Sí­ndrome tóxico, 28 años después

La epidemia olvidada (II)

Mayo 1981. Los primeros dí­as de la aparición de la llamada "neumoní­a atí­pica" fueron una pérdida de tiempo precioso para evitar los catastróficos efectos del envenenamiento.

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03-05-2009
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Tras las primeras maniobras oficiales, relatadas en la anterior entrega, para tratar de imponer contra toda evidencia el origen respiratorio del sí­ndrome tóxico, diez dí­as después de declarado, habí­an visiones dispares sobre su peligrosidad.... Tras las primeras maniobras oficiales, relatadas en la anterior entrega, para tratar de imponer contra toda evidencia el origen respiratorio del sí­ndrome tóxico, diez dí­as después de declarado, habí­an visiones dispares sobre su peligrosidad....

      “Yo no diría que estamos ante una enfermedad peligrosa, a pesar de su extensión y de los fallecimientos ocurridos (…) se trata de un proceso serio, pero no peligroso», afirmaba el doctor Luis Valenciano, director de Salud Pública del gobierno Calvo Sotelo. La opinión del Dr. Muro era diametralmente opuesta: “para mí, que toda mi vida había sido sanitario, una enfermedad que producía morbilidad y nueva, pero que además, nada más empezar ya tenía seis víctimas mortales, para mí, esa enfermedad era suficientemente preocupante y suficientemente grave como para dedicarme sólo a ella.” El día 12 supuso un punto de inflexión en la investigación de la enfermedad que desembocaría en la destitución del Dr. Muro y el desembarco de especialistas de la agencia para el control de enfermedades de EEUU.

Autopista a la destitución
Tras las primeras maniobras oficiales, relatadas en la anterior entrega, para tratar de imponer contra toda evidencia el origen respiratorio del síndrome tóxico, diez días después de declarado, habían visiones dispares sobre su peligrosidad. “Yo no diría que estamos ante una enfermedad peligrosa, a pesar de su extensión y de los fallecimientos ocurridos (…) se trata de un proceso serio, pero no peligroso», afirmaba el doctor Luis Valenciano, director de Salud Pública del gobierno Calvo Sotelo. La opinión del Dr. Muro era diametralmente opuesta: “para mí, que toda mi vida había sido sanitario, una enfermedad que producía morbilidad y nueva, pero que además, nada más empezar ya tenía seis víctimas mortales, para mí, esa enfermedad era suficientemente preocupante y suficientemente grave como para dedicarme sólo a ella.” El día 12 supuso un punto de inflexión en la investigación de la enfermedad que desembocaría en la destitución del Dr. Muro y el desembarco de especialistas de la agencia para el control de enfermedades de EEUU.
Muro tenía razón
Por aquel entonces, el equipo de Muro pensaba que la lechugas y cebollas eran los principales sospechosos por la facilidad con que un hipotético parásito (que llamó laborella por haberse presentado los primeros casos el Primero de Mayo, fiesta del trabajo)  podía instalarse en sus hojas. Los días 12 y 13 de Mayo el Dr. Muro y el Dr. Juan Raúl Sanz, entonces jefe de Sanidad de Torrejón de Ardoz, se dedicaron a recorrer los mercadillos para averiguar la procedencia de los productos agrarios que se habían vendido en ellos. Averiguaron así los campos de cultivo, tomaron nota de las matrículas de los camiones que transportaban todos los productos que se vendían en dichos mercadillos y de sus rutas. El Dr. Sanz relata que el día trece, en un intento de convencer “al subdirector general de Salud Pública, Cañada, al director general de Planificación –que fue el que cesó a Muro- González Navarro, y a varios otros, por la noche, en el  Hospital del Rey, con el alcalde de Torrejón y todo, estábamos diciéndoles dónde iban a aparecer los casos por los mercadillos, y que era un producto por vía digestiva”: Predijeron que aparecerían nuevos casos en Alcorcón, alrededor de la calle Virgen de Iciar, en Burgos, Móstoles, Segovia, Valladolid, y posiblemente hasta en Bilbao. El Dr. Sanz concluye: “Pero no sirvió de nada, a pesar de que estábamos diciéndoles dónde estaban apareciendo los casos y dónde iban a aparecer, y eso que era la Administración del Ministerio de Sanidad, escuchándonos a la una de la mañana”. Al día siguiente, 14 de Mayo, se confirmarían las predicciones. Al preguntar su procedencia a cada ambulancia que llegaba con ingresos nuevos, se correspondía a las zonas predichas. Quedaba demostrado que Muro tenía razón. Sin embargo, las condiciones  habían cambiado y la respuesta que obtuvo del Ministerio ya no fue el silencio. Al día siguiente, 15 de mayo,  Sanidad le destituye de forma fulminante como director en funciones del Hospital del Rey aduciendo motivos de salud  “como consecuencia del excesivo trabajo soportado en los últimos días”.
 
Ojo al dato
Efectivamente, tres días después de que se reunió la comisión clínica de directores de hospitales madrileños las condiciones en las que se desarrolla el síndrome tóxico han cambiado cualitativamente. De 23 enfermos en 9 días pasaron a haber entre cien y ciento cincuenta censándose cada día. De casos aislados en la provincia de Madrid pasaron a aparecer casos en provincias alejadas. Frente a la explicación oficial cerrada y hermética de la “pneumonía atípica”  ahora existían voces cualificadas con difusión en la prensa que pedían  investigar la implicación de alimentos distribuidos sin control sanitario en mercadillos ambulantes. Pero además, el día 12 ocurre un hecho significativo, la aparición en el diario madrileño Ya de un artículo del Dr Ángel Peralta Serrano, jefe del departamento de Endocrinología del Hospital Infantil de la Ciudad Sanitaria La Paz de Madrid,  en el que dice textualmente que los síntomas del síndrome tóxico se explican mejor por la acción de un spray de insecticidas organofosforados que por una infección pulmonar. Por primera vez, una autoridad médica apunta a unas sustancias usadas ampliamente en la agricultura intensiva (y también en la guerra química). Es importante resaltar que el Dr. Peralta no tenía relación ninguna con el Dr. Muro y sus averiguaciones. Para el periodista Andreas Faber*, este artículo fue el que hizo saltar ciertas alarmas: “Ya es un diario matutino (ojo al dato). Porque el mismo día 12 una llamada telefónica de Madrid –del Dr. F. P. Gallardo del Centro Nacional de Virología y Ecología Sanitaria- a Atlanta, en el estado de Georgia, pide ayuda al Epidemiology Program Office de la agencia norteamericana para el control de enfermedades, el CDC, que envía a Madrid ( desde la base italiana de la OTAN de Palermo donde estaba destinado)  al epidemiólogo William B. Baine (…) Investigadores y víctimas implicadas son de la opinión de que datos, historiales clínicos y documentos establecidos con ocasión de la visita del epidemiólogo americano, fueron transferidos íntegramente al CDC norteamericano, no siendo por tanto accesibles ya a los investigadores españoles”. La llamada a Atlanta, la destitución de Muro y el desembarco de investigadores norteamericanos con carta blanca son tres hechos consecutivos que van a decidir el desarrollo de la investigación. Tras la llegada del doctor Bayne, defensor de que la causa es un mycoplasma,  y el cese de Muro, el ministro de Sanidad Sancho Roz afirma complaciente “no hay ninguna otra investigación valida y demostrada hasta ahora que la señalada por el Ministerio. No hay ninguna otra causa demostrada en este momento. En todas las autopsias realizadas se detectó el mycoplasma y ningún otro agente (…) es un bichito tan pequeño que si se cae se mata”. Y, mientras dos mil enfermos esperaban la identificación de la enfermedad, el ministro culminó “aunque el problema suscitado por la enfermedad es importante, no es grave. La gripe es un problema más grave”. Lógicamente, esta hipótesis fue pronto insostenible y la reconducción de la situación se tuvo que dar dentro del terreno ya conquistado por el destituido Dr. Muro, la vía digestiva y la implicación de los mercadillos. Aquí se abrió una nueva batalla, y éste será el tema de la próxima entrega. Hasta Julio. 
*el desaparecido periodista Andreas Faber recogió el testimonio de Antonio Muro y el de otros tantos protagonistas en su libro Pacto de Silencio. Todos los entrecomillados en cursiva han sido extraídos de su obra.

Si no puedes con el mensaje, calla al mensajero

Como decía el Cardenal Richelieu: “que me den seis líneas escritas del puño y letra del hombre más honrado del mundo, que encontraré motivo para hacerlo ahorcar”. Este parece ser la guía ideológica que llevó al director general de Salud Pública, Luis Valenciano Clavel a silenciar el trabajo de Muro y a convertirlo en un chalao y un proscrito de la sanidad española. Tal como recoge  El País (3 marzo 1988):  Valenciano rechazó que el cese del doctor Antonio Muro -médico ya fallecido que defendió tesis contrarias a la culpabilidad del aceite- al frente del Hospital del Rey se debiera a que mantenía una hipótesis distinta a la oficial. Valenciano explicó que Muro declaró que había tomado confianza con el agente de la enfermedad y que ya no le hablaba de usted sino de tú. Valenciano llamó a Muro para preguntarle por esas declaraciones y éste le contestó: "No sólo son verdad, sino que tengo al agente entre mis piernas en este momento". Según Valenciano, Muro fue destituido porque en una reunión celebrada el 14 de mayo de 1981 realizó un informe catastrofista respecto al origen del síndrome tóxico en el que se describía "cómo el mundo se hundía, cómo morían los pájaros, que él estaba infectado y sólo podía tomar gaseosa Revoltosa".  Llama la atención que mientras los médicos que ayudaron a Muro fueron represaliados, Luis Valenciano fue encumbrado a Director Médico de los laboratorios Glaxo Wellcome y Director General de la Fundación Wellcome España, el imperio farmacéutico angloamericano de Rockefeller que monopolizaría con los CDC la otra gran epidemia “vírica” de los ochenta, el SIDA. ¿Casualidades?
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