La ampliación de la UE en entredicho

Se "congela" la ampliación de la UE

Las discusiones de adhesión a la Unión Europea (UE) están en punto muerto cinco años después del ingreso de diez paí­ses del Este, debido a la crisis económica y constitucional que enfrí­a el entusiasmo por otra ampliación, pese a

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05-05-2009
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Según el último Eurobarómetro, que certifica que no llegan a la mitad, sólo el 48%, los europeos que ven aspectos positivos en la ampliación, frente a un tercio (36%) de euroexcépticos, incluidas sólidas mayorí­as de rechazo en paí­ses tan influyentes como Francia y Alemania. El imprescindible proceso de actualización estructural debe pasar aún por los sí­es al Tratado de Lisboa del Senado checo, esta semana, y de la opinión pública irlandesa, quizá en octubre.
 El gobierno Alemán opta por no dedicarse a aventuras dado que auque ha tenido que salir al rescate de alguno de sus bancos, es la economí­a menos endeudada de Europa y los efectos adversos que sufre son debido a la bajada de las exportaciones no a contradicciones estructurales en su economí­a.(EFE)
El gobierno Alemán opta por no dedicarse a aventuras dado que auque ha tenido que salir al rescate de alguno de sus bancos, es la economí­a menos endeudada de Europa y los efectos adversos que sufre son debido a la bajada de las exportaciones no a contradicciones estructurales en su economí­a.(EFE)
Según el último Eurobarómetro, que certifica que no llegan a la mitad, sólo el 48%, los europeos que ven aspectos positivos en la ampliación, frente a un tercio (36%) de euroexcépticos, incluidas sólidas mayorí­as de rechazo en paí­ses tan influyentes como Francia y Alemania. El imprescindible proceso de actualización estructural debe pasar aún por los sí­es al Tratado de Lisboa del Senado checo, esta semana, y de la opinión pública irlandesa, quizá en octubre.
Las discusiones de adhesión a la Unión Europea (UE) están en punto muerto cinco años después del ingreso de diez paí­ses del Este, debido a la crisis económica y constitucional que enfrí­a el entusiasmo por otra ampliación, pese a que Turquí­a y los Balcanes golpean a su puerta.

El 1 de mayo de 2004, los lí­deres europeos celebraban con pompa el ingreso de diez nuevos miembros -Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungrí­a, Eslovenia, Chipre y Malta-, medio siglo después de que la Segunda Guerra Mundial dividiera en dos el Viejo Continente. Bulgaria y Rumania se adhirieron el 1 de enero de 2007, completando la Unión Europea de hoy en dí­a, de 27 Estados miembros.

La Unión, vista desde fuera como un sólido refugio ante todas las tempestades, sigue atrayendo candidatos. Albania acaba de presentar su solicitud de ingreso, con lo que se suma a otros paí­ses balcánicos en la sala de espera (Bosnia, Macedonia, Montenegro y Serbia). Es imposible de predecir año de ingreso. Sólo Croacia -inmersa en un proceso que está tropezando en la recta final con las exigencias eslovenas de una muy difí­cil salida a aguas internacionales- e Islandia, si es que llega a confirmar su interés por entrar en el club, tienen un camino relativamente expedito que, en el mejor de los casos, podrí­a no concretarse hasta 2012 o 2013. Turquí­a también negocia su ingreso en la UE.

Los antiguos Quince no están ahora para dispendios y los 12 nuevos se sostienen a duras penas. En los años pasados, entre 2004 y 2008, la adhesión ofreció un 1,75% adicional de crecimiento a los paí­ses de la ampliación, que vieron aumentar su producto interior bruto una media anual del 5,6% (con picos de entre el 7% y el 10% en Eslovaquia y los paí­ses bálticos) frente al 2,2% de los Quince. Eso se ha acabado por tiempo indefinido, si bien la UE acudió con 6.500 millones de euros en socorro de Hungrí­a y otros cuatros paí­ses (Eslovenia, Eslovaquia, Chipre y Malta) encontraron cobijo en el euro.

El clima de emergencia económica se ha impuesto por encima de cualquier otra consideración y quienes eran más renuentes a la hora de incrementar el gasto público para hacer que vuelva el crecimiento económico (Angela Merkel) han terminado por acometer planes ingentes de gasto, y quienes desafiaron a la opinión pública negándose a rescatar a sus bancos con dinero público (Banco de Inglaterra) han tenido que terminar por nacionalizar parcialmente su sistema financiero.

Mientras la poderosa Alemania tení­a el privilegio dudoso de ser el domicilio de los primeros bancos quebrados en esta crisis o la financiera Inglaterra el dudoso honor de haber vivido el único pánico desde la Gran Depresión, ni Benelux, ni Francia ni Italia se han salvado. Ni se esta salvando España, por la magnitud de su problema inmobiliario.

El gobierno Alemán opta por no dedicarse a aventuras dado que auque ha tenido que salir al rescate de alguno de sus bancos, es la economí­a menos endeudada de Europa y los efectos adversos que sufre son debido a la bajada de las exportaciones no a contradicciones estructurales en su economí­a.

La competencia cada vez más despiadada entre las burguesí­as monopolistas, y la tendencia "al repliegue nacional, de el capital" esta llevando a que en el seno de la UE -que hace unos años parecí­a caminar de la mano del Europa de los Pueblos" y de la Constitución Europea bajo la égida franco-alemana- a fuertes tendencias centrí­fugas y disgregadoras.

Entre el derrumbe del rublo ruso, el zloty polaco y todas las otras monedas que sueñan con convertirse alguna vez en euros, es precisamente el euro el que está en capilla, estructuralmente aquejado por la incapacidad de los Estados para poner en marcha un plan de rescate común y por los diferentes ritmos y caracterí­sticas de las crisis en sus diversas economí­as.

De repente, las deudas públicas de los estados de la UE se han empezado a cotizar de la forma más disparatada, a pesar de que se negocia en la misma moneda y de contar con un Banco Central que deberí­a operar como garante en última instancia. La insinuación de que Irlanda, un paí­s del área euro, pedirí­a el socorro del FMI cayó como una bomba nuclear en Bruselas, porque equivalí­a a admitir que el Banco Central Europeo estaba listo para ser colgado en el museo del Louvre.

Alemania y Francia ante la ampliación tendrí­an que aportar ingentes cantidades de recursos a los fondos de cohesión, aparte de lo que ya están gastando en los planes de rescate. Eso les llevarí­a a un nivel de endeudamiento, en el que peligrarí­a hasta el mismo Euro. Pero por otra parte si no va al rescate del este y de los Balcanes, el estallido de estas economí­as pondrí­a en peligro al mismí­simo banco central Europeo.

De momento Merkel ha afirmado que hasta que el tratado de Lisboa no este aprobado no se puede hablar de ampliación y que el único paí­s con visos cercanos a la entrada es Croacia, una economí­a abducida por la Alemana. Y menos hablar del ingreso de Turquí­a, muy recomendado por Obama, pero con el rechazo de Francia y Alemania.

La ruptura del presente impasse la impondrá la subsiguiente marcha de la crisis y, en especial, la presión popular, que está tomando forma y fuerza.

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