Raúl Castro responde a EE UU

No es Cuba la que tiene que hacer gestos

"El bloqueo quedó intacto, no hay pretexto polí­tico ni moral que justifique la continuidad de esa polí­tica", dijo Raúl.

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30-04-2009
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"Cuba no ha impuesto sanción alguna contra Estados Unidos ni contra sus ciudadanos. No es Cuba la que tiene que hacer gestos", aseguró el mandatario cubano en respuesta al pedido de "gestos" que habí­a hecho Obama.
 “No es Cuba la que impide a los empresarios de ese paí­s hacer negocios con el nuestro, no es Cuba la que persigue las transacciones financieras realizadas por los bancos norteamericanos, no es Cuba la que tiene una base militar en territorio de los Estados Unidos contra la voluntad de su pueblo”, subrayó Raúl Castro.(EFE)
“No es Cuba la que impide a los empresarios de ese paí­s hacer negocios con el nuestro, no es Cuba la que persigue las transacciones financieras realizadas por los bancos norteamericanos, no es Cuba la que tiene una base militar en territorio de los Estados Unidos contra la voluntad de su pueblo”, subrayó Raúl Castro.(EFE)
"Cuba no ha impuesto sanción alguna contra Estados Unidos ni contra sus ciudadanos. No es Cuba la que tiene que hacer gestos", aseguró el mandatario cubano en respuesta al pedido de "gestos" que habí­a hecho Obama.
El presidente cubano, Raúl Castro, dijo ayer que Cuba "no es la que tiene que hacer gestos" después de la reciente eliminación de restricciones por parte del presidente estadounidense, Barack Obama, sobre viajes y remesas hacia la isla.

Al hablar en el discurso de apertura de la reunión ministerial del Movimiento de Paí­ses No Alineados, Castro coincidió en este sentido con afirmaciones hechas por escrito dí­as atrás por su hermano, el lí­der revolucionario Fidel Castro, en cuanto a que la eliminación de las restricciones son "medidas que si bien son positivas su alcance es mí­nimo", aunque reiteró su oferta de diálogo en "igualdad de condiciones".
"Cuba no ha impuesto sanción alguna contra Estados Unidos ni contra sus ciudadanos.

No es Cuba la que tiene que hacer gestos", aseguró el mandatario. Esta es la primera respuesta directa del gobernante cubano al pedido de "gestos" que hizo Obama a Cuba en la Cumbre de las Américas el 19 de abril, como una liberación de presos polí­ticos.

"No es Cuba la que impide a los empresarios de ese paí­s hacer negocios con el nuestro, no es Cuba la que persigue las transacciones financieras realizadas por los bancos norteamericanos, no es Cuba la que tiene una base militar en territorio de los Estados Unidos contra la voluntad de su pueblo", subrayó Raúl Castro.

El presidente consideró "positivas" pero con "alcance mí­nimo" las medidas adoptadas el 13 de abril por Obama, que eliminó todas las restricciones a los viajes de cubano-estadounidenses y enví­o de remesas.

"El bloqueo quedó intacto, no hay pretexto polí­tico ni moral que justifique la continuidad de esa polí­tica", dijo Raúl.

Raúl Castro reafirmó su disposición a discutir "todo", como ofreció, incluyendo expresamente "derechos humanos y presos polí­ticos", el 16 de abril, en una reunión con sus aliados de la Alternativa Bolivariana para las Américas, en Venezuela, en ví­spera de la Cumbre. "Hemos reiterado que estamos dispuestos a hablar de todo con el gobierno de Estados Unidos, en igualdad de condiciones, pero no a negociar soberaní­a ni nuestro sistema polí­tico y social, el derecho a la autodeterminación ni nuestros asuntos internos", manifestó.

Al reaccionar, Washington insistió en su demanda: "Estamos interesados en dialogar con Cuba, pero creo que la comunidad internacional quiere ver pasos desde La Habana, para evaluar la seriedad de ese gobierno sobre un diálogo sobre toda una serie de temas", dijo Robert Wood, el portavoz del Departamento de Estado. Pese al cruce de declaraciones, el pasado lunes y el 13 de abril se reunieron el responsable para América latina del Departamento de Estado, Thomas Shannon, y el jefe de la Sección de Intereses de La Habana en Washington, Jorge Bolaños.

"Hemos reiterado que estamos dispuestos a hablar de todo con el gobierno de Estados Unidos, en igualdad de condiciones, pero no a negociar soberaní­a ni nuestro sistema polí­tico y social, el derecho a la autodeterminación ni nuestros asuntos internos", subrayó.

Si bien no es la primera vez que Castro expresa su disposición al diálogo, resultó novedosa la enumeración de temas siempre considerados "sensibles" en el caso cubano, sus palabras prueban que el gobierno está interesado en negociar, sólo que el trato debe ser entre iguales. Sin contradecirlo, el ex presidente Fidel Castro medió en este punto para aclarar que, con su afirmación, su hermano menor "expresa que no teme abordar cualquier tipo de asunto". "Es una muestra de valentí­a y confianza en los principios de la Revolución", remarcó en una de sus últimas columnas de opinión.


Para Obama desbrozar tantas décadas de" bloqueo" y de apoyar un lobby anticastrista que se ha instalado durante ese tiempo en las estructuras del congreso y el estado, no es una cuestión tan simple. Aunque los vientos de cambio se ven en las nuevas generaciones de cubano-estadounidenses, que recientemente en encuestas publicadas en EE UU, mayoritariamente ven el bloqueo como algo del pasado. Los intereses de este lobby, que ha sobrevivido a costa de la presencia del bloqueo y la necesidad de enrolar a cubanos en sus actividades de inteligencia y contrainsurgencia en Latinoamérica y en EE UU, también han adquirido relaciones y cuota de poder en las instituciones.

Pero cuando dos pueblos empiezan a interactuar, es más difí­cil estereotipar y demonizar al otro. Por eso da la sensación de que se ha echado a rodar un proceso irreversible que culminará, más tarde o más temprano, con la normalización de las relaciones bilaterales.

Por eso y por el contexto internacional. A partir de la formación frente antihegemonista latinoamericano, donde confluyen distintos procesos de integración regional, el bloque ha colocado la cuestión cubana al tope de su agenda de prioridades, casi como un acto fundacional de ejercicio de soberaní­a frente a los distintos bloques comerciales y polí­ticos que se van consolidando alrededor del mundo.

El problema para Barack Obama es que si quiere probar en los hechos que tiene una actitud distinta con América latina, tendrá que hacerlo poniéndole fin al bloqueo y normalizando las relaciones con Cuba. Por el carácter de Estados Unidos como sobreviviente de la Guerra Frí­a y de expresión más acabada de la prepotencia imperial en las relaciones con el continente, Obama no podrá quedarse únicamente en la flexibilización de la circulación de personas, enví­os de remesas y sostenimiento del comercio ya existente. Tendrá que avanzar en la concreción de reuniones directas con los dirigentes cubanos y el establecimiento de relaciones normales con la isla como el último gobierno de América que se resistió a ello.

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