Educación

Referéndum jibarizado

La primera conclusión puede ser obvia: los estudiantes asienten por omisión o por pura apatí­a, ¿no? Pues no

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25-04-2009
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El pasado jueves 23 se montaron 20 mesas electorales en la Universidad Complutense de Madrid. Su objetivo: preguntarles a los más de 85.000 estudiantes de la institución madrileña sobre el Espacio Europeo de Educación Superior - EEES -, comúnmente conocido como el Plan Bolonia. Solo votó el 14% y el 88% dijo no. El pasado jueves 23 se montaron 20 mesas electorales en la Universidad Complutense de Madrid. Su objetivo: preguntarles a los más de 85.000 estudiantes de la institución madrileña sobre el Espacio Europeo de Educación Superior - EEES -, comúnmente conocido como el Plan Bolonia. Solo votó el 14% y el 88% dijo no.
Los jíbaros – pueblo amerindio del Perú - después de matar a sus enemigos les practican el ritual del tzantza o reducción de cabezas, consistente en cortar y reducir la cabeza, por un procedimiento que guardan secretamente, sirviéndoles de talismán o trofeo.

El referéndum, que no tiene carácter vinculante, fue convocado por la Asamblea de estudiantes. El rectorado consiente sin decantarse, y así ha proporcionado las urnas a los estudiantes pero no el censo. En las mesas se fueron haciendo las comprobaciones pertinentes vía carnet universitario, hoja de matriculación o campus virtual. Pero éste ha sido un referéndum que puede y da una idea absolutamente equivocada sobre la realidad.

La primera conclusión puede ser obvia: los estudiantes asienten por omisión o por pura apatía, ¿no? Pues no. Porque al igual que pasa con la mayoría de procesos electorales en los que podamos aplicar resultados parecidos, salvando la proporción exagerada de abstención, lo que siempre se manifiesta es el total desinterés por un proceso que o bien se considera como al margen de los intereses de los propios votantes, o en el que se tiene conciencia que no se puede incidir de ninguna manera.

A esto hay que añadir que de forma recurrente en todos los procesos electorales universitarios la participación nunca suele sobrepasar estos porcentajes; es una constante desde hace lustros en la universidad.

La razón no es otra que la mencionada. Los estudiantes no ven que su voto realmente repercuta en la transformación o consolidación de ningún proceso que les incumba de fondo. Este es el carácter de la organización de la vida universitaria y la responsabilidad que también tienen las organizaciones de estudiantes.

Ya que se convoca un referéndum, aún sin ser vinculante, habría de hacerse en un proceso de movilización progresiva y de debate, en el que prácticamente se  pudiera acceder a cada estudiante. Esa es la ventaja de la Universidad pese al creciente proceso de atomización, burocratización y liquidación del movimiento estudiantil.

El fracaso es en primer lugar del propio proceso de Bolonia. No interesa ni se considera que se pueda incidir en él. No puede afirmarse de forma reiterativa desde las instituciones que hay un déficit en la promoción del cambio europeo y su comprensión por parte de los estudiantes, para luego abstenerse de una iniciativa de estas características.

Pero tampoco los sindicatos estudiantiles pueden pretender dar una respuesta a Bolonia sin hacer un esfuerzo de movilización, rectificando lo que la paraliza. Desde luego cualquier línea que radicalice o izquierdice las reivindicaciones o las acciones, y todo lo que no sea unir al 98% de los estudiantes en conciencia y movilización va en detrimento de esto; no une y amplia, sino que reduce, jibariza y aísla.
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