Israel amenaza con atacar Irán

Netanyahu afila los cuchillos

Avigdor Lieberman, anunció, en una de sus bravatas caracterí­sticas, que Israel ya no se siente obligada por los acuerdos de Annapolis de 2007, negociados por Washington, que requerí­an negociaciones aceleradas hacia una solución de dos Estados.

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24-04-2009
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Washington tendrí­a que despedirse de una cooperación desesperadamente necesitada en la guerra contra los talibanes y al-Qaeda en Afganistán y Pakistán. Cualquier ataque sólo fortalecerí­a a Irán y reforzarí­a la determinación del paí­s por adquirir una fuerza disuasiva nuclear que impidiera ataques futuros. Y hay que recordar que el programa nuclear de Irán tiene un abrumador apoyo público, incluso de los que se oponen al actual régimen.
 Benjamin Netanyahu, ha advertido al presidente Barack Obama que si Washington no encuentra pronto un camino para clausurar el programa nuclear de Irán, Israel lo hará.(EFE)
Benjamin Netanyahu, ha advertido al presidente Barack Obama que si Washington no encuentra pronto un camino para clausurar el programa nuclear de Irán, Israel lo hará.(EFE)
Washington tendrí­a que despedirse de una cooperación desesperadamente necesitada en la guerra contra los talibanes y al-Qaeda en Afganistán y Pakistán. Cualquier ataque sólo fortalecerí­a a Irán y reforzarí­a la determinación del paí­s por adquirir una fuerza disuasiva nuclear que impidiera ataques futuros. Y hay que recordar que el programa nuclear de Irán tiene un abrumador apoyo público, incluso de los que se oponen al actual régimen.
Israel ha aumentado continuamente la presión sobre EE.UU. respecto a la grave amenaza supuestamente planteada por Irán, que parece decidido a dominar el ciclo del combustible nuclear, y por lo tanto la capacidad de producir armas nucleares. El nuevo primer ministro israelí­, el halcón del partido Likud,

Benjamin Netanyahu, ha advertido al presidente Barack Obama que si Washington no encuentra pronto un camino para clausurar el programa nuclear de Irán, Israel lo hará.

El diario británico The Times informó que la Fuerza Aérea Israelí­ se encontraba en disposición de combate para atacar a Irán, y que los aviones de guerra de Israel estaban listos para levantar vuelo en cualquier momento para asestar bombardeos masivos a las instalaciones nucleares en el territorio de la República Islámica y que sólo esperan la orden.

A las declaraciones del diario británico, vale añadir las informaciones de algunas páginas digitales israelí­es según las cuales, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en tres ocasiones, la última semana, se reunió con su ministro de Defensa, con el Jefe del Estado Mayor y otros altos cargos de defensa de Israel.

En calidad de Comandante en Jefe de las Fuerzas de Fuerzas Armadas de Israel, Netanyahu, recibió un informe detallado relacionado con los preparativos del ataque contra las instalaciones de Irán y quedó "positivamente impresionado" sobre el avanzado estado de estos "preparativos".

Algunos analistas argumentan que es histeria prefabricada, no tanto un reflejo de auténticos temores israelí­es como una diversión intencional de otras inminentes dificultades. El gobierno de Netanyahu está repleto de partidarios de la lí­nea dura que se oponen inflexiblemente a la retirada e incluso a una interrupción temporal de la construcción de asentamientos en los territorios ocupados, para no hablar de alguna aceptación de un Estado palestino.

En su primer dí­a como primer ministro, el demagogo extremista Avigdor Lieberman, anunció, en una de sus bravatas caracterí­sticas, que Israel ya no se siente obligada por los acuerdos de Annapolis de 2007, negociados por Washington, que requerí­an negociaciones aceleradas hacia una solución de dos Estados.

Semejantes declaraciones amenazan con llevar directamente a los israelí­es a un choque con el gobierno de Obama. En lo que sólo puede ser interpretado como un rechazo de los más recientes pronunciamientos del gobierno de Netanyahu, Obama reafirmó deliberadamente en su discurso ante el parlamento turco el compromiso de Washington con una solución de dos Estados y con los acuerdos de Annapolis. De modo que ¿qué mejor forma de evitar un desagradable choque con un presidente popular de EE.UU. tiene Netanyahu que distraer convenientemente la discusión mediante una amenaza existencial de Irán - especialmente si la puede presentar con éxito como una amenaza no sólo para Israel sino para todo Occidente?

Washington tendrí­a que despedirse de una cooperación desesperadamente necesitada en la guerra contra los talibanes y al-Qaeda en Afganistán y Pakistán. Cualquier ataque sólo fortalecerí­a a Irán y reforzarí­a la determinación del paí­s por adquirir una fuerza disuasiva nuclear que impidiera ataques futuros. Y hay que recordar que el programa nuclear de Irán tiene un abrumador apoyo público, incluso de los que se oponen al actual régimen.

Ante la visible determinación del gobierno de Netanyahu de atacar, una señal ambigua de Washington, algo mucho menos que una luz verde, serí­a mal interpretada en Tel Aviv. Todo lo que no sea una negativa categórica, incluso enérgica, de EE.UU. de aprobar un ataque israelí­ podrí­a tener consecuencias catastróficas.

No se puede excluir, por ejemplo, que Washington pueda llegar a un gran convenio con Teherán según el cual terminarí­a su polí­tica de cambio de régimen y las sanciones a cambio del compromiso de Teherán de nunca producir armas en su programa nuclear. Inspecciones internacionales intrusivas presumiblemente garantizarí­an un tal convenio, pero el orgullo nacional de Teherán seguirí­a intacto, ya que se le permitirí­a mantener el derecho a enriquecer uranio y a desarrollar una infraestructura nuclear pací­fica.

Ha habido un cierto cambio en el lenguaje de Washington cuando tiene que ver con las demandas hechas a Irán - al reemplazar evidentemente su insistencia en el fin de todo enriquecimiento nuclear por una insistencia en que no se desarrollen armas. Para Israel, serí­a un compromiso totalmente insatisfactorio, ya que sus dirigentes temen que Irán pueda en algún momento abandonar un tal acuerdo y producir armas nucleares dentro de un plazo relativamente corto.

En vista del nuevo enfoque de Obama, podrí­a parecer que Israel se vea momentáneamente bloqueado. Después de todo es difí­cil imaginar que Obama dé su acuerdo para un ataque. Precisamente en esta semana, el vicepresidente Joe Biden dijo a CNN que piensa que un ataque israelí­ "serí­a imprudente."

Otros factores, sin embargo, juegan a favor de los partidarios de la lí­nea dura: El nuevo enviado especial para Irán del gobierno de Obama, Dennis Ross, es él mismo un partidario de esa lí­nea. El año pasado, Ross formó parte de un grupo de tareas ultrabelicista que predijo el fracaso de toda negociación y casi llegó a llamar a la guerra contra Irán. Ross es un sujeto que no sólo sabe cómo jugar el juego burocrático en Washington, sino tiene poderosos apoyos en el gobierno, y sus puntos de vista tendrán mucho apoyo de los halcones favorables a Israel en el Congreso.

También es evidente que el presidente Obama trata de resolver el enfrentamiento con Irán mediante medios diplomáticos. Ha abandonado la retórica antagónica de su predecesor y sigue extendiendo tanteos pací­ficos a la República Islámica. La reacción de Teherán ha sido mixta, pero por lo menos hay otro ambiente de negociación.

Los estrategas israelí­es, no obstante, ven ese nuevo ambiente como amenaza, no como esperanzador. Todo acercamiento de EE.UU. con Irán - especialmente si se realiza bajo términos que reconocen el estatus de Irán como potencia regional - podrí­a, temen, debilitar la "relación especial" de Israel con Washington. Irán, ganarí­a en importancia estratégica en Oriente Próxima a costa de Israel.

Mientras tanto, nunca se menciona casi nada sobre el masivo arsenal nuclear de Israel, que incluye armas de destrucción de ciudades, y que convierte a ese minúsculo paí­s en lo que es probablemente la quinta potencia nuclear del planeta. Además, por lo menos algunas de sus armas nucleares están montadas en submarinos en el Mediterráneo, lo que significa que el paí­s es invulnerable a la locura de un ataque previo de eliminación de las armas por cualquiera otra nación. Es simplemente la realidad.

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