Obama convoca una ronda de conversaciones en Oriente Medio

Netanyahu rodeado

Esta vez no será una gira-sonda para tomar la temperatura a las distintas partes. Se trata de una ronda de negociaciones que obligará a todos -principalmente al gobierno Netanyahu- a abrir su juego y a saltar a la arena.

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22-04-2009
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Después de la gira de George Mitchell por Israel y Cisjordania, donde el enviado especial ha podido comprobar de primera mano la intransigente posición del gobierno Netanyahu, parece que la casa Blanca ha decidido tomar la iniciativa y pasar a la ofensiva. Se especulaba si Obama esperarí­a a entrevistarse personalmente con Netanyahu en la Casa Blanca para desplegar todos los mecanismos -sutiles o no- que obliguen al halcón a suavizar su postura y desbloquear los designios de Washington. Pero ha encontrado un ámbito mucho mejor: EEUU convoca al presidente israelí­, al palestino, Mahmoud Abbas, y al egipcio, Hosni Mubarak a una nueva ronda de negociaciones en Washington. En esos encuentros la correlación de fuerzas será mucho más favorable a la posición defendida ahora por EEUU: dos estados para dos pueblos, y un eventual enrocamiento de Tel Aviv quedará más en evidencia y a la defensiva.
  El primer ministro israelí­, Benjamin Netanyahu , junto al presidente, Simón Peres.(EFE)
El primer ministro israelí­, Benjamin Netanyahu , junto al presidente, Simón Peres.(EFE)
Después de la gira de George Mitchell por Israel y Cisjordania, donde el enviado especial ha podido comprobar de primera mano la intransigente posición del gobierno Netanyahu, parece que la casa Blanca ha decidido tomar la iniciativa y pasar a la ofensiva. Se especulaba si Obama esperarí­a a entrevistarse personalmente con Netanyahu en la Casa Blanca para desplegar todos los mecanismos -sutiles o no- que obliguen al halcón a suavizar su postura y desbloquear los designios de Washington. Pero ha encontrado un ámbito mucho mejor: EEUU convoca al presidente israelí­, al palestino, Mahmoud Abbas, y al egipcio, Hosni Mubarak a una nueva ronda de negociaciones en Washington. En esos encuentros la correlación de fuerzas será mucho más favorable a la posición defendida ahora por EEUU: dos estados para dos pueblos, y un eventual enrocamiento de Tel Aviv quedará más en evidencia y a la defensiva.
Después de que la semana pasada el encuentro entre Mitchell y Lieberman, el ultraderechista responsable israelí de Exteriores acabara con caras largas –al subir el listón Tel Aviv planteando que los palestinos reconozcan a Israel como “Estado judío”- la diplomacia norteamericana vuelve a la carga. Pero esta vez no será una gira-sonda para tomar la temperatura a las distintas partes. Se trata de una ronda de negociaciones que obligará a todos –principalmente al gobierno Netanyahu- a abrir su juego y a saltar a la arena.
 
"El presidente discutirá con cada uno las formas en las que Estados Unidos puede fortalecer y profundizar nuestras relaciones con ellos, así como los pasos que deben tomar todas las partes para alcanzar la paz entre Israel y los palestinos y entre Israel y los países árabes", ha dicho el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs en una conferencia de prensa.
 
En la ronda no entran más países árabes, pero Jordania, otro país en la órbita de Washington, ya ha sido consultada. El rey Abduláh visitó al presidente norteamericano, y éste le comunicó que todos los países de la zona deberán hacer  “gestos de buena voluntad”, y añadió que "las partes en la región saben cuáles son los pasos intermedios que hay dar para lograr reconstruir la confianza y nosotros vamos a seguir alentando ese tipo de medidas".
 
Los planes de EEUU en Irak y Afganistán precisan de un Oriente Medio relativamente en calma, y de un conflicto palestino-israelí en vías de solución –de una solución favorable al hegemonismo- o al menos contenido. De ahí la insistencia norteamericana en la solución de los dos Estados- tal y como recoge la conferencia de Annápolis y la Hoja de Ruta-  algo a lo que el ultranacionalista gobierno de Netanyahu se opone furibundamente. Pero Washington no puede permitir que Israel –por mucho que sea su gendarme a proteger- condicione sus designios, y menos en estos momentos críticos para el futuro de la superpotencia.
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