo han querido discutir de Palestina. El responsable francés de Exteriores, Bernard Kouchner, le recordó lo que Parí­s -y Washington- esperan de Tel Aviv: que acepte de una vez la solución de los dos Estados. Y Sarkozy ni siquiera se dignó a reunirse con un personaje visto por las cancillerí­as occidentales como la nueva bestia negra del proceso de Paz. Lieberman se ha largado hastiado de Parí­s. No sólo por haber sido recibido con carteles que rezaban "Fascista" o "sionista racista, nos acordamos de los 415 niños muertos en Gaza", sino por que la diplomacia francesa le ha cantado las cuarenta. El ministro de exteriores de Israel vení­a a hablar con Francia de la amenaza nuclear de Irán, pero le han cambiado el guión, y sólo han querido discutir de Palestina. El responsable francés de Exteriores, Bernard Kouchner, le recordó lo que Parí­s -y Washington- esperan de Tel Aviv: que acepte de una vez la solución de los dos Estados. Y Sarkozy ni siquiera se dignó a reunirse con un personaje visto por las cancillerí­as occidentales como la nueva bestia negra del proceso de Paz.
El día anterior, el ministro y líder del partido ultraderechista Israel Beitenu había declarado en Roma que Palestina era “un eslogan pomposo”. Pero en París se tuvo que tomar dos tazas. El jefe de la diplomacia israelí venía a recabar apoyos contra Irán, pero Kouchner prefirió hablar del lema del que Lieberman y Netanyahu están hasta la coronilla: dos Estados para dos pueblos. “Francia tiene muchas esperanzas en lo que se refiere a la creación de un Estado palestino viable coexistente en paz y en seguridad con Israel antes de fin de año”, le dijo el jefe de la diplomacia francesa al canciller de Tel Aviv.
 
Pero no se quedó ahí la cosa. Kouchner se metió justo donde duele: los asentamientos judíos en Cisjordania, algo que ha sido bandera del líder ultranacionalista durante la campaña electoral y que Occidente y los palestinos denuncian como una bomba de relojería, no sólo por su presencia, sino por su permanente ampliación, avalada y potenciada por el nuevo ejecutivo Netanyahu. “Francia demanda la completa detención de la construcción de asentamientos judíos en los territorios palestinos, aun de aquellos ligados al crecimiento natural de la población”, le dijo el francés, que además le aseguró que Francia estaba preocupada por que Tel Aviv barajara una “solución militar” para Gaza. Kouchner además le pidió que buscara un plan de paz con Siria –otro enemigo jurado de los sionistas- como parte de un plan más amplio para la región.
 
Después de la reunión entre los responsables de Exteriores, el máximo diplomático de Israel tenía pensado reunirse con el Presidente de la República Francesa, pero en lugar de Sarkozy, se encontró con un segundo plato: el jefe de gabinete del Eliseo, Claude Guéant. El agravio era evidente, pero Lieberman no tuvo otra, y tuvo que soportar otra perorata. Al acabar el encuentro, las declaraciones de Guéant lo decían todo: “Sería deseable que al menos Lieberman se uniera a las decisiones que han sido tomadas por la comunidad internacional, es lo menos que puede hacer. Todo lo logrado hasta ahora con tanto esfuerzo en el proceso de paz no puede convertirse en papel mojado”.
 
Seguro que en Washington habrán seguido con interés –y con satisfacción- lo mucho que le ha costado el `tour de Francia´ a Lieberman.
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