Cómic

El otro mundo

El dibujante de El Jueves, Miguel Brieva, publica un excelente volumen en el que reflexiona sobre la publicidad y los desmanes del capitalismo.

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01-05-2009
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Humor ácido, sin concesiones, viñetas afiladas que disparan contra la raí­z del sistema, sin perderse como es habitual, en las vicisitudes y los vaivenes de la actualidad polí­tica. Esto es lo que nos ofrece el sevillano Miguel Brieva cada semana en su habitual viñeta de la revista El Jueves. Ahora publica, al margen de este trabajo, un compendio de "puñetazos" gráficos basados en un concepto perverso de la publicidad. En este álbum recientemente publicado por Mondadori, Brieva mantiene el pulso de la ironí­a para hablar de lo absurdo del mercado al que nos sometemos tan alegremente. Cada página recoge en un latigazo la roña social que ha logrado hacer del consumidor, en ocasiones, un ser sin criterio. Y encima gusta.
 El otro mundo
Humor ácido, sin concesiones, viñetas afiladas que disparan contra la raí­z del sistema, sin perderse como es habitual, en las vicisitudes y los vaivenes de la actualidad polí­tica. Esto es lo que nos ofrece el sevillano Miguel Brieva cada semana en su habitual viñeta de la revista El Jueves. Ahora publica, al margen de este trabajo, un compendio de "puñetazos" gráficos basados en un concepto perverso de la publicidad. En este álbum recientemente publicado por Mondadori, Brieva mantiene el pulso de la ironí­a para hablar de lo absurdo del mercado al que nos sometemos tan alegremente. Cada página recoge en un latigazo la roña social que ha logrado hacer del consumidor, en ocasiones, un ser sin criterio. Y encima gusta.
"¡Lo bueno del capitalismo es que no hace discriminación alguna a la hora de explotar!". Esta es una de las sentencias que corona una de sus viñetas, protagonizada por un pintor manco que entre sudores y latigazos trabaja apresuradamente con los pies. Una dura reflexión entre lo cómico y lo amargo, sobre lo perniciosa que puede llegar a ser la propaganda institucional si no estamos alerta.
 
Para Brieva, El otro mundo es una exagerada y delirante versión de nuestra realidad, que "parece más real que la realidad misma, porque quita los tapujos y camuflajes". Brieva retrata con un toque surrealista y profundamente irónico cada uno de los aspectos en los que la propaganda del sistema cala en nuestra vida cotidiana a través de eufemismos, consignas y eslóganes publicitarios.
 
En principio, no parece que traiga muchas alegrías el hecho de ser capaces de ver con claridad las porquerías que nos ofrece este mundo; sin embargo, Brieva ve grandes ventajas críticas: "Verlo puede hacernos replantear nuestro comportamiento y probar a ser verdaderamente libres". Toda una posición, tomada por un autor que nunca dirige su sátira sobre el político de turno o el acontecimiento polémico del momento. Brieva va más allá, sabe que los problemas de este mundo no son un cuestión personal de tal político o tal otro, sean del signo que sean, y ataca a la raíz del sistema, con elocuencia y lucidez.
 
Además de todo esto, ¡Brieva dibuja bien! Su dominio de la figura humana, la minuciosida de su trazo con la plumilla y su inteligente aplicación del color, hacen que en ocasiones, al observar sus viñetas, nos de la sensación de que nos encontramos frente a un grabado del siglo XIX. Quizá este aire “retro” que nos inspira su dibujo “serio” en las formas, es el que le confiere un toque de esa extraña ficción que se nos antoja demasiado real como para no creérnosla.
 
En los aforismos congelados, intrínsicamente relacionados con la mejor obra gráfica de Goya, que viene apuntando desde obras como Dinero, ha tratado de derrumbar toda convención social. Y ahora aprovecha para lanzar un llamamiento: "Creativos, publicistas y demás profesionales de la imaginación, dejad ya eso, que está muy feo, y regalad al mundo algo que a vosotros y a los demás nos haga de verdad felices".
 
 
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