Sí­ndrome tóxico, 28 años después

La epidemia olvidada (III): Aceite de Colza, chivo expiatorio

Mayo 1981. La destitución del médico que puso de manifiesto el origen digestivo de la enfermedad fue el paso clave para la falsa inculpación del aceite de colza.

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04-05-2009
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La destitución del doctor Muro el 15 de mayo de 1981 abre una nueva etapa en la investigación de la enfermedad donde la incansable actividad del médico sumado al fracaso de las autoridades por demostrar el origen respiratorio de la enfermedad va a desencadenar un mes después el anuncio por TVE de que el culpable era el aceite de colza adulterado. Paradójicamente, la sospecha sobre la implicación del aceite fue inicialmente notificada por Muro a Sanidad y, finalmente, descartada por éste diez dí­as después del comunicado televisivo. Sanidad ve, sin embargo, en el aceite fraudulento el chivo expiatorio que les permitirá admitir el terreno de juego de la ví­a digestiva, sin admitir la verdad. La destitución del doctor Muro el 15 de mayo de 1981 abre una nueva etapa en la investigación de la enfermedad donde la incansable actividad del médico sumado al fracaso de las autoridades por demostrar el origen respiratorio de la enfermedad va a desencadenar un mes después el anuncio por TVE de que el culpable era el aceite de colza adulterado. Paradójicamente, la sospecha sobre la implicación del aceite fue inicialmente notificada por Muro a Sanidad y, finalmente, descartada por éste diez dí­as después del comunicado televisivo. Sanidad ve, sin embargo, en el aceite fraudulento el chivo expiatorio que les permitirá admitir el terreno de juego de la ví­a digestiva, sin admitir la verdad.
El enemigo en la ensalada
Para el doctor Muro la destitución, lejos de ser un freno para sus investigaciones, le libró de las trabas burocráticas que implicaba su cargo como director en funciones del Hospital del Rey para tener disponibilidad total en la investigación del síndrome tóxico.
 Al día siguiente de destitución su, se presentaron en su despacho del Hospital del Rey el Dr. Gallardo con personal norteamericano que confiscaron todo el material recogido en los mercadillos para su análisis en su centro de Atlanta, EEUU. De los resultados de dicho análisis nunca más se supo.
 El Dr. Muro inició un minucioso estudio para discriminar cuáles de los alimentos vendidos en los mercadillos ambulantes eran posibles fuentes de intoxicación. Muro acabaría recorriendo 58000 kilómetros con su propio automóvil y con su equipo fue sopesando cada alimento. En este sentido estableció un sistema de descarte de posibilidades. Así, principalmente centrado en la ensalada de verduras más común (lechuga, pimiento, cebolla, tomate, aceite, vinagre y sal) y en otros determinados alimentos. Investigó en primer lugar sobre lechugas y cebolletas, cuya implicación rechazó el 20 de mayo tras una atenta observación de los plazos de distribución de las mismas en el mercadillo de Torrejón. Posteriormente investigó magdalenas, café, variantes, aceitunas y berenjenas de Almagro… y ahí es cuando aparece la venta de unas garrafas de plástico de cinco litros, sin marca, de aceite, y que gran cantidad de personas adquirían; la sospecha  llevó al Dr. Muro a investigar el origen y las características químicas del aceite. La principal fuente de documentación sobre la hipótesis del aceite de colza adulterado es, paradójicamente, el Dr. Muro, posteriormente su máximo detractor. Muro comunicó diariamente sus observaciones al secretario de Estado para la Sanidad, doctor Sánchez Harguindey.
 
¿Por qué el aceite?
En primer lugar, el Dr. Muro, ya cesado en su cargo, seguía visitando el Hospital del Rey para conminar a su sustituto en la dirección a indagar la vía digestiva aparte de la vía respiratoria obligada por la superioridad. Las investigaciones en esta vía no daban fruto alguno y cundía la desmoralización al crecer el número de enfermos. Estaba cada vez más claro que se trataba de una enfermedad sistémica, tóxica por la sintomatología cutánea y porque los antibióticos hacían un efecto dudoso y los corticoides tampoco parecían eficaces, ya que los enfermos que reaccionaban positivamente a éstos no tardaban en reingresar. El treinta de mayo la enfermedad alcanza su máxima incidencia. Finalmente el día 3 de junio el Dr. Muro consigue que se encuesten a 23 familias y aparece el aceite como elemento común.
La dirección de Sanidad sigue haciendo oidos sordos, a pesar que el día 28 de mayo ya se hablaba en círculos oficiales del aceite como causa de la epidemia. Aquí vuelve a aparecer la sombra de los CDC: en diferentes estamentos médicos circuló la noticia de que el Centro de Control de la Enfermedad, de Atlanta, había llegado a la conclusión de que la causa de la denominada neumonía atípica era una mezcla de aceite a granel con aceite de motor. O sea, habían cambiado su hipótesis de que se trataba de una neumonía por micoplasma ante la imposibilidad de demostrarla. Ese mismo día 28 el doctor Tabuenca, director en funciones del Hospital Niño Jesús de Madrid, pretende someter a analítica el aceite por el Instituto Nacional de Toxicología, cerrado por reformas. El día uno declara por televisión que la epidemia está causada por una intoxicación alimentaria amparándose en que el consumo de aceite es una constante en un grupo de niños aquejados del síndrome tóxico en su hospital.
 
 
El aceite no es
Sin embargo,  la prueba de que el aceite no podía ser el culpable la consigue el Dr.  Muro bajo manga. Gracias a la colaboración del Dr. Antonio Borregón Martínez, director del laboratorio del Centro Nacional de Alimentación y Nutición de Majadahonda, el 9 de junio se analizan los aceites “que teníamos recogidos, no de garrafas, ni de mercadillos –que sabíamos que eran todos distintos- sino de cabecera de enfermo, en los que nos constaba que era el único aceite  consumido. Si no reunía esta circunstancia no aceptábamos el aceite, el único aceite consumido por los enfermos.  De esta manera que si llevábamos diez de la misma zona y los aceites eran distintos, no podía ser el aceite. Por el contrario, si los diez aceites eran iguales, seguíamos pensando que pudiera suceder que sí, que fuera el aceite.” Y, mientras la ciencia va por un lado, el poder del estado va por otro: al cierre del día 10 de junio, la Dirección General de la Salud Pública facilitó a última hora de anoche una escueta nota informativa en la que señaló que «en la investigación epidemiológica sobre el brote epidémico de la neumonía atípica se ha detectado que en determinadas zonas se produce la venta ambulante domiciliaria de aceite a granel, sin marca ni ningún tipo de control, que parece proceder de una mezcla de aceites comestibles con otras sustancias prohibidas por la legislación vigente». Algún miembro del grupo de expertos que dirige la investigación oficial manifestó entonces su sorpresa al conocer la nota ministerial, por cuanto en la reunión mantenida  en el Ministerio y que terminó a las siete de esa misma tarde del 10 de junio, no se les informó al respecto. La frase que resumió la reunión fue: «No hay absoluta mente nada nuevo». Es del todo sospechoso el comunicado en relación con el aceite, sin tener la demostración científica de que se trataba del agente causante. La decisión de anunciar la culpabilidad del aceite por TVE fue tomada por el ministro Sancho Rof tras recibir una notificación personal en tal sentido del Dr. Tabuenca Oliver. Siete días después el Gobierno da la orden de retirada de las partidas de aceite de colza fraudulento. El día 20 de junio, tres días después de la orden,  el Dr. Muro abandonaba decididamente la hipótesis del aceite de colza como causante de la intoxicación al conocer los resultados de los análisis efectuados en Majadahonda: ¡negativos! los aceites son diferentes unos de otros en la composición, no pueden ser la causa del síndrome tóxico.  Los resultados del experimento animal con 40 ratones con las diez pruebas de aceites recogidos en hogares de afectados son también negativos: los ratones no se vieron afectados por el síndrome tóxico, engordaron y tuvieron descendencia. El rechazo a la hipótesis del aceite vino al deducir Muro que un tóxico en líquido tan peligroso no puede explicar que la mitad de una familia afectada quede indemne. El día 24 de junio el doctor Tabuenca aprovechaba el foro del programa televisivo La clave para lanzar el mensaje de que no se consumiera más aceite de colza y propuso, ante la evidencia de que el Gobierno no había hecho nada pare impedir el consumo del supuesto aceite tóxico, que se hiciera un canje del aceite adulterado por aceite de oliva, dado que la mayoría de afectados son de origen obrero y le iba a costar desprenderse de las garrafas. Medida que sería aplicada a partir del 30 de junio. ¿Cómo podía ser el aceite el culpable si la curva de incidencia de la enfermedad había empezado a bajar antes de cualquier anuncio público que alertara a la gente?
 
Un viraje increible
Durante la primera quincena de mayo, la posibilidad de que los cientos de personas que ingresaban a diario hubieran sido envenenadas por vía digestiva a través de productos adquiridos en mercadillos ambulantes no debía de ser investigado bajo ningún concepto. Sin embargo, escasamente un mes después, el 10 de junio, el gobierno anuncia por TVE y por sorpresa, la implicación del aceite de colza adulterado vendido ¡en mercadillos ambulantes! Las razones de este increíble viraje hay que buscarlas en una derrota sin precedentes de los intentos norteamericanos de dirigir directamente la investigación y silenciar la verdad. Eso les hace tomar un camino indeseable, pero el único posible para ellos y que podría servir para abrir una nueva asignatura en la facultad de medicina: medicina y razón de estado. ¿Cómo atribuir un envenenamiento masivo a una sustancia cuando la evidencia epidemiológica y toxicológica apunta en contra de ello? Qué fuerza es capaz de realizar tal hazaña y encuadrar al grueso principal de la estructura medica, científica, social y política de un país, por no hablar de las instituciones internacionales como la OMS, en la versión oficial de los hechos. Obviamente el gobierno de Calvo Sotelo no cuenta con esa fuerza. Por ello, la intervención de los CDC como iremos viendo dará buena cuenta de ello. El próximo equipo de científicos norteamericanos que desembarcó en España para ayudar se encargó de que los estudios epidemiológicos no apuntaran más que al aceite como culpable. ¿Cómo lo hicieron? Hasta agosto.
 
 

Neumonía atípica o doble pulmonía
El País 22/05/81 «La Embajada de Estados Unidos en Madrid niega categóricamente, una vez más, que estén depositadas en suelo español armas bacteriológicas norteamericanas y, por tanto, que haya habido alguna fuga de este tipo», afirmó un portavoz oficial de dicha embajada, el cual salió al paso de los rumores que apuntan a la base de Torrejón de Ardoz como posible foco de la epidemia de neumonía atípica que padece este país desde hace veintiún días. «Nunca ha habido ese tipo de armas, según contemplan los tratados conjuntos», añadió la misma fuente, «con lo cual cualquier rumor de este tipo carece de todo fundamento». El portavoz afirmó también que no se ha producido ningún accidente de aviones norteamericanos en territorio español, y que cualquier historia en este sentido es falsa. Asimismo, desmintió que se hubiesen trasladado enfermos de neumonía atípica formaciones equivocadas». Que la neumonía atípica estaba relacionada con la lucha EEUU-URSS flotaba en el aire desde el primer momento. Fernando Savater escribía el mismo 22 de mayo: No es tiempo de neutralidades ni a ningún país le ruedan las cosas a su aire, sin modelo ni carril preestablecido, nos recuerdan a todas horas los que quieren hacernos optar (o van a optar, aunque no queramos) por la neumonía atípica de Torrejón contra la pulmonía doble moscovita. Otro día hablaremos de esta opción y de cómo es preciso ir a la contra de la elección misma: queda prometido. Pero la propia extensión geográfica del síndrome tóxico descartaba la base de Torrejón como foco directo de enfermedad.

 

Insomnio
“El primer signo, que ya lo describimos en Radio Madrid el 20 de mayo de 1981, era el insomnio. Farmacológicamente no se ha conseguido producir un insomnio de una semana, de días, y esta enfermedad produce insomnios que en cuatro meses consiguen por fin dormir la primera hora. Pero además, habitualmente, el insomnio es regla. Este tipo todavía no está descubierto en ningún producto farmacológico: con todas las aminas que se emplean (anfetaminas, drogas, etc.) hay que repetir la dosis, y con una única dosis es imposible producir un insomnio prolongado.” Declaraciones de Antonio Muro y Fernández-Cavada. El doctor José María López Ágreda, jefe clínico de la sección de electroencefalografía Clínica del Hospital Provincial de Madrid, ahondó en el estudio de las causas que producían este insomnio en los afectados, llegando a la siguiente conclusión: (…) “un mes y quince días después de producirse la intoxicación masiva nuestros hallazgos son perfectamente compatibles con forms neurológicas subagudas de intoxicación por organofosforados. Mientras que en una etapa cróncia (tardía) hemos encontrado un trastorno respiratorio central ligado al sueño, que está igualmente descrito en encefalopatías tóxicas por organofosforados, etapa crónica”
fuente: Pacto de silencio, de Andreas Faber Kaiser
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