Salud

Pastillas para el Olvido

"pensar una práctica no consiste en calcular sus efectos, sino en reconocer en qué historias se encuentra enredada, qué mito la funda"

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27-04-2009
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Según un artí­culo publicado recientemente en el New York Times, cientí­ficos de un centro sanitario estatal trabajan en la aplicación de un fármaco llamado ZIP, cuyo efecto es el de borrar la memoria llamada "declarativa" -hechos o datos, no emociones -. Todd Sacktor lidera el grupo investigador en el centro médico de SUNY Downstate, con sede en Brooklyn, que persigue el tratamiento de recuerdos traumáticos, de adiciones o la mejora de la memoria y el aprendizaje. La medicina puesta al servicio del control externo de la conciencia. Según un artí­culo publicado recientemente en el New York Times, cientí­ficos de un centro sanitario estatal trabajan en la aplicación de un fármaco llamado ZIP, cuyo efecto es el de borrar la memoria llamada "declarativa" -hechos o datos, no emociones -. Todd Sacktor lidera el grupo investigador en el centro médico de SUNY Downstate, con sede en Brooklyn, que persigue el tratamiento de recuerdos traumáticos, de adiciones o la mejora de la memoria y el aprendizaje. La medicina puesta al servicio del control externo de la conciencia.
En sus experimentos el equipo ha logrado incluso borrar el recuerdo de un sabor en ratas de laboratorio. Pese a que se argumenten todos los posibles beneficios que puede tener para la superación de recuerdos dolorosos que produzcan sufrimiento o condicionen la vida, e incluso se pueda contar, seguramente, con la aprobación de muchos enfermos que desearían borrar algunas cosas de entre sus recuerdos, no podemos dejar de cuestionar la orientación de este fármaco y el origen de la investigación. Por una contundente razón:

A parte del tiempo de vida, en la conciencia reside la máxima expresión de libertad de un individuo. A mayor nivel de conciencia mayor capacidad de decisión, más libertad. No se pretende aquí entrar en la posibilidad o entresijos estrictamente médicos o científicos, sino preguntarse quién, cuándo y para qué.

Lo primero que queda desaparecido es el papel que juega la conciencia en la vida de cualquier individuo y como esta actúa. No se pueden concebir los recuerdos como hechos aislados y desconectados del resto del ser social, y una rata no es un ser social. Pretender tratar un trauma haciendo desaparecer un recuerdo es como querer curar una metástasis extirpando el tumor; no se puede porque el cáncer se ha extendido por todo el cuerpo y hay que tratarlo de conjunto, multidisciplinarmente y con suma precisión para derrotarlo.

Es más, aun suponiendo que el recuerdo desapareciera totalmente, no deja de ser un recuerdo consciente desde el que realmente no actúan las profundas contradicciones subconscientes e inconscientes que existan.

Como plantea Laurent Cornaz – miembro de la escuela lacaniana de psicoanálisis - “pensar una práctica no consiste en calcular sus efectos, sino en reconocer en qué historias se encuentra enredada, qué mito la funda”; colectivo, y sus raíces personales.

Por eso cabe pensar que la utilidad no pueda estar más que pensada desde el objetivo de hacer desaparecer recuerdos concretos, hechos, personas o datos. La utilidad para el tratamiento de patologías mentales o traumas es más que cuestionable, aunque no absolutamente rechazable. Eso sí, no viniendo de un proyecto parido en la red estatal sanitaria de EEUU. Siendo los presupuestos de partida los que son, no cabe más que desconfiar. Si se permite
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