China se convierte en el principal socio comercial de Brasil

China a la ofensiva en Latinoamérica

En los cuatro primeros meses de 2009, la corriente comercial Brasil-China creció además 14 por ciento, mientras que los negocios con el mercado estadounidense cayeron 20,5 por ciento.

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05-05-2009
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China se convirtió a partir de abril en el principal socio comercial de Brasil, dejando en segundo lugar a Estados Unidos, según datos de la balanza comercial brasileña divulgados el dí­a 4 por el ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior del paí­s sudamericano.
 China parece dispuesta a aprovechar la circunstancia para asentar su peso relativo dentro de las relaciones económicas globales y fortalecer así­ su liderazgo geopolí­tico.(EFE)
China parece dispuesta a aprovechar la circunstancia para asentar su peso relativo dentro de las relaciones económicas globales y fortalecer así­ su liderazgo geopolí­tico.(EFE)
China se convirtió a partir de abril en el principal socio comercial de Brasil, dejando en segundo lugar a Estados Unidos, según datos de la balanza comercial brasileña divulgados el dí­a 4 por el ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior del paí­s sudamericano.
Según Brezynsky a largo plazo la polí­tica global está condenada a hacerse cada vez menos propicia a la concentración de un poder hegemónico en las manos de un solo Estado. Por lo tanto, Estados Unidos no sólo es la primera superpotencia global, muy probablemente será la última.

La razón se debe a la evolución de la economí­a. El poder económico también corre peligro de dispersarse. En los próximos años ningún paí­s será susceptible de alcanzar aproximadamente el 30% del PIB mundial, cifra que Estados Unidos ha mantenido durante la mayor parte del siglo XX, por no hablar de la barrera del 50% que alcanzó en 1945.

Según cálculos escritos por Brezynsky en 1997, Estados Unidos todaví­a podrí­a detentar el 20% del PIB mundial a finales de esta década para caer a un 10-15% de aquí­ a 2020, mientras que las cifras de otras potencias (Europa, China, Japón) aumentarí­an para igualar de forma aproximada el nivel de Estados Unidos. Una vez que se haya iniciado el declive del liderazgo estadounidense, ningún Estado aislado podrá asegurar la supremací­a de la que goza hoy Estados Unidos.

La suma de exportaciones e importaciones de Brasil para el paí­s asiático alcanzó a 3.200 millones de dólares en abril, encima de los 2.800 mdd en el intercambio con EEUU.

En los cuatro primeros meses de 2009, la corriente comercial Brasil-China creció además 14 por ciento, mientras que los negocios con el mercado estadounidense cayeron 20,5 por ciento.

El secretario de Comercio Exterior, Welber Barral, resaltó al presentar los datos que el cambio es "histórico", teniendo en cuenta que los EEUU eran el principal socio comercial de Brasil desde la década de 1930.

Según las cifras divulgadas en Brasilia, China es el principal destino de las exportaciones brasileñas, respondiendo en abril por 13 por ciento de las ventas del paí­s al exterior, frente a 11,3 por ciento de las ventas a EEUU. Entre enero y abril hubo un crecimiento de 65 por ciento en las ventas a China y una caí­da de 35 por ciento a los Estados Unidos.

China parece dispuesta a aprovechar la circunstancia para asentar su peso relativo dentro de las relaciones económicas globales y fortalecer así­ su liderazgo geopolí­tico. Con un superávit comercial que llega al 12 por ciento del PIB y un importante flujo de capital neto privado, China puede permitirse hoy la liberalidad de irrigar los canales sedientos de capital de muchos paí­ses.

Hace unas semanas renovó su respaldo a un fondo para el desarrollo en Venezuela con 6.000 millones de dólares, adicionales a 6.000 provistos con anterioridad. Ecuador recibió 1.000 millones para un proyecto hidroeléctrico. Con Brasil se han celebrado compromisos por 10.000 millones. A Argentina se le otorgó una lí­nea especial de crédito de 10.000 que le permitirá hacer el pago de importaciones diversas.

En África la situación es similar. El intercambio con este continente creció de 10.600 millones de dólares en el 2000 a 73.000 en 2007. China es ahora el tercer socio comercial de África, sobrepasado únicamente por EE.UU. y la U.E. El total de inversión extranjera directa creció de 49 millones de dólares en 1990 a 30.000 millones en 2008. Las cifras pueden resultar pequeñas -cada vez lo son menos- pero no los ritmos de crecimiento en los distintos renglones.

América Latina y África -los ejemplos se repiten en Europa del Este y otros paí­ses asiáticos- dejan en claro dos hechos: China se consolida como presencia económica autónoma en todas las regiones geográficas y su moneda empieza a convertirse en medio alternativo de reserva global.

Ni lí­neas de crédito ni programas de ayuda chinos están sujetos, por ejemplo, a condiciones de gobernabilidad. Son acuerdos de beneficio mutuo que apuntalan en el fondo una presencia geopolí­tica que el paí­s asiático debe garantizarse: recursos fí­sicos de los cuales carece y le permite a los paí­ses que los reciben obtener fondos garantizando su independencia.

"Si observamos las conquistas, particularmente en América Latina, que está haciendo Irán, que está haciendo China, son bastante preocupantes", dijo Hillary Clinton ante diplomáticos y otros funcionarios del departamento de Estado.

La inminencia del gran salto fue revelada por Global Insight, una consultora económica de Estados Unidos. Según las estimaciones, en 2009 China participará con el 17% de la producción manufacturera mundial de valor agregado (por un valor de 11,783 billones de dólares), mientras que la nación norteamericana lo hará con el 16%. Esto sugiere que brezynsky no contaba con la crisis que se avecinaba, que ha acelerado el proceso de decrecimiento de la producción en EE UU y el gran avance de la economí­a china convirtiéndose no solo en el mayor productor mundial, sino el principal acreedor de EE UU.

La noticia, publicada por el Wall Street Journal, resulta muy significativa, la revolución en los equilibrios de poder que se están produciendo en el mundo y la aceleración que le ha dado el estallido de las crisis. En pocas palabras, Wall Street, el corazón del capitalismo financiero mundial, reconoce en China -y no en EEUU- la nueva locomotora de la economí­a mundial.

China tiene los medios necesarios para aplicar medidas de estí­mulo económico: cuenta con dos billones de dólares en reservas de divisas; un presupuesto equilibrado, y un bajo endeudamiento. Se podrí­a deducir que China pueda tomar en consideración o ya lo estarí­a haciendo apoyar caminos alternativos al dominio del dólar en los mercados internacionales.

El camino para ello no es expedito. Porque el sistema monetario con el dólar norteamericano como protagonista es un poderoso pilar que apunta hoy los grandes déficits comercial y financiero de EEUU.

Es la última defensa de EEUU frente al impacto de la actual crisis financiera. Si el capital monetario internacional encuentra un puerto más seguro en otros lugares, su salida provocará una parálisis del mercado norteamericano, reeditando la tragedia de la gran depresión del siglo pasado. Por lo tanto, para asegurar que el capital internacional no salga en gran cantidad del paí­s, el Gobierno norteamericano prefiere aceptar un estado del dólar desfavorable para la recuperación básica de su economí­a.

Es muy posible que en 2012 la inversión de China en el exterior supere a la que reciba. El factor principal que estimulará la salida china de capitales, será la continua búsqueda de tecnologí­a, materias primas y energí­a, una búsqueda liderada por empresas estatales.
Nunca la economí­a mundial habí­a dependido de economí­as en desarrollo. El modelo consistí­a en que los paí­ses ricos eran siempre las locomotoras económicas globales.

China es ya lo que Estados Unidos siempre proclamó ser, un actor indispensable en la polí­tica y la economí­a mundial: "Lo que está emergiendo es la perspectiva de que está llegando a su fin el orden global controlado por el G-8, se abre una nueva etapa en el equilibrio de poder mundial y China esta pasando a la ofensiva.

Pekí­n aun continuando su polí­tica de desarrollo pacifico ha pasado a la ofensiva, cuestionando el poder del hegemonismo mundial norteamericano. EEUU se enfrenta a una crisis general del capitalismo y un declive acelerado de su hegemoní­a que hacen necesario apagar los distintos focos de inestabilidad en el mundo.

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