El Observatorio

Ponyo en el acantilado

Hayao Miyazaki ("El viaje de Chihiro", "El castillo ambulante") culmina su búsqueda del imaginario mágico de los niños con una fábula maravillosa y realmente impactante

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02-05-2009
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Toda ficción hecha por adultos y dirigida al público infantil está atrapada a priori en una contradicción aparentemente irresoluble: cómo seres que rechazan desde la racionalidad y el utilitarismo el imaginario infantil pueden recrear ese mundo para unos seres que crean espontáneamente sus propios relatos mágicos. El resultado suele ser un simulacro en el que, por debajo de una coreografí­a aparentemente infantil, discurre una fábula moral adulta con pretensiones didácticas. Pero con Hayao Miyazaki las cosas cambian.
 Ponyo en el acantilado
Toda ficción hecha por adultos y dirigida al público infantil está atrapada a priori en una contradicción aparentemente irresoluble: cómo seres que rechazan desde la racionalidad y el utilitarismo el imaginario infantil pueden recrear ese mundo para unos seres que crean espontáneamente sus propios relatos mágicos. El resultado suele ser un simulacro en el que, por debajo de una coreografí­a aparentemente infantil, discurre una fábula moral adulta con pretensiones didácticas. Pero con Hayao Miyazaki las cosas cambian.
Si el ideal de una película infantil es, de alguna manera, conseguir transformar en color, forma y movimiento lo que buye en el territorio irrecuperablemente perdido (para un adulto) de la imaginación infantil, en su incesante maquinaria fabuladora, en ese universo sin lógica ni límites racionales, en el que lo mágico y lo práctico se retroalimentan sin hallar contradicción alguna, no me cabe la menor duda que la propuesta de Hayao Miyazaki ("El viaje de Chihiro", "El castillo ambulante"), pero sobre todo, su última película, ahora mismo en las pantallas de toda España, "Ponyo en el acantilado", es una de las que más se acercan a ese objetivo quimérico.

"Ponyo en el acantilado" está construida y alimentada con todos los ingredientes necesarios para intentar conectar de verdad y directamente con el imaginario infantil: como dice Jordi Costa ("Cahiers du Cinema") "la película es una fábula animista color acuarela, completamente libre de toxinas adultas, que parece directamente extraída de la zona más medular e intransferible del imaginario infantil", "la perfecta película de dibujos animados, un  trabajo que no ofrece asideros, ni hace concesión alguna, a ese adulto condenado a fracasar como espectador si no deja, en el vestíbulo de la sala, todo ese cargamento de lógica acumulado con los años".

Todo en "Ponyo en el acantilado" es extraordinario y maravilloso. El colorido y el trazado de los dibujos. Su movimiento incesante y a veces tempestuoso. Los prodigios de imaginación que se derrochan y que sabiamente se combinan con escenas cotidianas muy cuidadas. La impactante música que acompaña todo el relato. El sustrato emotivo de todo la acción. La forma en que se rinde ante la infinita capacidad de los niños de aceptar "al otro".

"Ponyo en el acantilado" es un canto a la rabiosa libertad creativa de la imaginación infantil y también una de las mejores películas que se pueden encontrar ahora mismo en la cartelera, para públicos de cualquier edad. 
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