Ofensiva militar contra los Talibanes

Pakistán en la encrucijada Talibán

Según los diversos partes de las fuerzas armadas, unos 200 talibanes murieron desde el inicio de la operación Rayo Negro en los distritos del Bajo Dir y de Buner.

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02-05-2009
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La ofensiva militar en el valle de Buner, en el noroeste de Pakistán, se encontraba ayer ante una férrea resistencia de los islamistas talibán, que según el ejército perdieron entre 55 y 60 combatientes en las últimas 24 horas. Los combates no impidieron la reanudación del diálogo entre el gobierno y los negociadores de un polémico alto el fuego con los insurgentes.
 Los militares bombardearon las posiciones talibán, en el sexto dí­a de una ofensiva aérea y terrestre ordenada bajo la presión de Estados Unidos, preocupado por el avance islamista hasta 100 kilómetros de Islamabad, la capital del paí­s.(EFE)
Los militares bombardearon las posiciones talibán, en el sexto dí­a de una ofensiva aérea y terrestre ordenada bajo la presión de Estados Unidos, preocupado por el avance islamista hasta 100 kilómetros de Islamabad, la capital del paí­s.(EFE)
La ofensiva militar en el valle de Buner, en el noroeste de Pakistán, se encontraba ayer ante una férrea resistencia de los islamistas talibán, que según el ejército perdieron entre 55 y 60 combatientes en las últimas 24 horas. Los combates no impidieron la reanudación del diálogo entre el gobierno y los negociadores de un polémico alto el fuego con los insurgentes.
Los militares bombardearon las posiciones talibán, en el sexto dí­a de una ofensiva aérea y terrestre ordenada bajo la presión de Estados Unidos, preocupado por el avance islamista hasta 100 kilómetros de Islamabad, la capital del paí­s. El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, llamó el jueves al Congreso a aprobar "lo más rápido posible" las partidas extrapresupuestarias de ayuda militar a Pakistán, un paí­s clave en la estrategia para derrotar a los talibán en Afganistán.

Según los diversos partes de las fuerzas armadas, unos 200 talibanes murieron desde el inicio de la operación Rayo Negro en los distritos del Bajo Dir y de Buner.

El gobierno paquistaní­ aceptó en febrero la imposición de la ley islámica (sharia) en el valle del Swat, a cambio de un alto el fuego con la sangrienta rebelión liderada por el maulana (dignatario religioso) Sufi Fazlulah. Pero los talibanes no se desarmaron y a principios de abril 500 milicianos entraron al Bajo Dir y a Buner, impusieron la sharia, lo cual llevó al gobierno a desencadenar la actual ofensiva.

El portavoz del maulama Muhammad indicó ayer que el clérigo habí­a reanudado las negociaciones con el gobierno, que prometió suspender la ofensiva.
La operación Rayo Negro es una prueba de fuego para el presidente Asif Ali Zardari, quien juró esta semana no dejar caer el arsenal nuclear paquistaní­ en manos de los insurgentes. A primeras horas de ayer, unos 60 talibán irrumpieron en un cuartel del distrito del Alto Dir, cerca del valle del Swat, y secuestraron a diez efectivos paramilitares, a los que liberaron trece horas después.

El presidente norteamericano cree que, por ahora, las autoridades paquistaní­es son capaces de garantizar la seguridad del arsenal nuclear con que cuenta ese paí­s, pero, en una conferencia de prensa celebrada en la noche del miércoles, dejó la puerta abierta a una intervención directa de parte estadounidense en el caso de detectarse un peligro inminente de que ese armamento pudiera caer en manos de los "radicales".

En las últimas semanas, funcionarios del gobierno de Obama, generales del Pentágono, y antiguos estrategas de EE.UU. como Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski han sugerido repetidamente que ese Estado con armas nucleares de 170 millones de habitantes podrí­a pronto despedazarse siguiendo lí­neas nacionales-étnicas o caerí­a en gran parte, si no en su totalidad, bajo el control de fundamentalistas islámicos contrarios a EE.UU.

Decidido a imponerse en la guerra afgana, para afirmar la dominación en Asia Central, Washington exige que Islamabad subordine cada vez más sus intereses a los de EE.UU. Para la elite paquistaní­ esto representa una doble amenaza: las polí­ticas que EE.UU. ha impuesto a Pakistán son muy impopulares, desacreditando aún más a un sistema polí­tico corrupto y fundamentalmente antidemocrático y alimentando el descontento social; también están en conflicto con importantes elementos de la estrategia de Pakistán para enfrentar a su archirrival India.

Washington insiste en que los militares paquistaní­es pongan las regiones fronterizas del paí­s bajo una ocupación militar cada vez más dura. Los métodos brutales de pacificación, que los militares paquistaní­es han empleado en repetidas ofensivas en las Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA, por sus siglas en inglés) sólo han enardecido a la población local, atizada el nacionalismo pastún, y causado serias divisiones dentro de las filas del ejército, muchos de cuyos soldados proceden del campesinado pastún.

La expansión de Al Qaeda, los talibanes y otras organizaciones afines en la región de Suat se explica en parte por la estrategia de esos grupos de preocuparse por las necesidades básicas de la gente y concederles la asistencia que no encuentran en el Gobierno.

Pakistán, que durante décadas ha orientado sus prioridades en materia de seguridad hacia India, se resistí­a a lanzarse a una ofensiva que le obligarí­a a distraer recursos militares de su frente tradicional. Recientemente, y ante la insistencia de Washington, el Ejército paquistaní­ ha puesto en marcha, sin embargo, varias operaciones para recuperar terreno bajo control Talibán.

Obama ha tomado nota de ese cambio en un sentido favorable. "En los últimos dí­as", señaló el presidente, "estamos empezando a ver cierto reconocimiento de que la obsesión con India como la amenaza mortal a Pakistán ha sido equivocada y que su mayor amenaza en estos momentos viene desde adentro".

La velada amenaza de una intervención militar por parte de EE UU dentro de Pakistán, ligada a la promesa de miles de millones de dólares en ayudas a la maltrecha economí­a pakistaní­, han obtenido sus frutos haciendo que el ejercito de Pakistán releve tropas de la frontera con Cachemira hacia las regiones tribales y reconquiste las regiones tomadas últimamente por los Talibanes. EE UU pide a Pakistán que vaya ha más y acabe de controlar toda la frontera con Afganistán, Pero una vez controlados a sus zonas de origen en el Swat, el gobierno de Islamabad ha vuelto ha instaurar negociaciones con los Talibanes

Pero las contradicciones internas dentro de la oligarquí­a y el ejército, la deriva islamista de los oficiales y el servicio de inteligencia con muchos lazos con los talibanes. Que ha servido en muchas ocasiones para influenciar en Afganistán y controlar los movimientos independentistas musulmanes en la India. Ven con mucha desconfianza la nueva alianza de EE UU con Nueva Deli. Esta alianza obligarí­a a Pakistán a supeditar sus intereses regionales, en Cachemira y Afganistán a los de los nuevos flamantes aliados, quedando como un aliado secundario y debilitado.

Mientras existan los Talibanes Pakistán mantendrá toda la atención de EE UU, se han convertido en una baza con la que negociar, pero mantienen su autonomí­a y a veces como en semanas anteriores, se escapan al control de el gobierno de Islamabad. Precisamente ese es el Temor de Washington, que esta valorando muy seriamente intervenir militarmente, balcanizar Pakistán y derivar a India como su aliado estratégico en la zona.

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