Panamá, EE UU y el control del canal

Ganó la derecha en Panamá

El empresario Martinelli hará eje en combatir la inseguridad, mantener el crecimiento de la economí­a y resolver el caos en la circulación de la capital. Su rival no logró capitalizar la popularidad del presidente saliente Torrijos.

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04-05-2009
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Panamá viró ayer a la derecha y coronó como próximo presidente al multimillonario empresario Ricardo Martinelli, lí­der de la coalición opositora Alianza para el Cambio (AC). Con un 43,68 por ciento de las mesas escrutadas, al cierre de esta edición el Tribunal Electoral panameño informaba que la derecha se imponí­a con una aplastante mayorí­a del 61 por ciento de los votos, frente a un 36,83 por ciento cosechado por Balbina Herrera y el oficialista Partido Revolucionario Democrático (PRD) y apenas un 2,51 por ciento logrado por Guillermo Endara, ex presidente panameño (1989-1994) y tercero en pugna.
 Dirigentes panameños de izquierda acusaron a Estados Unidos de fraguar la alianza opositora que encabezará el magnate Ricardo Martinelli, que prevé enfrentar a la candidata presidencial oficialista Balbina Herrera en las elecciones presidenciales de mayo.(EFE)
Dirigentes panameños de izquierda acusaron a Estados Unidos de fraguar la alianza opositora que encabezará el magnate Ricardo Martinelli, que prevé enfrentar a la candidata presidencial oficialista Balbina Herrera en las elecciones presidenciales de mayo.(EFE)
Panamá viró ayer a la derecha y coronó como próximo presidente al multimillonario empresario Ricardo Martinelli, lí­der de la coalición opositora Alianza para el Cambio (AC). Con un 43,68 por ciento de las mesas escrutadas, al cierre de esta edición el Tribunal Electoral panameño informaba que la derecha se imponí­a con una aplastante mayorí­a del 61 por ciento de los votos, frente a un 36,83 por ciento cosechado por Balbina Herrera y el oficialista Partido Revolucionario Democrático (PRD) y apenas un 2,51 por ciento logrado por Guillermo Endara, ex presidente panameño (1989-1994) y tercero en pugna.
Las opciones eran claras y las encuestas, que desde hací­a dí­as vaticinaban el resultado, no se equivocaron. De un lado, un lí­der opositor de origen empresario dueño de la mayor cadena de supermercados del paí­s, que dedicó buena parte de su campaña a prometer el fin de la corrupción y los polí­ticos de siempre, además de anunciar que ya no habí­a derecha o izquierda pero que, de todas maneras, todo lo que oliera a Venezuela o Cuba le revolví­a el estómago.

Del otro, una militante de larga trayectoria que, según diversos analistas locales, no sólo no pudo capitalizar la popularidad del presidente saliente, Martí­n Torrijos (hijo del mí­tico general homónimo, que nacionalizó el Canal y enfrentó a Estados Unidos), y la buena marcha de la economí­a, sino que se vio en dificultades cuando la oposición comenzó a achacarle su gestión como alcaldesa durante los años ochenta, época en la que gobernaba el dictador Manuel Antonio Noriega (1983-1989).

De este modo, los 2,2 millones de panameños que estaban convocados ayer a las urnas decidieron que el empresario Martinelli gobierne los destinos de este paí­s, por donde pasa el 5 por ciento del comercio mundial, durante los próximos 5 años.

La mitad del electorado panameño habita en la Capital y sus alrededores, generando más del 55 por ciento de un PIB que se organiza alrededor de uno de los mayores centros financieros de la región, con más de 90 bancos.

Dirigentes panameños de izquierda acusaron a Estados Unidos de fraguar la alianza opositora que encabezará el magnate Ricardo Martinelli, que prevé enfrentar a la candidata presidencial oficialista Balbina Herrera en las elecciones presidenciales de mayo.

Los lí­deres de oposición, que se hací­an mutuas descalificaciones, empezaron a dialogar en la residencia de la embajadora de Estados Unidos en Panamá, Barbara Stephenson, durante un acto para presenciar la toma de posesión del nuevo presidente estadounidense Barack Obama, el martes pasado.

En los dí­as siguientes los consejos polí­ticos de los dos principales partidos opositores aprobaron enfrentar unidos las elecciones, lo que implica la renuncia del candidato presidencial Juan Carlos Varela, del Partido Panameñista, en favor de Martinelli, de Cambio Democrático.

Los candidatos a la Presidencia, tienen plataformas similares en lo que respecta a la polí­tica exterior. Coinciden con relación al tratado de libre comercio con EEUU, con los acuerdos de seguridad militar celebrados con ese paí­s, con la Zona Libre de Colón y el centro bancario. La candidata del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Balbina Herrera, sin embargo, dice que su gobierno desarrollarí­a "una polí­tica exterior de relaciones con todas las naciones del mundo, con una vocación pluralista y concertadora". No menciona a la República Popular de China que no ha sido reconocida por los gobiernos panameños desde 1949. En su programa dice que "seguirá con la polí­tica exterior que mantiene el gobierno" actual.

Martinelli no se siente incómodo proclamando sus posiciones ideológicas de derecha. Asegura que su "gobierno serí­a mucho más pro-norteamericano". En una entrevista a un periodista de Miami, Martinelli señaló que los "votos de Panamá en las Naciones Unidas (estarí­an) en lí­nea con la polí­tica exterior de EEUU, sobre todo en temas como la posición de Israel o los derechos humanos en Cuba".

Sobre Venezuela y Cuba, dijo que "mantendrí­a una relación de mutuo respeto y amistad entre naciones hermanas". Sin embargo, "no (serí­a) una relación ideológica". A un periódico de Caracas, Martinelli le aseguró que "diez años después de la llegada de Chávez, Venezuela está al borde del abismo económico, la pobreza ha aumentado y la democracia se ha destruido". Martinelli se aislarí­a en la extrema derecha de América Latina.

La polí­tica exterior de Panamá está sometida a una constante presión por parte de EEUU. Los gobiernos panameños han aceptado la intervención norteamericana en sus asuntos de seguridad, en sus polí­ticas económicas e, incluso, en aspectos culturales. El área que más problemas ha generado -delincuencia, violencia y crimen organizado- lo constituye el creciente tráfico ilegal de drogas hacia EEUU bajo la vigilancia de sus agencias especiales.

Con el triunfo de Martinelli, EE UU garantiza su influencia sobre el canal, un punto neurálgico del transporte marí­timo que enlaza el comercio del Atlántico con el Pacifico y aglutina el 5 % de el trafico mundial.

La nueva ampliación del canal con una inversión multimillonaria a la que ya la administración Bush dio sus bendiciones, necesitaba de un gobierno que, primero se alejara de el frente antihegemonista que avanza sumando fuerzas en su entorno como en el Salvador o Nicaragua y segundo no pegara ningún viraje hacia una mayor influencia de China en le canal y Centroamérica. La importancia de china en los ingresos del canal cada vez es mayor. Los tratados de libre comercio firmados con China por la mayorí­a de paí­ses de Centroamérica excepto Panamá, amenazaban con desplazar a EE UU como mayor socio comercial y le podrí­an restar influencia sobre el canal y Centroamérica.

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