Selección de prensa nacional

Obama y Gorbachov

Gorbachov se equivocó al estimar la capacidad de autoreforma del sistema soviético, en verdad irreformable. Y Obama se equivoca al pensar que EEUU puede renunciar a su liderazgo universal.

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01-05-2009
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Vaya una imagen y unos argumentos que se ha sacado de la manga el diario Expansión al comparar a Obama con Gorbachov. O tienen una visión polí­tica de un alcance desconocido para el resto de los mortales, o se han hecho eco de los alucinados análisis de algún columnista "hiper-halcón" de los medios norteamericanos.
 Obama y Gorbachov
Vaya una imagen y unos argumentos que se ha sacado de la manga el diario Expansión al comparar a Obama con Gorbachov. O tienen una visión polí­tica de un alcance desconocido para el resto de los mortales, o se han hecho eco de los alucinados análisis de algún columnista "hiper-halcón" de los medios norteamericanos.

La primera parte de su argumentación está clara y todo el mundo, en rasgos generales, la conoce, aunque habría bastantes cuestiones que matizar. La línea reformista de Gorbachov en la URRS a mediados de los años 80 abrió la espita a unas contradicciones en el seno de la burguesía burocrática soviética cuya creciente antagonización llevó al desmantelamiento del régimen y la desaparición de la superpotencia. ¿Es asimilable su experiencia a lo que intenta hacer Obama?
 
Dejando ahora al margen las casi patéticas demandas a Obama para que no deje caer “un orden occidental que tan buenos resultados ha dado al mundo, desde sus orígenes”,  los argumentos que el editorial desgrana para comparar a Obama con Gorbachev no resisten el más mínimo análisis. En primer lugar porque no es cierto, como se dice en él, que Obama quiera convertir a EEUU “en un país como otro cualquiera”. Mucho menos que, como afirma a continuación, quiera dejar de lado “veleidades hegemónicas” y “capacidades militares con las que imponerse”. Una cosa es que Obama rompa con el unilateralismo y la línea de hegemonía exclusiva, sin contemplaciones y por la fuerza, de Bush, y otra muy distinta que vaya a dejar de defender los intereses hegemónicos de EEUU en cualquier rincón del planeta. Lo que no excluye en absoluto, por más multilateralista que sea su doctrina en política exterior, el recurso a la fuerza militar cuando lo considere necesario para defender intereses vitales de dominio y control.
 
Que EEUU pierda “su posición dominante voluntariamente”, es algo que puede atemorizar en sus fantasías al editorialista, pero que ni está en la agenda de Obama –por mucho menos que eso se han quitado de en medio, física o políticamente a más de uno de sus antecesores en el cargo–, ni siquiera en los anales de la historia. No se conoce de ninguna clase dominante en la historia que haya abandonado voluntariamente su poder. Mucho menos de ningún imperio que haya renunciado graciosamente al dominio sobre sus vasallos y tributarios.
 
Como se ve, una editorial que es un auténtico despropósito. A no ser que lo que se quiera sea adormecer las conciencias y bajar la vigilancia de los pueblos con la cantinela de que EEUU, con Obama, ya ha dejado de ser la superpotencia hegemonista que el mundo ha conocido en los últimos 60 años.
 
También sobre cuestiones internacionales trata la columna que hoy escribe Josep Ramoneda en El País a raíz de la visita de Sarkozy a España. Aunque no fuera este seguramente su propósito, en ningún otro sitio se ha dicho con mayor claridad una de las verdades fundamentales sobre Zapatero y su política: “La visita de Sarkozy a España ha dejado una cosa clara: la política internacional española depende más que nunca de Francia”. Casi, casi, añadiríamos nosotros, como en la época que va de Felipe V a Carlos IV.
 
 
 
 
Editorial. Expansión
OBAMA Y GORBACHOV
 
Las ideas tienen consecuencias. Unas veces porque dictan lo que un político quiere hacer, otras porque determinan la forma de ver y entender el mundo y la agenda política.
 
Mijaíl Gorbachov llegó al poder en 1985 después de que el Soviet Supremo hubiera intentado todo para sostener el régimen comunista, convencido de que para que la URSS sobreviviera debía cambiarla.
 
Sus reformas escaparon a su control y la URSS cayó presa de sus contradicciones, insuperables en la antesala de la globalización. Aunque no lo deseaba, Gorbachov ha pasado a la Historia como el líder que desmanteló el régimen soviético. También el que privó a Rusia del estatus de superpotencia.
 
A Barack Obama podría sucederle algo parecido con EEUU. Habiendo disfrutado de una situación hegemónica y dominante en el mundo desde la desaparición de la URSS, está convencido de que para que los Estados Unidos puedan seguir disfrutando de lo que son económica y culturalmente, deben convertirse en un país como otro cualquiera.
 
Sin veleidades hegemónicas y sin capacidades militares con las que imponerse. Con una defensa razonable, esto es, minimalista, y su apertura al diálogo permanente le es más que suficiente. En última instancia, Obama cree que si EEUU está menos activa en el mundo será mejor comprendida y más amada.
 
Por amigos y enemigos. Gorbachov se equivocó al estimar la capacidad de autoreforma del sistema soviético, en verdad irreformable. Y Obama se equivoca al pensar que Norteamérica puede renunciar a su liderazgo universal.
 
Por una sencilla razón: si Estados Unidos pierde su posición dominante voluntariamente, no porque sea incapaz materialmente de garantizarla, nadie va a surgir para reemplazarla. Y la experiencia nos enseña que los sistemas internacionales multipolares tienden a ser más proclives a la inestabilidad y a la fricción. Aún peor, los enemigos de EEUU y de Occidente en general interpretarán su renuncia como una victoria y se crecerán.
 
Se volverán más ambiciosos, a la vez que atrevidos. Lo hemos visto recientemente con Al Qaeda, envalentonada en esta década a causa de la inacción de Clinton en la década anterior.
 
Estados Unidos no puede ser una nación “normal”, como otra cualquiera. No casa con su historia ni con su filosofía. Es más, no cuadra con los imperativos estratégicos del mundo en el que vivimos. Si pierde su hegemonía, pasará a ser una nación acosada y en inferioridad. Hasta que se crezca de nuevo.
El problema es que en ese ínterin, el daño que el retraimiento americano, disfrazado de normalización, puede causar a la estabilidad y la paz mundial puede ser incalculable.
 
Tanto como para poner fin al orden occidental que tan buenos resultados ha dado al mundo, desde sus orígenes. Gorbachov privó al mundo de una de las dos superpotencias; Obama puede, sin quererlo, acabar con la que nos quedaba. Pero eso es tanto como privarnos de la potencia que, con todos sus defectos, ha estado en la cuna de nuestra prosperidad y seguridad.
EXPANSIÓN. 30-4-2009
 
 
 
 
Opinión. El País
EL HERMANO MAYOR
Josep Ramoneda
 
Pasó la visita del hermano mayor y, como era previsible, hubo más espectáculo y ruido mediático que acuerdos concretos. Los diputados españoles tienen la suerte de que en su mayoría sólo oirán a Sarkozy una vez en la vida. Seguro que si tuvieran que verlo cada día un montón de veces en la tele como los ciudadanos franceses, no les habría entrado este ataque provinciano de fascinación ante el show personal del presidente de la República Francesa. Los ciudadanos franceses saben por experiencia lo que los diputados españoles parecen ignorar: que Sarkozy habla mucho pero hace bastante menos. La distancia entre las promesas verbales del presidente a propósito de la conexión eléctrica y ferroviaria entre los dos países y el texto del comunicado conjunto es elocuente. Se dice, en Francia, que Sarkozy sale cada cuarto de hora en la televisión y cada media hora pierde cuota en los sondeos de opinión.
 
La significación política de la visita de Sarkozy pasa por dos puntos. En primer lugar, los dos protagonistas principales: el presidente francés y el presidente del Gobierno español. Sarkozy vive en la melancolía de los seis meses de su presidencia europea: su gran momento de gloria. Venir a España a dar consejos de hermano mayor a quien ocupará la presidencia europea a principios del año próximo, sabiendo que será escuchado con devoción y reconocimiento, ha sido un chute de autoestima en un momento en que la agitación social crece en Francia. Zapatero, desbordado por el paro, con dificultades para salir del atolladero en que se metió con su ninguneo de la crisis, y sin la energía o la voluntad necesaria para arrancar en política internacional, a la que tiene inexcusablemente que dedicar mayor atención, ha encontrado en la visita la oportunidad de codearse con uno de los grandes y demostrar una especial empatía con alguien del que el PP creía tener el monopolio de la representación en España (...)
 
El segundo factor político del viaje ha sido la afirmación del momento de extraordinaria sintonía que viven las relaciones entre España y Francia. De lo mal que habían ido las cosas en el pasado da cuenta el hecho insólito de que se tenga que agradecer con entusiasmo la colaboración de Francia en la lucha contra ETA, algo que debería darse por supuesto siempre (...)
 
Sarkozy, con su hiperactivismo y su incapacidad para guardar las distancias que la función presidencial requiere, ha dejado huérfanos a los franceses que siempre habían visto al presidente de la República como un gran padre. Su papel es más impertinente. Es el del hermano mayor que trata de encauzar las vidas de los hermanos pequeños. De modo que Francia ya no ningunea a España, pasó el tiempo de los discursos pour l'Espagne et le Marroc, pero Sarkozy quiere seguir tutelándola. Y no con la discreción del amigo sino con la suficiencia del primogénito. Da por hecho que España tiene plaza fija en el G-20, pero dejando claro quién ha sido el promotor y a quién se debe el reconocimiento. Se permite anunciar las que deben ser las claves de la presidencia europea española, de modo que su disposición a ayudar no disimula la voluntad de tutelar. La visita de Sarkozy a España ha dejado una cosa clara: la política internacional española depende más que nunca de Francia. Salvo que Zapatero, todavía bastante inédito en la materia, sepa construir puentes al margen de los franceses, por ejemplo, con Obama. Y con Turquía.
EL PAÍS. 1-5-2009
 
 
 
Opinión. Público
¿ILEGALIZAR A LOS INMIGRANTES PARADOS?
Antonio Izquierdo
 
La indecisión sobre si se ha de ilegalizar y expulsar a los inmigrantes legales que han perdido el empleo demuestra que en España domina una ideología negativa respecto a la inmigración. Significa que el que trabaja en aquello que no queremos hacer puede venir, pero que cuando pierde el empleo se convierte en una mercancía peligrosa, en una mano de obra desechable y con derechos reversibles.
 
Esa exhibición de cinismo social denota, además, una falsa conciencia de la realidad. Pues sabemos que la mayoría de los inmigrantes desempleados ni se van ni son expulsados. No hay medios para echarlos ni es rentable su salida. La mayoría van del paro al trabajo sumergido. Esa ideología es negativa, porque socava los cimientos de la democracia y defiende la preferencia nacional. Pensar que la Administración se dedique a fabricar irregulares denegándoles la renovación del permiso cuando pierden el empleo va contra la lógica democrática de la igualdad legal y de la integración social.

La ideología negativa y defensiva se evidencia en que la legalidad se supedita a la conservación del trabajo y a que no vengan otros. No hay legalidad sin empleo, ni regularización sin cerrojo exterior. La razón de fondo del debate rebasa, sin embargo, el impacto de la presente crisis económica y reside en una conciencia trágica de la emigración que es hegemónica en la mentalidad española. No se quiere repensar nuestra experiencia histórica, así que la idea dominante es que toda migración expresa pobreza y fracaso nacional.

¿Cuál es hoy el clima mental? La mitad de los encuestados cree que sólo se debe legalizar a los que tienen trabajo, un tercio piensa que el hecho de vivir aquí es razón suficiente y el resto quiere devolverlos al país de origen. Así que tenemos una franja significativa de españoles solidarios, una minoría de racistas y una mayoría que opta unas veces por la igualdad y otras por la discriminación. La política democrática tiene la misión de reducir el “racismo enlatado” y evitar que salga de las encuestas a la calle.
 
Los sondeos del CIS revelan que la “imaginación pública” supera a las opiniones formadas. Los entrevistados multiplican por cinco la proporción registrada de inmigrantes extracomunitarios. Y creen que los foráneos reciben muchas más ayudas del Estado que los ancianos o los parados. El Gobierno debe ofrecer datos y valores para conformar una ideología positiva de la inmigración que evite la exageración y la mala comprensión de la realidad.

Tenemos la obligación moral de forjar un espíritu público que esté informado, científica e idealmente. Porque no se debilita la economía sumergida ilegalizando al trabajador ni se fortalece la democracia excluyendo al desempleado. ¿Estamos dispuestos a ilegalizar y expulsar al cónyuge que pierde su empleo separándolo del que lo conserva? La articulación de un “orden migratorio” justo requiere defender la estabilidad legal de los inmigrantes desempleados, porque la “irregularidad a la carta” genera inestabilidad democrática y contribuye al desorden de los mercados de trabajo.
PÚBLICO. 30-4-2009
 
 
 
 
 
Opinión. El Correo
EL REGRESO DEL AUXILIO SOCIAL
Manuel Alcántara
 
Bien sabe Dios que nunca me ha gustado profetizar zodíacos funestos. ¡Es tan fácil adquirir fama de profeta anticipando que vendrán tiempos peores! Está demostrado que a ningún ser humano le han tocado unos buenos tiempos en los que vivir. Ni siquiera la llamada 'belle época' fue bella para todos. Sólo una minoría lo pasó bien, refugiada en sus privilegios y, sobre todo, amparada en su frivolidad, pero ahora los tiempos han variado algo, no demasiado, y cada vez es más dificultoso llevar una vida razonablemente satisfactoria si estamos rodeados de miseria.
 
Quien no tenga una parte de su cerebro influida por el marxismo no es un contemporáneo, del mismo modo que quienes lo tengan todo son unos fanáticos. Ni tanta exuberancia capilar como la de don Carlos, ni todo calvos. El PIB español se ha contraído un 1,8% en su peor trimestre en medio siglo, pero nuestro presidente, inasequible a las cifras, insiste en decirnos que «lo peor ha pasado ya».
Está regresando Auxilio Social, si bien con otro nombre. A mí no me engaña. Ni a mí ni a ningún componente de la generación llamada de «los niños de la guerra». Ya vamos quedando pocos. Solamente los de mayor resistencia, o sea, a los que no pudieron matarnos de hambre ni los unos ni los otros y habrá que rematarnos setenta y tantos años después.
 
Confiemos en que les falle la puntería, pero de momento ha reaparecido Auxilio Social. Unicaja, que es una institución muy querida por mí, dado su apoyo a la cultura en general, en unión a diversas ONG, van a repartir cheques-menús en Andalucía. El objetivo es ayudar a personas «con dificultades económicas». Dicho de esta manera, más fácil de entender: se trata de darle de comer a quienes no pueden ganarse el sustento. Lástima que los discursos carezcan de proteínas.
EL CORREO. 1-5-2009
 
 
 
 
 
 
 
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