Alemania alcanzará los 5 millones de parados en 2010

Alemania: el camino del 29.

La crisis social se cierne sobre un paí­s donde el narcótico del Estado del Bienestar fue capaz de convencer a los trabajadores de que el capitalismo podí­a tener un rostro humano y hasta agradable.

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04-05-2009
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Cada vez que Ángela Merkel se atreve a pronunciar un tí­mido mensaje de optimismo, viene algún asesor a susurrarle al oí­do que no, que aún se hundirán más. Los mismos expertos que hace unos meses pronosticaban que la crisis se limitarí­a a una "desaceleración económica" y un "aterrizaje suave" para la locomotora germana, se preguntan ahora cómo no vieron venir la espantosa tempestad a la que ahora se enfrenta la primera economí­a de Europa. Pocos se atreven a negar que Alemania alcanzará los 5 millones de parados antes del fin de 2010, y que la caí­da del PIB llegará al 6% antes de que acabe éste. Un gobierno donde cohabitan dos rivales electorales -los democristianos y los socialdemócratas- se enfrenta, a 4 meses de la cita electoral, a un proceso de desgaste donde las medidas antipopulares están a la vuelta de la esquina.
 La canciller alemana, Angela Merkel. EFE
La canciller alemana, Angela Merkel. EFE
Cada vez que Ángela Merkel se atreve a pronunciar un tí­mido mensaje de optimismo, viene algún asesor a susurrarle al oí­do que no, que aún se hundirán más. Los mismos expertos que hace unos meses pronosticaban que la crisis se limitarí­a a una "desaceleración económica" y un "aterrizaje suave" para la locomotora germana, se preguntan ahora cómo no vieron venir la espantosa tempestad a la que ahora se enfrenta la primera economí­a de Europa. Pocos se atreven a negar que Alemania alcanzará los 5 millones de parados antes del fin de 2010, y que la caí­da del PIB llegará al 6% antes de que acabe éste. Un gobierno donde cohabitan dos rivales electorales -los democristianos y los socialdemócratas- se enfrenta, a 4 meses de la cita electoral, a un proceso de desgaste donde las medidas antipopulares están a la vuelta de la esquina.
Hace un año Alemania luchaba con China para que la potencia asiática no le arrebatara el puesto de primera exportadora de mercancías global. Hoy esa lucha está definitivamente perdida, y la contracción acelerada del mercado mundial ha puesto de rodillas a las exportaciones, que han caído un 19% en un país donde casi la mitad de su economía depende de la demanda exterior. Hubo quien confió en que la hegemonía germana en la fabricación de bienes de equipo, tecnología de gama alta y mercancías de alto valor añadido en general permitiría a Alemania aguantar mejor el temporal, pero tal cosa se ha revelado como otro de tantas vanas esperanzas. La fuerza productiva alemana es demasiado voluminosa, y como en todas las crisis capitalistas, la destrucción de capital sobrante alcanzará una violencia inusitada.
 
El FMI lanzó una previsión de crecimiento negativo para Alemania del 5,6%, y Berlín no ha tenido otra que corregirla a la baja: un -6% antes del fin de 2009. El gobierno intenta salvar los muebles, pero lo tiene difícil. "Alemania se beneficiará especialmente cuando se reanime la economía mundial, del mismo modo que su caída nos está afectando especialmente a nosotros", dice el ministro alemán de Economía, Karl-Theodor zu Guttenberg, que añade que la economía alemana depende del comercio mundial, que no puede ser arreglado por medida ni plan de rescate alguno del Bundesbank.
 
Pero cada semana que pasa, la coalición de antropófagos gobernante intenta sortear las minas que le van saliendo al paso, a cuatro meses de unas elecciones. La CDU de Ángela Merkel es la principal candidata a ser abofeteada por las medidas antipopulares que tome el gobierno, pero los socialdemócratas, el brazo izquierdo de la burguesía monopolista alemana, ya han visto como las elecciones regionales les han dado una soberana paliza. Sus votantes están hartos de traiciones y de “llamadas a la responsabilidad” para castigar a los trabajadores y primar los intereses de la banca y la gran industria. Del resquebrajamiento del bipartidismo de momento sacan provecho partidos como el Liberal o “La Izquierda” de Oskar Lafontaine, con una amalgama de viejos nuevos planteamientos altermundialistas. Pero en el río revuelto se mueven grupúsculos menos previsibles, formaciones menos convencionales.
 
Y es que, además de una crisis política, la amenaza de una crisis social se cierne sobre un país donde el narcótico del Estado del Bienestar fue capaz de convencer a los trabajadores -a golpe de subvención y subsidio- de que el capitalismo podía tener un rostro suave, humano y hasta agradable. Hasta ahora los adocenados sindicatos alemanes habían logrado evitar despidos masivos convenciendo a las empresas de que mantuvieran el empleo a costa de reducir la jornada laboral, y al gobierno que pagara en subsidios estatales las entradas salariales restantes.
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