La crisis económica

Dos caminos antagónicos

Lo que los banqueros nos están pidiendo es que se socialicen las pérdidas para que la banca continúe sus ganancias

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03-05-2009
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Todos los datos muestran que estamos ya en una recesión profunda que podrí­a convertirse en una Gran Depresión Mundial, resultado de la confluencia de dos crisis, una financiera y otra económica, que han coincidido en el tiempo, creando la tormenta económica perfecta. La primera se debe al comportamiento de carácter especulativo del capital financiero (que quiere decir la banca y las cajas) y cuyo sí­ntoma más visible es la falta de crédito, sin el cual la economí­a no funciona. Y esta falta de crédito se debe, según dice el propio capital financiero, a la escasez de dinero. Paradójicamente, los bancos y las cajas no tienen dinero. Todos los datos muestran que estamos ya en una recesión profunda que podrí­a convertirse en una Gran Depresión Mundial, resultado de la confluencia de dos crisis, una financiera y otra económica, que han coincidido en el tiempo, creando la tormenta económica perfecta. La primera se debe al comportamiento de carácter especulativo del capital financiero (que quiere decir la banca y las cajas) y cuyo sí­ntoma más visible es la falta de crédito, sin el cual la economí­a no funciona. Y esta falta de crédito se debe, según dice el propio capital financiero, a la escasez de dinero. Paradójicamente, los bancos y las cajas no tienen dinero.
Resulta que en la época expansiva (y especulativa) de la economí­a dieron prestado tanto dinero que ahora tienen dificultades en recuperarlo. También tienen problemas en conseguirlo de otros bancos. De ahí­ que estén ahora pidiendo dinero del estado para que puedan prestarlo. Es lo que llaman "problemas de liquidez", es decir, que necesitan más dinero para que puedan entonces prestarlo y así­ abrir el grifo del crédito. Y están recibiendo millones y millones de euros y libras esterlinas en Europa y de dólares en EE.UU. Nunca antes se habí­a absorbido tanto dinero público por el capital financiero.

Lo que los banqueros nos están pidiendo es que se socialicen las pérdidas para que la banca continúe sus ganancias. Los costes no sólo sociales y económicos de estas polí­ticas privatizadoras del crédito, así­ como la privatización de los bancos públicos, han sido elevados. Durante el periodo 1945-1970, la época de mayor crecimiento económico del mundo, el Estado era en la mayorí­a de paí­ses la entidad responsable de garantizar el crédito, en gran parte, a través de la Banca pública. Fue en la época neoliberal durante la mal llamada liberalización del capital financiero (en que se privatizó el crédito y se dio plena autonomí­a a los bancos públicos centrales), que el crecimiento económico descendió siendo menor que en el periodo 1945-1970.

La escasez de crédito determina un descenso de la actividad económica, Pero esta ralentización económica antecede la crisis financiera. La mayorí­a de personas de nuestras sociedades consiguen el dinero para poder comprar lo que necesitan y desean a través del salario. El gran secreto de los últimos treinta años es que el salario horario de los trabajadores de la manufactura (los mejor pagados y que se convierten en el punto de referencia para el nivel salarial de un paí­s) ha ido descendiendo en la mayorí­a de los paí­ses ricos (la OECD). No se ha notado en las familias porque el número de horas trabajadas ha aumentado. Y el número de miembros que trabaja en las familias también ha aumentado (la entrada masiva de la mujer en el mercado de trabajo es el fenómeno social más importante de este periodo). Así­ y todo llegó un momento que ni con estos cambios podí­an las familias mantener su standard de vida. Para mantenerlo, debieron endeudarse.

Y los que se beneficiaron de este endeudamiento eran principalmente los bancos y las cajas. Ahora bien, incluso así­, llegó un momento en que ya no pudieron endeudarse más, en parte porque la oferta de crédito disminuyó (por las causas citadas anteriormente) y, más importante, porque no podí­an pagar las deudas. La mayorí­a tení­a dificultades para llegar a fin de mes. Esta es la causa del problema que se llama falta de demanda. La gente no compra porque no tiene dinero. Y la economí­a se para.

Las soluciones son varias y se repiten cada vez que la economí­a entra en recesión. En EE.UU., el primero en desarrollar medidas de estí­mulo de la economí­a fue el Presidente Roosevelt, y el último el Presidente Obama. El Estado es el primer responsable de estimular la economí­a para que ésta crezca y cree empleo. Ahora bien, esto puede hacerse de dos maneras. Una, preferida por economistas conservadores y liberales, es bajando los impuestos y dando dinero directamente a la gente. (Los 400 dólares y euros que Bush y Zapatero dieron a la ciudadaní­a). Ahora bien, tales medidas de estí­mulo tienen un impacto estimulante muy reducido, pues la mayorí­a de la población, que está enormemente endeudada, suele utilizar este dinero más para pagar sus deudas que para consumir e incrementar la demanda.

Dos terceras partes de la población estadounidense utilizaron el dinero obtenido en las transferencias de 400 dólares del gobierno Bush para pagar sus deudas. El otro problema de estas transferencias es que el incremento de la demanda puede estimular la economí­a del paí­s productor de los productos consumidos que puede no ser el que recibe las transferencias. Durante la Gran Depresión, el 92% del consumo estimulado por las transferencias públicas al ciudadano estadounidense se hizo en productos fabricados en EE.UU. Hoy tal porcentaje es sólo del 52%.

La otra medida para estimular la economí­a a fin de que se cree empleo es que el Estado desarrolle polí­ticas públicas para crear empleo directamente. El Presidente Roosevelt expandió enormemente el gasto público y gran parte de esta expansión fue para desarrollar la infraestructura fí­sica, humana y social del paí­s que todaví­a existe en EE.UU. y que se conoce como el New Deal.

Obama, en su propuesta de presupuesto federal (debatido ahora en el Congreso) invierte grandes cantidades para corregir el enorme déficit de infraestructuras existente en aquel paí­s, además de invertir en las energí­as renovables y otras inversiones en investigación y desarrollo.

Tal estí­mulo debieran pagarlo aquellos que se beneficiaron intensamente de las polí­ticas liberales que les produjeron unos beneficios exuberantes. Obama lo está haciéndolo en parte, incrementando el impuesto de los ricos, el 3% de la población con renta superior (por encima de 250.000 dólares al año).

Deberí­an aumentarse también los impuestos de las clases pudientes, corrigiendo las enormes desigualdades que existen en nuestro paí­s. España es uno de los paí­ses, junto con EE.UU. y Gran Bretaña, que tiene mayores desigualdades de renta en los paí­ses desarrollados. Obama está intentando reducir aquellas desigualdades, gravando más a los grupos más pudientes. No ha habido tal intento por parte del gobierno Zapatero.

Para saber el tamaño del estí­mulo económico, no pueden sumarse todos los gastos (gastos para ayudar a la banca, gastos para reducir los impuestos, gastos para crear puentes y gastos para la santidad y la educación) en el mismo capí­tulo y presentarlos como el esfuerzo que hace un paí­s para estimular la economí­a. Esto es lo que hacen los medios y esto es lo que dicen los gobiernos y la Unión Europea, mezclando naranjas con plátanos y contándolo todo como si fueran nueces. Así­, cuando el Sr. Barroso, Presidente de la Comisión Europea, dijo que la Unión Europea está haciendo un esfuerzo estimulante sin precedentes semejante al de EE.UU., con un aumento del gasto equivalente al 3,3% del PIB europeo, él estaba haciendo esto. De ahí­ que el Sr. P.N. Rasmussen, Presidente del Partido Socialista Europeo, le criticara, con razón, diciendo que estaba manipulando los datos. "Sr. Barroso -le dijo Rasmussen- no es cierto que la Unión Europea haya programado un plan de relanzamiento económico del 3,3% del PIB. Estí­mulo quiere decir nuevos fondos para estimular la economí­a y crear empleo. En realidad, sólo un 1,1% del PIB va a este fin".

La Organización Internacional del Trabajo acaba de publicar un excelente informe The Finance and Economic Crisis: A Decent Work Response (que como siempre ha pasado desapercibido en la mayorí­a de medios) que desagrega los distintos elementos del gasto público destinado por los gobiernos a estimular la economí­a, analizando su impacto estimulante. China es el paí­s que está invirtiendo más en estimular su economí­a (13,5% del PIB); en EE.UU. es un 5,5% y en España un 0,8% del PIB, uno de los más bajos de la UE, e Italia (donde acabamos de ver enormes protestas populares) es incluso más bajo (0,3%).

Este tipo de gasto (que el informe define como estí­mulo fiscal) es distinto al gasto que los gobiernos hacen en ayuda a la banca. Y aquí­ vemos que España, que es uno de los paí­ses que gasta menos en estí­mulo fiscal y es de los que se gasta más en ayuda a la banca y cajas (14% del PIB). En realidad, España se gasta en términos porcentuales en ayuda a la banca más que EE.UU. (5,1% del PIB). Alemania, Francia y Gran Bretaña se gastan más que España: el 19,8%, 19% y 28,6% respectivamente. Ello corresponde al enorme poder que el capital financiero tiene en estos paí­ses. La Administración Obama se gasta más en estí­mulo fiscal (5,8% del PIB) que en ayuda a los bancos (5,1%).

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