De la prensa. Especial gripe porcina

El primer caso mejicano en La Gloria

La contundente realidad del abismo social salta a los medios para explicar por qué la gripe mata sólo en Méjico. Las condiciones de la producción monopolista de carne, que el foco ya no es sólo Asia.

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03-05-2009
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En el pueblo maldito de la gripe (elmundo.es 2/05/2009) En el valle de Perote, el marrón de los campos, salpicados de cactus y campesinos, se mezcla con las inmensas granjas de cerdos que lucen diseminadas en el árido campo donde dicen surgió la nueva influenza. Naves y más naves alargadas donde decenas de miles de puercos nacen, crecen, se reproducen y son sacrificados apiñados. En el pueblo maldito de la gripe (elmundo.es 2/05/2009) En el valle de Perote, el marrón de los campos, salpicados de cactus y campesinos, se mezcla con las inmensas granjas de cerdos que lucen diseminadas en el árido campo donde dicen surgió la nueva influenza. Naves y más naves alargadas donde decenas de miles de puercos nacen, crecen, se reproducen y son sacrificados apiñados.

El taxista que nos lleva hasta el miserable pueblo conduce con guantes de látex y mascarilla, "porque aquí me toca estar en contacto con mucha gente y manejar dinero". "En la ciudad de Jalapa (capital de Veracruz), si saben que vengo de Perote ni siquiera me dejan entrar. La policía nos inmoviliza el coche a la entrada de la ciudad" explica. Pero la mascarilla también la llevan los pasajeros, el hombre al que preguntamos por la dirección, el guardia urbano y el conductor de otro vehículo con el que tiene un percance. A pesar del calor que hace, todos prefieren sudar bajo el bigote a quedar expuestos a una enfermedad que por el momento contiene más preguntas que respuestas.
"El niño milagro"
"Qué, ¿vienen a ver al niño?". "El niño milagro", "el niño que volvió del cielo" o "el paciente cero", su cara y su caso son más conocidos que su nombre y nada más poner un pie en La Gloria, un paisano en guaraches (calzado local) y sombrero de cowboy ya sabe que venimos a ver a Edgar Hernández y no tarda en señalarnos su casa. "Ahí no más. Den vuelta a la derecha y, donde vean gente, pues ahí es. Vayan con Dios".
Tan sólo unos días antes, La Gloria no existía para nadie, menos aún con ese olor extraño. Un hedor a carne, a excremento, a cremación y a forraje que parece colarse en cada casa. Un olor aún más fuerte cuando se mueve el viento y al que se añade el polvo que sale de las calles sin asfaltar. La Gloria no tiene nada de interés. No hay mercados, museos, edificios de más de dos alturas ni artesanías típicas, hasta que el ministro de Salud de México, José Ángel Córdova, confirmó que del cuerpo del pequeño que aquí habita salió, el 2 de abril, el primer caso registrado de influenza porcina que lo puede contar. Un hecho que por entonces y "en ninguna parte del mundo se establecía como un causante epidémico", dijo el ministro. Aquí es donde las autoridades sitúan el comienzo de la historia del primer brote...
Su madre, sin embargo, vive alucinada después de saber que lo que parecía un simple constipado a punto estuvo de llevarse a su hijo por delante. "Ese día no quiso desayunar y estuvo todo el día en la cama, lo que se me hizo raro porque siempre es muy inquieto. Me preocupé más cuando me dijo que le dolía mucho la cabeza y, al sentirlo, tenía mucha temperatura. Le di una pastilla, pero seguía con el malestar, apenas picoteó la comida y lo llevé al médico para decirle que le dolía la garganta, los huesos, la cabeza y tenía los ojos muy rojos", explica a Crónica en el salón de su casa, entre la nevera y la televisión.
120 enfermos y 2 muertos
Poco después de salir de la clínica comenzó a presentar fluido en la nariz y no le paraba, por lo que regresó al hospital. "Y mire, ahorita ya anda sano, ahí anda brincando otra vez". El milagroso tratamiento consistió en un antibiótico y un analgésico: "amoxicilina y paracetamol, nada más eso, lo cual digo que sucedió ahí, porque con los otros niños que les dieron el mismo medicamento, no les funcionaba", explica.
(...)
Las únicas casas que parecen desafiar las inclemencias son las que han levantado los emigrantes que viven en Estados Unidos y que regresan cada año con dinero suficiente para levantar viviendas de dos pisos, barandal, jardín y pórtico, que contrastan con la mayoría de casuchas, humildes y desvencijadas. Algunas teorías y envidias señalan que ellos podrían ser los culpables de haber traído de más allá del Río Bravo un virus que se propagó por todo el país. Pero si La Gloria tiene ya motivos para entrar en la historia de la medicina y hasta aparecer en Wikipedia (enciclopedia en Internet) como la localidad en la que apareció la epidemia que puso en jaque al mundo, también tiene motivos para entrar en los anales de la historia negra, como poco, de la ecología, gracias a los 250.000 cerdos junto a los que se despiertan diariamente sus habitantes. Aunque las pruebas, los análisis y los controles de calidad propios y ajenos insisten en demostrar que el cerdo nada tiene que ver con el virus, a los pobladores de La Gloria es difícil convencerles de que la empresa Carroll no es la responsable.
Y tienen razones para ello. La hostilidad de los habitantes de La Gloria hacia la gigantesca factoría porcina tiene ya muchos años y varios episodios de denuncias ante los tribunales. Sus pobladores insisten en que, hace un par de meses, más de 400 personas (de 3.000 que tiene el pueblo) acudieron a consulta por padecimientos similares a los que se convirtieron en motivo de alerta nacional. De esos, 120 se consideraron enfermos y dos menores de edad perdieron la vida. Muy pocos quieren dar explicaciones de este caso, pero en el cementerio, las tumbas de los muchachos comparten polvo, flores secas y lápidas desechas con el resto de los muertos.
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