Sanidad

El Estado que no es

CiU duda en el Parlamento de que el Ministerio de Sanidad sea necesario

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23-04-2009
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En plena crisis algunos se han apuntado al carro de reducir ministerios, secretarí­as, consejerí­as y otras altas instancias de las instituciones públicas. Pero no se crean que siempre hay, detrás de estas propuestas, buenas intenciones de reducir la bochornosa y suntuosa parte de gastos innecesarios que se podrí­an destinar a inversión productiva o social. En plena crisis algunos se han apuntado al carro de reducir ministerios, secretarí­as, consejerí­as y otras altas instancias de las instituciones públicas. Pero no se crean que siempre hay, detrás de estas propuestas, buenas intenciones de reducir la bochornosa y suntuosa parte de gastos innecesarios que se podrí­an destinar a inversión productiva o social.
Y si no vean.
    
Algunos nacionalistas esperaban que los cambios hechos por Zapatero "sirvieran para poner a dieta al Gobierno y quitarle la grasa que le sobra, pero se mantienen 26 secretarías de Estado y 17 carteras ministeriales, además de añadir más michelines administrativos [en referencia a la vicepresidencia tercera]". Loable.
   Pero CiU aprovechó para lanzar una andanada contra el Ministerio de Sanidad. Andanada, por otra parte, coherente con el vaciamiento de contenido que ha sufrido los últimos años y que, de seguir por el mismo camino, efectivamente, va a perder toda razón de ser.

   El portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados, Josep Antoni Duran i Lleida, sugirió que lo lógico era que este nuevo ministerio desapareciera, ya que "la mayor parte de sus competencias, más allá del vaivén de Política Social, corresponde a las comunidades autónomas".

    Una buena forma de ahorrar gastos del estado, sí señor. Lo que propone el representante de Convergencia i Unió es que los ministerios de Política Territorial y Economía (Chaves y Salgado) se ocupen de destinar los recursos necesarios y hacer una labor de coordinación para que las diferentes Comunidades Autónomas puedan gastarlo según consideren en política sanitaria y social.

    Tendrían razón si no fuera porque las transferencias autonómicas de la sanidad ha conducido a un aumento del despilfarro (cada comunidad gasta el dinero en lo que considera) y las desigualdades de los ciudadanos a la hora de acceder a más o menos prestaciones. Ya lo denunciaba en estas mismas páginas el representante del Sindicato Médico madrileño. Tal como han ido las transferencias podemos aplicar aquello de "mejor cuanto más cerca" pero al revés.

    La recuperación de un Ministerio de Sanidad que centralice los recursos y la igualdad es una exigencia popular, mientras que su desaparición es tan sólo la reivindicación de las burguesías burocrático administrativas que, después de rascar y rascar hasta el hueso, pretenden descoyuntar las articulaciones de algo tan importante socialmente como es la sanidad.
  
    Pero lo mejor vino con la respuesta del gobierno.

     José Antonio Alonso, portavoz del PSOE, explicó que aunque la gestión corresponde a las autonomías "el Estado tiene un papel fundamental como impulsor de políticas y coordinador". Y la traca final la ofreció Zapatero, que tachó las críticas de facilonas, superficiales y tontorrronas y salió en defensa de la también cuestionada cartera de Cultura. Pero no de la de Sanidad. El Estado que no es.
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