Educación

Cuentos de hadas plastificados

¿Alguien imagina a una ama de casa sin el bachillerato intercambiando pareceres con un paleontólogo Premio Prí­ncipe de Asturias?

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27-04-2009
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Ferrán Ramón-Cortés es consultor de imagen y comunicación, asesor en varias campañas electorales y actualmente de cargos públicos y polí­ticos, se dedica a la investigación y la divulgación en el terreno de la comunicación personal. El pasado fin de semana publicó un artí­culo sobre la comunicación entre adultos y niños, titulado "Conectar con los más pequeños". Pese a describir y desarrollar las cualidades de la narración simbólica frente al lenguaje conceptual - una herramienta muy eficaz para "conectar" - la representación de la relación con los niños es totalmente errónea: los adultos analizan y comprenden conceptualmente, los niños imaginan y viven historias. Un clásico divorcio artificial que infantiliza a "los más pequeños" y elitiza a los más grandes. Ferrán Ramón-Cortés es consultor de imagen y comunicación, asesor en varias campañas electorales y actualmente de cargos públicos y polí­ticos, se dedica a la investigación y la divulgación en el terreno de la comunicación personal. El pasado fin de semana publicó un artí­culo sobre la comunicación entre adultos y niños, titulado "Conectar con los más pequeños". Pese a describir y desarrollar las cualidades de la narración simbólica frente al lenguaje conceptual - una herramienta muy eficaz para "conectar" - la representación de la relación con los niños es totalmente errónea: los adultos analizan y comprenden conceptualmente, los niños imaginan y viven historias. Un clásico divorcio artificial que infantiliza a "los más pequeños" y elitiza a los más grandes.
Ramón-Cortés empieza por aclarar que nadie no puede pretender comunicarse con los niños a través de una explicación conceptual, pues es un código que no se entiende. Y es cierto. Una buena historia o un cuento, despiertan el interés y ofrece la información o la emoción de manera que pueden acceder a ella, hacerla suya y moldearla. Pero no porque son “niños”, sino porque su nivel de madurez y conciencia no les permite comprenderlo.

Cuando el autor habla de que el niño visualiza las imágenes que se le relatan, las imagina y las vive, ¿qué diferencia pues hay con la reacción de un adulto ante una misma situación adecuada a su nivel de madurez y conocimiento?, ninguna. Cualquiera es capaz de comprender y asumir mejor el corazón de una trama o concepto si se expone de manera “viva”, ligada a hechos o acontecimientos de su vida, o con representaciones simbólicas que despierten emociones. Se siente, se vive, se reconoce en algo cercano… se comprende. No es un código exclusivo de los niños, sino una forma de comunicarse viva, frente a los clichés o formalismos conceptuales. Otra cosa es el lenguaje científico o la teorización.

Pero ¿de qué manera alguien con muy poca formación – se diría, como la de un niño – puede comprender cosas que supuestamente no pueden estar a su alcance? ¿Alguien imagina a una ama de casa sin el bachillerato intercambiando pareceres con un paleontólogo Premio Príncipe de Asturias? Esto ya no es extraño en foros como el que esta casa organiza desde hace años.

Por otra parte Ramón-Cortés señala la importancia del vínculo afectivo que a través de esta relación con los cuentos y las historias como medio de comunicación, se establece con los niños. Sin duda una cualidad atribuible a todo buen orador o, más sencillamente, a cualquier persona a la que reconozcamos por el gusto de escucharle. Se le identifica con el placer que se siente cuando habla por la viveza o riqueza con la que se comprende lo que dice. Hay que insistir: no es exclusivo de los niños.

Las consecuencias que este divorcio tiene – esta forma de concebir y actuar con “la infancia” – son el aislamiento de la realidad y la declaración de irresponsabilidad “idiotizante”. Porque tarde o temprano se resta conciencia sobre cuestiones para las que “aún no están preparados porque son niños”, o que hay que explicarlas dentro de tamaña distorsión que nada tiene que ver con la realidad. Es más bien un cuento de hadas plastificado.

Confundir la fantasía, la imaginación, y el relato vivo con códigos de madurez es casi perverso, porque oculta que lo importante es el contenido de los que se aprende, no cómo se aprende. Para adultos, y para niños. Y al mismo tiempo infantiliza un método de comunicación “vivo” restringiendo el conocimiento a aquellos que por su formación se manejen con la comunicación conceptual, en mayor o menor grado.
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