Selección de prensa nacional

Lo peor está por venir

El primer trimestre ha sido uno de los más destructivos en la historia de la economí­a española. Pero los expertos apuntan que, en el paro y en las cuentas de empresas, lo peor está por venir

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03-05-2009
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Mientras Zapatero se apunta incondicionalmente a los mensajes de optimismo que llegan desde EEUU, indicando que se observan sí­ntomas que tal vez indiquen que estamos llegando al fondo de la crisis, lo cierto es que, como recoge en su edición de hoy un extenso reportaje del suplemento de economí­a del diario El Paí­s, "lo peor de la crisis está por venir".
 Lo peor está por venir
Mientras Zapatero se apunta incondicionalmente a los mensajes de optimismo que llegan desde EEUU, indicando que se observan sí­ntomas que tal vez indiquen que estamos llegando al fondo de la crisis, lo cierto es que, como recoge en su edición de hoy un extenso reportaje del suplemento de economí­a del diario El Paí­s, "lo peor de la crisis está por venir".

Las razones que el diario aporta para llegar a esta conclusión parecen claras. Todos los expertos, sin excepción, dan por hecho que el paro, ahora en el 17%, todavía ha de llegar a superar el 20% el año próximo, rozando una cifra ya muy cerca de los cinco millones de desempleados. Y si tenemos en cuenta que muchos de estos expertos eran de los que hace ahora seis meses no creían que en 2009 llegaríamos a los 4 millones de parados....
 
Pero este continuado incremento del paro no sólo supone que crezca el número de los desempleados, sino que al mismo tiempo se traduce en un empeoramiento progresivo de los que llevan más tiempo sin trabajo: aumentará el número de hogares con todos sus miembros en paro y habrá más desempleados con el derecho a la prestación o el subsidio agotado.
 
Al mismo tiempo, un ascenso tan elevado y continuado del paro tiene un impacto inevitable en las cuentas públicas: no sólo sube el gasto por prestaciones y subsidios de desempleo sino que a su mismo ritmo baja la recaudación por impuestos y las cotizaciones a la seguridad social. Lo que a su vez impacta en el sistema de pensiones. Otro de los efectos colaterales a la destrucción de empleo es la caída del consumo, que afecta e impide la recuperación de las empresas que no han sucumbido a la crisis.
 
Por su parte, el bilbaíno El Correo, a unos días de la elección de Patxi lópez como lendakari califica de "dura herencia" la que va a recibir el dirigente del PSE. Afirmando que "si el legado político de Ibarretxe es el fracaso de una estrategia soberanista, fraccionadora y baldía, el testigo económico que recibe López es el de un país vulnerable como no lo era desde la reconversión industrial"
 
Por último, el diario económico Expansión revela que los resultados de las pruebas de tensión que el gobierno norteamericano ha hecho a todos sus grandes bancos.pueden ser bastante peores de lo que se esperaba. Lo cual, de ser cierto, aumentaría de forma considerable la ya colosal factura de los planes de rescate, y con ella el riesgo de comprometer más una débil  e incierta recuperación del sistema en su conjunto, lo que no haría sino echar más leña al fuego de la recesión.
 
 
Opinión. El País
LO PEOR DE LA CRISIS ESTÁ POR VENIR
Alejandro Bolaños
 
“Es probable que lo peor haya pasado ya. Eso no significa que estemos cerca de una situación positiva. Estamos lejos de una situación favorable”. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, encajó así el miércoles el último susto estadístico. El Banco de España acababa de publicar que la recesión fue a más en el primer trimestre. El periodo entre enero y marzo de este año fue uno de los más destructivos en la historia reciente de la economía española. Pero los expertos apuntan que, en el mercado laboral y en las cuentas de empresas y Administración, lo peor está por venir.
 
(...) el presidente español busca en la evolución del PIB, en números rojos desde otoño, la palanca para hacer saltar el pesimismo sobre el futuro próximo. Porque en el pasado más reciente se volvieron a batir todos los registros negativos de esta crisis: el paro supera los cuatro millones de personas, tras aumentar en 800.000 desempleados en el primer trimestre; la caída de la actividad económica (un 1,8% menos que en el tramo final de 2008) fue, por tercer trimestre consecutivo, más profunda.
 
"La intensidad de la crisis nos ha vuelto a sorprender", admite el economista jefe de Caixa Catalunya Xavier Segura. Los datos han sido tan malos que los expertos apuestan de forma unánime porque el segundo trimestre no rebasará al primero en destrucción de empleo ni en retroceso del PIB. La caída, con ser pronunciada, lo será menos que entre enero y marzo. En esa comparación, lo peor parece haber pasado. "Yo suscribiría esa opinión", afirma Segura. "Hemos tocado fondo, se producirá el primer rebote, otra cosa es que la actividad no vuelva a bajar luego", comenta Ángel Laborda, director del gabinete de coyuntura de la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas). "La caída del segundo trimestre será menor", corrobora Carlos Maravall, de Analistas Financieros Internacionales (AFI).
 
El Gobierno se equivocó al defender que la economía española no entraría en recesión. Erró de nuevo al vaticinar que no se llegaría a cuatro millones de parados. Y la crudeza de la crisis ha dejado viejas al poco de nacer sus previsiones económicas para 2009. Con estos antecedentes, la cautela ha prendido en las declaraciones de Zapatero. Pero esta vez el vaticinio oficial va bien encaminado: en variación trimestral, es posible que el PIB no vuelva a caer tanto en esta crisis. ¿Es suficiente eso para decir que lo peor ha pasado?
 
La respuesta que da el mercado laboral es clara: no. Y el Gobierno, pese a sus proclamas, muestra con hechos que tampoco lo cree. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, anunció que habrá un Consejo de Ministros extraordinario sobre empleo el próximo miércoles. Y Zapatero detallará nuevas medidas para incentivar la creación de puestos de trabajo en el debate sobre el estado de la nación.
 
Pese a los fiascos precedentes, la nueva vicepresidenta económica, Elena Salgado, nada más estrenarse en el cargo, se aventuró a anticipar que no se superarán los cinco millones de parados. Tras la nefasta primera entrega de la Encuesta de Población Activa (EPA), publicada hace una semana, el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, eludió mojarse.
 
Todas las estimaciones de los expertos dan por hecho que la tasa de paro, ahora en el 17%, superará el 20% en 2010, ya muy cerca de los cinco millones de desempleados.
 
Con esas previsiones, lo que queda por delante es claramente peor: aumentarán el número de hogares con todos sus miembros en paro (más de un millón hasta marzo), el número de personas que llevan más de un año buscando trabajo (casi 200.000 ahora) y habrá más desempleados con el derecho a la prestación o el subsidio agotado (son ya más de 900.000 personas).
 
Las cuentas públicas sufrirán el impacto: el gasto por prestaciones de desempleo crecerá al mismo ritmo acelerado que baja la recaudación por impuestos. En la Seguridad Social, la merma de cotizaciones sólo acaba de empezar y cuestiona la rotundidad con la que el Gobierno mantiene que no habrá déficit en el sistema de pensiones. A los ayuntamientos y las comunidades autónomas cada vez les costará más pagar a sus proveedores. Y, en paralelo a la destrucción de empleo, la caída del consumo teñirá de rojo las cuentas de las empresas. Además, el reciente desplome del comercio internacional minimiza el aporte del sector exterior (...)
EL PAÍS. 3-5-2009
 
 
 
 
Editorial. El Correo
DURA HERENCIA
 
Patxi López iniciará su mandato como lehendakari acuciado por una realidad que no admite demoras en la toma de decisiones. La crisis es la gran exigencia del presente, ante el acelerado proceso de abatimiento que está experimentando la economía vasca y la insuficiente respuesta dada por el Ejecutivo tripartito. Después de tres décadas de presencia continua del nacionalismo en el Gobierno, el cambio llega lastrado por las urgencias socioeconómicas, por unas limitaciones financieras que condicionarán las decisiones del nuevo Gabinete y por la imperiosa obligación de sacar adelante estrategias que permitan combinar la necesaria protección social con iniciativas que apuntalen y dinamicen la actividad empresarial y potencien el empleo. Una prioridad absoluta, como la lucha contra el terrorismo, porque de la resolución de ambos retos dependerá en gran medida el grado de desarrollo y de bienestar de la sociedad de Euskadi.
 
La herencia que recibirá el Gobierno de Patxi López es dura. Ibarretxe, como hizo Rodríguez Zapatero, ha perdido un tiempo precioso retardando la asunción de la crisis, con el estéril recurso de la comparación. El deterioro ha terminado por llegar y ha sido profundo y rápido, desbordando la alta capacidad de la estructura económica vasca, muy dependiente del exterior, para transitar en medio de las dificultades. Los indicadores son demoledores: el paro supera ya el 10%; la actividad industrial ha caído por encima del 20% desde que se inició el año y el PIB decrece. Como consecuencia, un descenso brusco en la recaudación fiscal que limitará la capacidad pública para hacer frente a la crisis. En estas circunstancias de declive constante, el Gobierno de Ibarretxe, que en épocas de bonanza supo acompañar el desarrollo económico de Euskadi y practicó una política de austeridad encomiable, ha mostrado una preocupante falta de reacción, amparado en muchas ocasiones en una inadmisible complacencia comparativa, sin apurar y casi sin explorar las posibilidades de endeudamiento que proporciona la buena situación de las cuentas públicas y sin exprimir los recursos que contiene el Concierto. Es ahora, cuando los proyectos escasean, la inversión se retrae y la globalización aprieta, cuando cobra especial relevancia el desinterés que siempre mostró Ibarretxe hacia las grandes compañías radicadas en el País Vasco.
 
El margen de maniobra con que arrancará el nuevo Ejecutivo es estrecho, ante la evidencia de un diálogo social roto, de unos sindicatos nacionalistas convertidos en arietes políticos y de unos organismos de mediación languideciendo en medio de disputas irreconciliables. De salida, a Patxi López le espera una huelga general y el casi seguro trance de anunciar que Euskadi ha entrado en recesión. Dos hechos que subrayan la complejidad de una labor que debería facilitar el Gobierno saliente con un traspaso de funciones correcto, ágil y, sobre todo, constructivo y con compromiso de país. Porque si el legado político de Ibarretxe es el fracaso de una estrategia soberanista, fraccionadora y baldía, el testigo económico que recibe López es el de un país vulnerable como no lo era desde la reconversión industrial.
EL CORREO. 3-5-2009
 
 
 
 
Editorial. Expansión
DECISIVAS PRUEBAS DE SOLVENCIA
 
Las filtraciones sobre los resultados de los primeros ‘test de estrés’ efectuados en la banca estadounidense, cuyas conclusiones oficiales se conocerán previsiblemente la semana que viene, son poco alentadoras y generan más incógnitas de las que despejan. De la veintena de grandes entidades que se han visto obligadas a someterse a la prueba –una suerte de examen de solvencia y de resistencia ante escenarios adversos–, al menos un tercio habría ‘suspendido’.
 
De confirmarse el dictamen, pondría de relieve que el sector financiero de EEUU está aún lejos de haberse normalizado, y que muchas de sus grandes entidades no cuentan con los adecuados niveles de capital para afrontar los eventuales riesgos que entraña el mercado. Pese a los buenos resultados cosechados por algunas de estas entidades en el primer trimestre del ejercicio, las dudas sobre su calidad, y sobre hasta qué punto pueden atribuirse a la mejora de la actividad o a las inyecciones masivas de fondos públicos, ponen en tela de juicio su evolución futura.
 
Como advirtió recientemente el FMI, a la pérdida de valor de los activos provocada por la crisis subprime, hay que añadir ahora el influjo de la recesión, que ha disparado los impagos y desacelerado la actividad bancaria, dibujando un panorama muy poco halagüeño para el sector. Esta circunstancia obligará a las entidades a reforzar aún más sus estructuras de capital y su solvencia, previsiblemente a través de nuevas aportaciones públicas dada las dificultades para atraer dinero privado.
 
Lógicamente, ese proceso se traducirá en una mayor presencia del Estado en la banca, pero no existen muchas más opciones. Tan poco deseable es un escenario financiero cada vez más intervenido como, llegados a este punto, dejar incompleto el trabajo. Por ello es esencial que el Estado afine al máximo en sus exámenes de solvencia –modelo que tal vez debería exportarse a Europa para su aplicación en aquellas entidades que han recibido ayudas públicas–, y concentrar sus esfuerzos en aquellos bancos que han demostrado que pueden ser viables, buscando una salida ordenada para los que no lo sean.
 
La colosal factura de la macrooperación de salvamento crece y con ella el riesgo que asumen los contribuyentes. Empecinarse en destinar recursos a entidades gravemente dañadas no sólo sería injusto para el ciudadano, sino que además comprometería la recuperación del sistema en su conjunto y echaría más leña al fuego de la recesión.
EXPANSIÓN. 2-5-2009
 
 
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