Un informe del Senado detalla como Rumsfeld y la CIA autorizaron la tortura

¿Y qué les importa la ley?

Ocho meses antes de que los funcionarios de la oficina legal del Departamento de Justicia elaboraran la cobertura legal de la tortura, la CIA ya habí­a empezado a practicarla en las cárceles

0
0 votos
23-04-2009
Publicidad
Era obvio, pero ahora ya sabemos con certeza que las órdenes que autorizaron la tortura en las cárceles de la CIA no vinieron de abogados del Departamento de Justicia, sino de más arriba. Un informe del propio Senado de EEUU asegura que la CIA dio luz verde al uso de 15 técnicas diferentes de tortura, meses antes que el Departamento de Justicia las `legalizara´. Era obvio, pero ahora ya sabemos con certeza que las órdenes que autorizaron la tortura en las cárceles de la CIA no vinieron de abogados del Departamento de Justicia, sino de más arriba. Un informe del propio Senado de EEUU asegura que la CIA dio luz verde al uso de 15 técnicas diferentes de tortura, meses antes que el Departamento de Justicia las `legalizara´.
Ocho meses antes de que los funcionarios de la oficina legal del Departamento de Justicia Jay Bybee, Steven Bradbury y John Yoo elaboraran la cobertura legal de las prácticas vejatorias que ahora han salido a la luz, la CIA ya había empezado a torturar a los detenidos en cárceles. Era diciembre de 2001, y en el recién invadido Afganistán los soldados norteamericanos buscaban frenéticamente a terroristas de Al Qaeda, deteniendo y torturando a todos los insurgentes afganos. Unos meses después Bush pasó a considerarlos “enemigos combatientes” en un memorándum, lo que en la práctica equivalía a condenarlos a un “limbo legal” al margen de cualquier Convención de Guerra, incluida la de Ginebra, que prohíbe los malos tratos a los prisioneros.
 
Cuando en agosto de 2002 el Departamento dio el plácet legal a la tortura, el Secretario de Defensa se aprestó a que el ejército generalizara las prácticas. Donald Rumsfeld firmó personalmente la autorización de hasta 15 tipos de tortura diferentes –entre ellas el waterboarding, la privación sensorial y de sueño, el uso de insectos sobre el cuerpo de los detenidos o prolongados baños en agua helada- en el US Army.
 
Cárceles como la de Guantánamo o Abu Ghraib se pusieron a funcionar a pleno rendimiento. Cuando se destapo el escándalo de ésta última, el número dos del Pentágono,  Paul Wolfowitz, se aprestó a cortar cabezas de turco, hablando de "manzanas podridas" o de unos casos aislados de excesos. Pero el infierno había sido diseñado desde su despacho y el de Rumsfeld.
 
Los resultados del dolor y la crueldad fueron realmente productivos. Esto es lo que dice ahora el actual director de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Dennis Blair. "Informaciones de gran valor salieron de interrogatorios en que se usaron esos métodos y proporcionaron una mejor compresión de la red Al Qaeda, que estaba atacando a nuestro país", afirma Blair. Puede que ahora -con la ascensión del nuevo y democrático presidente Obama y la operación de cambio de imagen de la superpotencia- no sea políticamente correcto decirlo, pero ¡demonios, qué tiempos aquellos!. Lástima que ya no se puedan hacer… a la luz del día.
 
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad