El peso de Brasil como potencia emergente

Brasil el FMI y el cambio en la correlación de fuerzas

La ministra jefe de la Casa Civil de Brasil, Dilma Rousseff, refutó las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economí­a brasileña, diciendo que "ya no tienen la misma base que antes".

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27-04-2009
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Rousseff afirmó en Porto Alegre que el FMI no tiene ninguna información más sobre Brasil de la que tení­a en 2002, ni está informado sobre las polí­ticas económicas que el paí­s está llevando a cabo. La ministra, que se define a sí­ misma como "una mujer dura entre hombres tiernos", llegó a decir que no ve razón alguna "para tener un respeto religioso por cualquier juicio de cualquier institución en detrimento de las ponderaciones del Gobierno", refiriéndose al Fondo Monetario Internacional. Rousseff afirmó en Porto Alegre que el FMI no tiene ninguna información más sobre Brasil de la que tení­a en 2002, ni está informado sobre las polí­ticas económicas que el paí­s está llevando a cabo. La ministra, que se define a sí­ misma como "una mujer dura entre hombres tiernos", llegó a decir que no ve razón alguna "para tener un respeto religioso por cualquier juicio de cualquier institución en detrimento de las ponderaciones del Gobierno", refiriéndose al Fondo Monetario Internacional.
La ministra de la Presidencia afirmó también que el Gobierno está llevando a cabo una polí­tica agresiva de precios mí­nimos en las áreas de agricultura. La ministra no ha hecho, en realidad, más que seguir la lí­nea de Lula, que los últimos dí­as también ha criticado duramente también al FMI. Lula suele decir que el Fondo, al igual que el Banco Mundial, querí­an dar lecciones a Brasil sobre lo que debí­an hacer, y después se ha visto que Brasil estaba en el buen camino, mientras que los equivocados eran los paí­ses desarrollados que han influido negativa e injustamente en el proceso de crecimiento que el paí­s estaba llevando a cabo.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo hoy que el Fondo Monetario Internacional (FMI) "hace muchos años que no tiene autoridad" para opinar sobre la economí­a de su paí­s.

"Cuando (el FMI) lo hizo, hundió a Brasil. Quédese allá el FMI, no nos diga sus corazonadas y déjenos a nosotros cuidar de Brasil", dijo Lula en un discurso durante el lanzamiento de un programa educativo en Itumbiara (Goiás, centro), según recogió la estatal de noticias Agencia Brasil.

Las crí­ticas de Lula al FMI van en la lí­nea de las que profirió el jueves su ministra de Presidencia, Dilma Rousseff, que señaló que el Fondo "no tiene el mismo nivel de información que tení­a antes", cuando Brasil era su cliente, por lo que refutó las últimas previsiones del ente sobre Brasil.

En su informe "Previsiones Económicas Mundiales", presentado el miércoles en Washington, el FMI consideró que Brasil va a sufrir una recesión en 2009 con la caí­da del 1,3% de su Producto Interior Bruto (PIB), mientras que el Gobierno sostiene que el crecimiento será positivo, de entre el 1,5% y el 2%.

De acuerdo con el FMI, a pesar de que América Latina ha adoptado polí­ticas para minimizar los efectos de la crisis financiera mundial, las principales economí­as de la región, entre ellas la de Brasil, han sufrido con la caí­da de las exportaciónes, bajos precios de productos básicos y las mezquinas condiciones del financiamiento externo.

EE.UU. ha dado su apoyo a Brasil y Argentina parareformar el FMI y otorgar mayores cuotas de poder a los paí­ses emergentes. Brasil y el resto de los BRICS (Rusia, China y la India) no incrementarán sus aportaciones hasta que el FMI lleve a cabo una profunda reforma en sus organismos de gobierno.

El secretario del Tesoro del gobierno de Barack Obama, Timothy Geithner, pidió una reforma más profunda del Fondo Monetario Internacional que dé más peso a los paí­ses emergentes en sus órganos de gobierno: "Se necesitan acciones más enérgicas para redistribuir las cuotas en favor de los mercados emergentes que tienen las economí­as más dinámicas".

Geithner afirmó especí­ficamente que la composición del Consejo Ejecutivo del FMI "debe reflejar mejor las realidades de la economí­a mundial": "Apoyo la reducción del tamaño del Consejo de 24 a 22 sillas en 2010 y a 20 sillas para 2012, al tiempo que se preserva el número existente de sillas de los mercados emergentes y los paí­ses en desarrollo".

La propuesta implica la reducción de la presencia en ese órgano de Europa, que designa a nueve miembros, de los 24 existentes ahora. Argentina se unió también a las crí­ticas y el ministro de Economí­a,Carlos Fernández dijo que "me preocupa que pueda convertirse en una nueva reforma 'cosmética', que redistribuya las cuotas entre paí­ses en base a dudosos criterios".

Brasil, Argentina, Colombia, Venezuela, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Bolivia poseen en conjunto un 4% del FMI, frente al 17% de Estados Unidos, además de su poder de veto. Brasil tiene menos cuota que Bélgica, y el ministro de economí­a brasileño, Guido Mantega, sostuvo que "De la millonaria inyección de capital correspondiente al NAB, Brasil no hablará de aportaciones hasta que se concreten las reformas".

El presidente brasileño dijo que "debemos recuperar nuestro prestigio comercial, debemos hacernos amigos y a través de la Unasur fortalecernos en la región, porque además del progreso polí­tico debemos saber que América latina no precisa ya de discursos intelectuales para entender hacia dónde debemos encaminar nuestros esfuerzos".

"í‰sta es la primera crisis del mundo que nos encuentra a los paí­ses emergentes en mejores condiciones que Europa, que los Estados Unidos y que muchas otras naciones", dijo, y añadió que "lo importante en esta nueva historia es que sepan que ya no puede venir a decirnos en nuestros paí­ses como si fueran nuestros papás en qué tenemos que invertir, qué es lo que tenemos que hacer y que sepan que ya no nos pueden tratar como nos trataban en las décadas de los ochenta y los noventa".

El presidente de Brasil, exigió la democratización del Fondo Monetario Internacional (FMI) y criticó el seguimiento de la entidad a las economí­as de paí­ses deudores, en una entrevista publicada este domingo por el diario La Nación.

"El Fondo puede ser democratizado si el conjunto de los paí­ses que son parte de él tienen la posibilidad real de tomar decisiones con igualdad de responsabilidad", dijo.

"Lo que queremos es un FMI donde uno pone más dinero porque tiene más, pero a la hora de decidir, tiene que ser una decisión colectiva, teniendo en consideración lo que es mejor para todos", explicó el mandatario en el reportaje realizado en Brasilia antes de la Cumbre de las Américas, reseñó AFP.

Los paí­ses emergentes "no queremos que exista una delegación del FMI para chequear las cuentas de la Argentina, de Brasil o de Venezuela. No queremos más eso. Tomamos un préstamo, tenemos un plazo para pagar y respetamos las tasas de interés, pero no queremos misiones" de control, insistió.

Brasil se está afirmando como nunca, pero de una manera que es marcadamente diferente de los otros grandes jugadores globales. Durante la última década, Brasil ha surgido como una potencia regional única.

Los brasileños también se han convertido en una voz más firme de los mercados emergentes en los asuntos internacionales. Reunieron a los principales paí­ses en ví­as de desarrollo para desafiar los subsidios agrí­colas del mundo rico, formando un grupo al que ahora se conoce como el G5. Aguijoneados por Brasilia, los embajadores de Brasil, China, India y Rusia se reúnen todos los meses en Washington, con la finalidad de coordinar la estrategia polí­tica común de las cuatro naciones, a las que se conoce como BRIC, con frecuencia para contrarrestar las posiciones de Estados Unidos. Impulsando su agenda "sur-sur", el gobierno de Lula ha abierto 35 embajadas desde que asumió el poder en 2003, la mayorí­a en África y el Caribe.

Lula duplicó el número de departamentos del Ministerio de Relaciones Exteriores, se embarcó en un itinerario internacional sin pausa, visitando 45 paí­ses y pasando, sólo en 2007, casi uno de cada cinco meses de su mandato en el exterior. Los diarios brasileños le llaman "Aero Lula". El propósito explí­cito de esa intensa diplomacia ha sido robustecer las relaciones con otros paí­ses en ví­as de desarrollo.

Al menos, parte de esos esfuerzos surgen de la estrategia no declarada de Brasil de frenar la influencia de Estados Unidos en la región y alejar toda expectativa de que juega un papel de apoderado de Washington mientras intenta controlar a Venezuela.

Esta puede ser una polí­tica de riesgo. Pero, las apuestas van a los brasileños. Al no tener un manual que le indique cómo convertirse en potencia global, el Brasil de Lula parece estar escribiendo su propio manual.

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