Selección de prensa nacional

La Gran Depresión española

Las peores previsiones se están haciendo realidad, la destrucción de empleo está alcanzando niveles de extrema virulencia. Esto no es una recesión. Esta es la Gran Depresión española

0
0 votos
27-04-2009
Publicidad
Jesús Cacho en El Confidencial de ayer domingo lanza un aviso para navegantes. "Esto no es una recesión. Esta es la Gran Depresión española", el incendio iniciado en la construcción se ha desbordado, arrasando a todos los sectores productivos de la economí­a. Según su perspectiva, España lleva camino de plantarse en los 6 millones de parados de aquí­ a finales de 2010. Desde su punto de vista, nuestro paí­s vive la amenaza de una economí­a creciendo entre el 0,5% y el 1,5% durante muchos años, con tasas de paro superiores al 20%. Perspectiva cada dí­a más cercana debida a la polí­tica del gobierno Zapatero y que dibuja en el horizonte un empobrecimiento colectivo atroz.
 La Gran Depresión española
Jesús Cacho en El Confidencial de ayer domingo lanza un aviso para navegantes. "Esto no es una recesión. Esta es la Gran Depresión española", el incendio iniciado en la construcción se ha desbordado, arrasando a todos los sectores productivos de la economí­a. Según su perspectiva, España lleva camino de plantarse en los 6 millones de parados de aquí­ a finales de 2010. Desde su punto de vista, nuestro paí­s vive la amenaza de una economí­a creciendo entre el 0,5% y el 1,5% durante muchos años, con tasas de paro superiores al 20%. Perspectiva cada dí­a más cercana debida a la polí­tica del gobierno Zapatero y que dibuja en el horizonte un empobrecimiento colectivo atroz.
 
Prensa Digital. El Confidencial
EL PARO Y LA CULTURA DE LA RESIGNACIÓN
Jesús Cacho
 
La del viernes 24 de abril de 2009 será una fecha para recordar en la Historia de España. Por primera vez, la tasa de paro superó la cifra de los 4 millones (...) Pero esto no queda así; esto se hincha. Las peores previsiones se están haciendo realidad: con un mercado laboral rígido, con una estructura salarial indiciada y con la economía en caída libre, la destrucción de empleo está alcanzando niveles de extrema virulencia. Esto no es una recesión. Esta es la Gran Depresión española. Si la mecha que prendió el fuego fue el desplome de la construcción, el incendio se ha extendido ahora al resto de los sectores y no es aventurado afirmar que terminaremos el año con una tasa del 18,5% de la población activa, y que a finales de 2010 podríamos muy bien alcanzar el 21,5%. En definitiva, en los próximos 24 meses más de dos millones de trabajadores pasarán a engrosar las filas del paro. ¿Puede un país como España resistir una cifra cercana a los 6 millones de desempleados?
 
Hay quien piensa que no. Hay quien piensa que a la vuelta del verano podemos estar con la gente en la calle golpeando las cacerolas, con la mafia sindical -la que medra con las subvenciones del Estado, la preocupada por el mantenimiento del empleo de los suyos, con desprecio de los que lo han perdido- atrincherada en sus sedes e insultando a los manifestantes al grito de fascistas. Y mientras el país se empobrece y camina hacia esa argentinización a marchas forzadas, el Gobierno sale por la televisión para seguir enmascarando la realidad y pedir calma. No seamos "apocalípticos". Tenemos un Gobierno que está de relator. De cronista mentiroso de la realidad. España ha padecido muchos gobernantes ineptos, pero seguramente ninguno tan peculiar como JLRZ, capaz de unir a su inveterado optimismo una ignorancia catedralicia. (...) En la mayor tormenta económica de nuestra reciente Historia, que es también crisis política y social, ergo de valores, hemos colocado en el puente de mando a un insensato que por todo mar ha cruzado el Esla a pie y en verano. Zapatero se ha convertido en una tragedia para España, cuyas consecuencias padeceremos durante muchos años.
 
Un sujeto que hoy mismo nos dirá que lo peor de la crisis ha pasado ya y que, en todo caso, ahí está él para protegernos de las garras de una derecha que pide reducir el gasto público. Que esto va a mejorar ya mismo lo dijo la señora Salgado -viva estampa del drama nacional- el viernes, si bien un día antes había dicho algo peor: que todavía hay margen para seguir endeudándonos. El Gobierno se enfrenta a la dramática coyuntura que padecemos con actuaciones populistas, incoherentes y fragmentarias, que contribuirán a prolongar la agonía y a hacer más difícil la salida del túnel. El diagnóstico de la enfermedad es conocido: la disminución de ingresos derivada de la recesión, el aumento del gasto público discrecional y el dinero que habrá que destinar al salvamento del sistema financiero llevarán el déficit público hasta el 9,5% del PIB en 2009 o muy cerca, y seguramente hasta el 10% en 2010. Entre 2007 y 2008, el Ejecutivo ha dilapidado 6 puntos del PIB sin que ello haya tenido ningún impacto sobre la actividad, toda una curiosa demostración de eficacia por parte del keynesianismo fiscal practicado por Zapatero y Solbes.
 
En un entorno deflacionario como el presente y en economías altamente endeudadas como la española, la combinación de demanda agregada y precios en caída libre con salarios reales en crecimiento -olé, otra vez, a los sindicatos- se traducirá inexorablemente en nuevos cierres de empresas y en más paro, retroalimentando el proceso recesión/depresión. Se ha dicho hasta la saciedad que una economía rígida y carente de flexibilidad como la española reacciona ante un entorno crítico como el actual destruyendo de forma masiva producción y empleo. Si a ello se le suma una política alocada de gasto público, el panorama adquiere tintes tenebrosos. Vamos de cabeza hacia situaciones de estancamiento tan dilatadas como la de Alemania o Portugal, que lleva más de 10 años en el pozo, por no hablar de Japón. Con la diferencia de que el paro portugués, con ser alto, se ha mantenido en torno al 12% y el japonés nunca ha superado el 5%. Para España, la amenaza de una economía creciendo entre el 0,5% y el 1,5% durante muchos años, con tasas de paro superiores al 20%, está cada día más cerca, lo cual pergeña un horizonte de un empobrecimiento colectivo atroz. Por mantener el Estado del Bienestar en su actual versión a toda costa, corremos el riesgo de acabar con cualquier traza de bienestar.
 
Ya sabemos cuál es la respuesta oficial: más gasto público y más intervención, la receta que jamás ha sacado a país alguno de la crisis. Con JLRZ en Moncloa, todo lo que sea susceptible de empeorar, empeorará. El nuevo mantra presidencial para estos días consistirá en decirnos que los indicadores económicos van a empezar a mejorar de inmediato, y es cierto: el enfermo tiene el pulso tan bajo, ha perdido ya tanta sangre, que es imposible que siga empeorando. La caída de las ventas de coches tenderá a moderarse, porque ha caído ya todo lo que tenían que caer, y otro tanto ocurre con la mayoría de los indicadores. Pero eso no significa que la recuperación esté cerca. Para volver a la senda de un crecimiento estable es imprescindible articular una política de estabilidad presupuestaria basada en el control del gasto público, y es urgente abordar la liberalización de los mercados (entre ellos el laboral) para dotarlos de mayor flexibilidad. Al mismo tiempo, es necesario acometer una reforma fiscal en profundidad que permita a particulares y empresas hacer frente a sus problemas de liquidez, estimulando el trabajo, el ahorro y la inversión.
 
Esta estrategia implica reconocer de una vez que estamos ante una recesión de caballo y que el ajuste es inevitable. En otras palabras, la salida de la crisis pasa por purgar los excesos cometidos en la fase expansiva del ciclo, algo aparentemente difícil de entender para nuestro flamante ministro de Economía y Deportes. Cualquier iniciativa populista que pretenda frenar esta dinámica con ayudas a los sectores y grupos sociales más afectados, sólo conseguirá prolongar la agonía y retrasar la salida de la crisis. La única intervención justificable es la orientada a evitar el colapso del sistema financiero, y ello porque será imposible que el crédito empiece a fluir con normalidad si cajas y bancos no han limpiado antes sus Balances, es decir, sin unos intermediarios financieros sanos y solventes. Y ahí estamos atrancados. Los planes al respecto preparados por MAFO y Solbes descansan sobre la mesa de la señora Salgado, que necesita estudiarlos. Y el tiempo vuela.
 
El Gobierno dilapidó la fase alcista del ciclo e ignoró los síntomas inequívocos que anunciaban el final de la gran orgía del ladrillo y el consumo financiado con dinero ajeno. Hizo más: retroalimentó con sus políticas fiscales los desequilibrios macro y microeconómicos que inevitablemente tenían que llevarnos a este final. Zapatero mintió de forma reiterada tratando de ocultar la realidad de la crisis, y ahora, cuando la ola le ha superado de plano, reacciona como lo hicieron los Gobiernos del tardofranquismo, con medidas cuya finalidad no es atacar la raíz de los problemas, sino camuflarlos en espera de que los resuelva, cual deus ex machina, la recuperación de la economía norteamericana, lo que nos lleva de cabeza a una etapa larga y  dolorosa de recesión y estancamiento, con paro a mansalva. Ante semejante horizonte, ¿debemos resignarnos?
 
Tal vez sea esta la parte más dolorosa del momento que vivimos (...) Un silencio espeso, impenetrable, rodea los millones de dramas individuales que anuncia el paro. En la sociedad anestesiada, ni una voz discordante. Ante la situación de emergencia nacional que vive España, los egregios banqueros, las grandes fortunas de los años de vino y rosas se han escondido, silentes y acollonadas, esperando que nadie les pida cuentas y pase el temporal. Ni una crítica. Silencio en el país del miedo. Nadie le dice a ZP que esto no puede seguir así ni un día más. Cultura de la resignación.
EL CONFIDENCIAL. 26-4-2007
 
 
 
 
 
Editorial. El País
RECUPERACIÓN ILUSORIA
 
Pocos y no muy significativos son los indicios de recuperación en el conjunto de la economía mundial, pero son menos los específicamente asociados a la economía española. Sería un error deducir del comportamiento reciente de los mercados de acciones fundamentos suficientes en los que asentar no sólo el final del desplome en la actividad económica, sino el inicio de la recuperación. Las previsiones que han divulgado en las dos últimas semanas distintas instituciones nacionales e internacionales no invitan precisamente al optimismo. Menos motivos hay después de conocerse los datos del paro en el primer trimestre del año: más de cuatro millones de parados, con una subida en el número de desempleados de 802.000 entre enero y marzo y más de un millón de familias con todos sus miembros en paro. En abril de 2008, el editorial de NEGOCIOS, anunciaba y delineaba la profundidad de la crisis; un año después la tormenta sigue sin aclararse y las expectativas de recuperación son tan tenues que casi se reducen a buenos deseos..
 
La economía mundial se encuentra, como señala la OCDE, en la recesión más pronunciada y sincronizada de la historia reciente, que puede llevar en 2009 a la primera contracción del PIB real en muchas décadas: del 2,75%, según la propia OCDE, o del 1,3% según el FMI. En la anticipación de la recuperación del crecimiento global en 2010 subyacen hipótesis centrales cuyo cumplimiento está condicionado a la normalización de la actividad bancaria en las economías avanzadas. Y eso, a pesar de los resultados favorables de algunos bancos estadounidenses, no está garantizado. Lleva razón el FMI al recomendar a los Gobiernos como prioridad la definitiva estabilización de los sistemas financieros. Esa prioridad no parece que esté garantizada en España. La semana pasada ha sido también pródiga en declaraciones de agentes relevantes en el sector: desde el gobernador del Banco de España hasta los responsables de las dos organizaciones patronales, la AEB y la CECA. El primero, desmintiendo el contenido de una supuesta lista de cajas de ahorros en dificultades que habría sido desvelada por el Banco a varios diputados; los otros dos, rivalizando en catastrofismo o en la necesidad de tener preparada una respuesta, más allá del parco Fondo de Garantía de Depósitos.
Es probable que el sistema bancario español, inicialmente más sano que el promedio debido a mejores prácticas, se vea finalmente afectado por una más torpe gestión de la crisis financiera. Si así fuera, estaríamos introduciendo obstáculos adicionales a esa más tardía recuperación que el propio FMI asigna a la economía española, frente al promedio de las economías avanzadas. Deberíamos esperar a 2011 para que el crecimiento del PIB entrara en una zona positiva. Con la recuperación también quedaría retrasada la satisfacción de ese reto que el Fondo identifica como el más importante: el cambio de patrón de crecimiento hacia uno menos frágil, menos intensivo en construcción. Como en abril de 2008, se trata de conseguir una economía más productiva y competitiva. Y para ello, el liderazgo del Gobierno sigue siendo necesario. Tener preparadas respuestas para el eventual agravamiento de la crisis bancaria y decisiones de inversión que compensen el desbordamiento del paro es la única forma de que la recuperación deje de ser una ilusión.
EL PAÍS. 26-4-2007
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Editorial. Expansión
EL PELIGRO DE DAR PASOS EN FALSO EN LA BANCA
 
La banca estadounidense fue el foco propagador de la peor crisis financiera en la historia de los mercados y es probable que la recuperación comience también por ella.
 
Los positivos resultados trimestrales de entidades como Goldman Sachs, JPMorgan Chase, Citi, Bank of America o Wells Fargo, han nutrido los argumentos de quienes creen –o quieren creer– que lo peor de la tormenta ha quedado atrás y que el sistema podría estar en la antesala de una eventual y paulatina normalización.
 
Si bien es cierto que la gradual recuperación de la confianza puede contribuir a ese proceso, los datos no permiten inferir que los problemas del sector financiero hayan tocado fondo. Pese a las multimillonarias ayudas públicas a la banca, el crédito sigue sin fluir con naturalidad. La recapitalización de entidades y la limpieza de activos tóxicos podrían allanar el terreno hacia ese objetivo, pero será probablemente un proceso lento, complejo y tutelado en todo momento por el Estado.
 
Es comprensible que algunas entidades, como Goldman Sachs o JPMorgan, piensen ya en el ‘día después’ y quieran alejarse cuanto antes de la órbita de influencia y exigencias del Gobierno, pero las prisas no suelen ser buenas consejeras.
 
Partiendo de la premisa de que el intervencionismo público no debiera haber sido nunca la solución –justificado únicamente por la singularidad del sector y el riesgo de crisis sistémica–, la premura por recobrar la independencia puede tener ramificaciones peligrosas, sobre todo si esos reembolsos vuelven a debilitar los balances de los bancos y limitan su capacidad crediticia.
 
Lo deseable es que el sistema financiero recobre su autonomía lo antes posible, pero siempre que el remedio no resulte peor que la enfermedad, ni implique una prolongación de las restricciones financieras, lo que no haría más que retrasar la reactivación de la economía.
 
Los gobiernos no deberían permanecer en el capital de la banca ni un minuto más de lo necesario, pero, una vez que han intervenido, tampoco deberían abandonarla sin antes asegurarse que está adecuadamente capitalizada.
 
Los malos resultados de Morgan Stanley y las recientes advertencias de Bank of America sobre el empeoramiento de la calidad del crédito y los riesgos que ello puede entrañar para la recuperación del sistema constituyen claros avisos de que las ascuas de la crisis siguen encendidas y de la importancia que reviste para el sector, aún con pies de barro, no dar pasos en falso.
EXPANSIÓN. 25-4-2009
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad