El Arte y Régimen Eukadi

Entrevista a Jorge Garcí­a, pintor

"Si hablamos de literatura si que hay una potenciación muy clara de la literatura en euskera porque es lo que se considera que es vasco y la que es en castellano no es vasco"

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23-04-2009
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Jorge Garcí­a, pintor de origen riojano, criado en Calahorra, lleva viviendo más de 30 años en Euskadi. Con un arte realista y firme defensor de las libertades aquí­. Jorge Garcí­a, pintor de origen riojano, criado en Calahorra, lleva viviendo más de 30 años en Euskadi. Con un arte realista y firme defensor de las libertades aquí­.
DVd: Por la última polémica que ha habido en la sala Rekalde por una tendencia muy marcada a la izquierda abertzale y la destitución de Pilar Mur, su directora. ¿Consideras que el nacionalismo en el poder durante estos 30 años ha influido en el mundo del arte?
 
J.G. Muchísimo. Aunque más que el arte, sobretodo es en la cultura. Si hablamos del arte, es más un ambiente nacionalista fruto del clima de opinión mayoritario que se desprendía de las instituciones. Luego en el ámbito comercial hay una parte de la clientela de pequeña y mediana burguesía nacionalista. Es “como lo políticamente correcto”.
 
Las galerías más modernas, puesto que las instituciones han estado muy copadas por el nacionalismo digamos que sea real o fingida muestran una clara simpatía por el nacionalismo, como una posición “progre”.
 
DVd: ¿Se podría decir que los artistas abertzales o nacionalistas han estado más protegidos?
 
J.G. Eso yo no te podría decir. En Arte es más el mantenimiento de una posición como entre dos aguas. Por ejemplo casi nunca dicen lo mismo cuando están aquí que cuando están fuera. Digamos que si trascienden más allá de las fronteras se muestran más abiertos.
 
Si hablamos de literatura si que hay una potenciación muy clara de la literatura en euskera porque es lo que se considera que es vasco y la que es en castellano no es vasco. Y ahí si hay más tendencias abertzales, porque los escritores dependen mucho más de las instituciones para publicar mientras que los artistas plásticos dependen del público, por lo que la relación no es tan directa. Por ejemplo la mayoría de las editoriales en euskera si que son claramente nacionalistas.
 
Desde el punto de vista institucional, certámenes, concursos, apoyos… el impulso institucional está totalmente volcado en la escritura en euskera y la de castellano totalmente dejado de lado.
 
Hace doce años Álvaro Bermejo, periodista de San Sebastián, harto de la promoción del euskera frente al castellano, escribió un cuento en castellano que luego mandó traducir al euskera y lo presentó a un concurso y lo ganó. Cuando se supo, aquello fue muy polémico.
 
DVd: ¿Qué retos o medidas crees que se debe proponer el nuevo Gobierno aquí en Euskadi?
 
J.G. En la literatura, todo lo que se trata de certámenes, concurso y apoyo institucional, debe ser equitativo. Dar el mismo apoyo a la escritura en euskera que al castellano. Y cortar con le clientelismo.
 
Lo que si hacen falta, aunque esto ha de salir  más del mismo mundo de la cultura son posiciones que se manifiesten claramente contra el terrorismo frente a manifestarse en un tono comprensivo o equidistante. Esto si que está totalmente ausente en la Cultura y en el Arte. Todo el mundo es neutro, o neutro ligeramente proclive. En esa gama
 
DVd: ¿El Arte que es universal puede entrar en contradicción con una visión nacionalista?
 
J.G. No exactamente. El arte vasco así caracterizado solo hay en escultura, como Oteiza o Chillida que es bastante conceptual. Que busca el reflejo del alma vasca ancestral, la forma de pensar propia y la relación que tiene con el vacío. Una búsqueda de la dimensión universal de lo vasco.
 
La contradicción está en todo caso en que querer imponer una forma de pensar. Porque los artistas tenemos aspiraciones de situarnos en el mercado y aquí es exiguo. Puede haber un apoyo de las instituciones, pero el artista quiere salir y dirigirse al gran público.
 
DVd: ¿Algo más que quieras añadir que no te haya preguntado?
 
J.G. Sobretodo insistir en que nadie muestra una postura pública de denuncia y eso es fundamental. Por ejemplo Bernardo Atxaga hace ya unos años viene dando un giro en este sentido. Lo escandaloso es que por aquel entonces apareció un artículo titulado, ¿Es hora de matar a Atxaga?, era una metáfora sobre matar al padre para que salgan los hijos, porque en un tiempo parecía que solo estaba él como escritor en euskera. Pero aquí en Euskadi y más pero en los tiempos que han corrido este tipo de juego de palabras son amenazas veladas.
 
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