Sociedad

Las tertulias secuestradas

La formalidad y la institución las ha devorado, secuestrando el pecado literario de las calles y de entre las tazas y el humo

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02-05-2009
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"Un Madrid literario", así­ reza la exposición que hace un recorrido por la historia literaria de Madrid. Caballero Bonald es el encargado en el libro de la muestra de narrar la historia literaria y la propia de Madrid como ciudad. José Manuel Navia ilustra con fotografí­as de los espacios caracterí­sticamente literarios de la villa, con comentarios de sus autores. Murmullos y barullos en tertulia por todo Madrid. "Un Madrid literario", así­ reza la exposición que hace un recorrido por la historia literaria de Madrid. Caballero Bonald es el encargado en el libro de la muestra de narrar la historia literaria y la propia de Madrid como ciudad. José Manuel Navia ilustra con fotografí­as de los espacios caracterí­sticamente literarios de la villa, con comentarios de sus autores. Murmullos y barullos en tertulia por todo Madrid.
A finales del siglo XIX surgió la tertulia de La Fontana de Oro, la de Benito Pérez Galdós. El autor retrató Madrid, sus rincones sus personajes, sus corralas, mientras contaba la historia de España. En la calle de La Victoria todavía se encuentra el histórico local. Pero ya no son escritores, políticos o poetas, sino irlandeses sin especificarse birra en mano.

Entre Atocha y la Carrera de San Jerónimo hierve la literatura del chotis y los manolos de Lavapiés; realmente, el Barrio de las Letras. Entre las esquinas de esas calles, a diferentes alturas habitaron Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Góngora.

Ramón María del Valle-Inclán se inspiró para el esperpento en los espejos curvos del callejón del Gato. Allí siguen. Cada año, el 26 de marzo, los admiradores de “Luces de Bohemia” repiten la ruta de Max Estrella, desde Ópera a la plaza de Santa Ana.

La pastelería La Mallorquina, el café Fornos, el café la Montaña… en él Valle-Inclán se vio envuelto en una reyerta de la que salió herido y perdió un brazo.

Ramón Gómez de la Serna inauguró en 1912 una célebre tertulia en el café de Pombo que procuró la renovación literaria del momento.
La Guerra Civil paralizó el espíritu de los cafés literarios. Quizás se mantuviesen las del café Lyon o las del café Varela, pero los filtros eran depresivos y languidecían. Solo el café Gijón concentró la energía creadora durante aquella época: Camilo José Cela, Fernando Fernán-Gómez, Juan García Hortelano, Antonio Gala, Francisco Umbral… todavía hoy en día se organizan tertulias en ese café pero no es lo mismo, o no es nada. Porque la vida de las tertulias está extinta tal y como se conocieron. La formalidad y la institución las ha devorado, secuestrando el pecado literario de las calles y de entre las tazas y el humo…

Podría decirse que ha sido el tiempo, los cambios en los ritmos de la vida diaria, pero no. Seguro todavía persisten esas tertulias “de otra manera” en muchos cafés de barrio, o seguro puede encontrarse algún espacio donde frente a un café o algo de comer, pueda marearse el plato mientras se argumenta, se polemiza, se debate y se encuentran el pensamiento más avanzado y la tradición popular. Los Ateneos XXI de esta casa son un muy buen ejemplo; un proyecto que lleva ocho años en marcha, que se ha extendido por toda España, pero que tiene su origen en el Madrid de los cafés y la Residencia de Estudiantes.
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