EE UU y el conflicto de Oriente Medio

EE UU presiona a Israel

La ultraderecha sionista no ve ni verá con buenos ojos (lo ha dicho expresamente) el nacimiento de un Estado palestino .

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29-04-2009
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En conversaciones con el rey Abdullah, de Jordania, la Casa Blanca aseguró su compromiso con una solución de dos estados en el conflicto de Oriente Medio, pese a la renuencia del gobierno de derecha de Netanyahu a apoyar un eventual Estado palestino. En conversaciones con el rey Abdullah, de Jordania, la Casa Blanca aseguró su compromiso con una solución de dos estados en el conflicto de Oriente Medio, pese a la renuencia del gobierno de derecha de Netanyahu a apoyar un eventual Estado palestino.











La solución del conflicto palestino-Israelí,  parece ser uno de los puntos en los cuales la Casa Blanca tiene especial interés, desde luego, siempre que su aliado esencial en la zona, Tel Aviv, no sea llevado contra la pared a pesar de sus tremendos crímenes.

Hace apenas unos días, y sobre el susodicho entuerto, Washington instó al primer ministro israelí, el derechista Benjamin Netanyahu, a aceptar la meta de la creación de un Estado palestino, al tiempo que solicitaba a los beligerantes "alejarse del abismo".

En conversaciones con el rey Abdullah, de Jordania, la Casa Blanca aseguró su compromiso con una solución de dos estados en el conflicto de Oriente Medio, pese a la renuencia del gobierno de derecha de Netanyahu a apoyar un eventual Estado palestino.

De manera que resulta evidente que para la administración norteamericana el asunto radica en picar el pastel, dar un pedazo a cada uno de los contendientes, y asunto terminado. Solo que la fórmula ni es tan simple ni pareja.

El gobierno estadounidense hace todo lo posible por lograr que sean las tendencias palestinas menos radicales aquellas que lideren y encabecen el proyectado Estado palestino independiente, para evitar reclamaciones de fondo a Tel Aviv y, sobre todo, poner fin a las acciones militares de los rebeldes árabes contra su punta de lanza en el Medio Oriente.

Esa es la nueva fórmula con la cual dice haberse involucrado profundamente.

Desde luego, la tarea no es fácil. Para lograr materializar el plan de un territorio palestino inmovilizado y de un Israel militarmente fuerte y con todas las seguridades posibles en su frontera, tiene que convencer, en primer lugar, a su cerril ahijado.

La ultraderecha sionista no ve ni verá con buenos ojos (lo ha dicho expresamente) el nacimiento de un Estado palestino con determinadas prerrogativas y, por tanto, las ideas del equipo de Obama no dejan de dejarle un mal sabor.

Una fuente de prensa aseguraba hace unos días que “la diplomacia de EE.UU. respecto a Oriente Medio se ha visto complicada por el advenimiento al gobierno en Tel Aviv de una coalición liderada por Netanyahu, quien desde que asumió el poder ha evitado reconocer el derecho de los palestinos a un estado independiente”.

De manera que el pulso apenas comienza entre un Washington que ha diseñado la solución a su manera, unos palestinos que bien podrían escindirse mucho más frente a semejantes proyectos, y el gobierno derechista israelí que rechaza de plano todo lo que huela a libre determinación árabe.
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