Literatura

Vila-Matas desde el balcón de Bolaño

He aquí­ lo insólito: dos escritores de lengua española, contemporáneos, que se admiraban, se reconocí­an y se trataban como "maestros" el uno del otro

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26-04-2009
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Años antes de que Vila-Matas escribiera en su epitafio sobre Bolaño (fallecido en 2004) que por las brechas abiertas por su literatura discurrirí­an las nuevas corrientes literarias del futuro, el chileno, afincado en Blanes, ya habí­a dicho y reiterado en varios textos que la nueva literatura en lengua española tení­a dos maestros esenciales: el madrileño Javier Marí­as y el barcelonés Vila-Matas. Bolaño escribió muchas páginas sobre Vila-Matas, entre ellas éstas en que se adentra a tumba abierta en una de las novelas cruciales del barcelonés: "Bartleby y compañí­a". Años antes de que Vila-Matas escribiera en su epitafio sobre Bolaño (fallecido en 2004) que por las brechas abiertas por su literatura discurrirí­an las nuevas corrientes literarias del futuro, el chileno, afincado en Blanes, ya habí­a dicho y reiterado en varios textos que la nueva literatura en lengua española tení­a dos maestros esenciales: el madrileño Javier Marí­as y el barcelonés Vila-Matas. Bolaño escribió muchas páginas sobre Vila-Matas, entre ellas éstas en que se adentra a tumba abierta en una de las novelas cruciales del barcelonés: "Bartleby y compañí­a".
"Todo en este libro -dice Bolaño- es inquietante, empezando por la portada, una fotografía de August Sander en donde se ve a tres jóvenes campesinos vestidos de domingo, los tres con sombrero y bastón, que miran a la cámara con orgullo, un orgullo no carente de elegancia e indiferencia y distancia, como si ellos supieran algo de la literatura que nosostros ignoramos. Los campesinos, que no sólo son jóvenes sino también guapos, van por un camino de tierra, un camino que se adivina no demasiado ancho, en medio de sembradíos o de campos en barbecho, y han vuelto sus rostros en dirección al ojo de la cámara que los fotografía, un alto en el camino, un alto que apenas modifica esos rostros soberanos, esos rostros moldeados para el abismo y el vértigo. Y eso es lo que nos aguarda a los lectores en el interior de "Bartleby y compañía" (Anagrama), el último libro de Vila-Matas, un paseo sucinto, escrito en forma de notas a pie de página, por el abismo y el vértigo no ya sólo de la literatura (aunque por momentos ése pareciera ser el único argumento) sino de la vida, del breve espacio de vida a que cada ser humano está destinado. En este sentido éste es un libro desafiante: desafiante la actitud del escritor al escribir sobre los que en un momento determinado de su vida han decidido no escribir y desafiante al penetrar, armado únicamente con las no siempre infalibles armas de la elegancia y el humor, en el territorio donde se dilucida la posibilidad y la imposibilidad de la escritura. Llegados a este punto es necesario, por cortesía, hacernos una pregunta cada vez más retórica: ¿estamos ante una novela, ante una colección de medallones literarios o antiliterarios, ante un libro misceláneo que escapa a las categorías preestablecidas, ante un diario de vida del autor, ante un entrelazamiento de crónicas periodísticas? La respuesta, la única respuesta que por el momento se me ocurre, es que estamos ante otra cosa, que puede ser una mezcla de todas las anteriores, y que tal vez estamos ante una novela del siglo XXI, es decir una novela híbrida, que recoge lo mejor del cuento y del periodismo y la crónica y el diario de vida. De alguna manera este libro me recuerda otro de Vila-Matas, "Para acabar con los números redondos", publicado en 1997, un libro magnífico, uno de los libros más felices que he leído y que en España pasó casi desapercibido cuando sin duda alguna fue de lo mejor que se publicó en aquel año. El aliento es el mismo. La fuerza poética es la misma. Incluso la levedad es similar. Pero lo que en "Para acabar con los números redondos" era certeza y por tanto acumulación de felicidades y claridades, en "Bartleby y compañía" es laberinto de atardecida, como esos laberintos de los pintores simbolistas, y también es fiebre y búsqueda de salidas y en ocasiones canto o aullido de cisne, y es sobre todo el valor de un escritor que recoge y cataloga infiernos de bolsillo o infiernos invisibles, aquello que una visión global compone el gran infierno y que habla ya no sólo de los escritores que en un determinado momento de sus vidas (un momento de lucidez o de desesperación o de locura) dejaron de escribir sino de los escritores que como el mismo Vila-Matas nunca van a dejar de escribir, y a partir de ahí habla de la muerte, de los gestos inútiles ante la muerte pero que nos salvan (o que pueden salvarnos), y no sólo habla de escritores, y esto el lector sólo lo entiende en las últimas páginas, sino que en realidad habla de lectores, de seres humanos de toda laya, de gente que vive y que un día deja de vivir, de aventureros y agónicos, de gente que lee y de gente que un día deja de leer, y todo esto que expuesto así podría llevar a pensar que estamos ante una muralla, se nos presenta en un libro de apenas 179 páginas, un libro atenuado por el sentido del humor de Vila-Matas que no tiene parangón en el panorama actual de la narrativa española, un libro atenuado por la elegancia de Vila-Matas, similar en su actitud desafiante a la de los campesinos de domingo de la foto de la portada, aunque Vila-Matas es lo más lejano que conozco de un campesino, aunque Vila-Matas trabaja los domingos".
 
 
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