Educación

La Crisis como correctivo

En definitiva se pretende que la crisis de a luz a una nueva generación de jóvenes más conscientes del valor de las cosas

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22-04-2009
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"¿Servirá la crisis para cambiar el patrón de consumismo infinito que ha marcado a las últimas generaciones de adolescentes de clase media y alta? Hoy en El Paí­s, Marina Romeo, Psicóloga Social de la Universidad de Barcelona, afirma que "la expectativa que tenemos es que la crisis sirva como modelo de aprendizaje de que los indicadores de bienes y marcas no pueden ser aspectos sobre los cuales el sujeto pivote su autoestima". O sea, que cuanto peor, mejor, ¿no? Cuando parece que no es posible cavar más hondo… se inventa la "tuneladora". "¿Servirá la crisis para cambiar el patrón de consumismo infinito que ha marcado a las últimas generaciones de adolescentes de clase media y alta? Hoy en El Paí­s, Marina Romeo, Psicóloga Social de la Universidad de Barcelona, afirma que "la expectativa que tenemos es que la crisis sirva como modelo de aprendizaje de que los indicadores de bienes y marcas no pueden ser aspectos sobre los cuales el sujeto pivote su autoestima". O sea, que cuanto peor, mejor, ¿no? Cuando parece que no es posible cavar más hondo… se inventa la "tuneladora".
En definitiva se pretende que la crisis de a luz a una nueva generación de jóvenes más conscientes del valor de las cosas; “transformar el deseo en motivación y esfuerzo” y “vivir con menos”. Bueno, pues que debemos estar agradecidos por la enorme oportunidad que nos brinda la crisis para acabar con las ansias avariciosas de la gente, que en su afán por “tener, tener, y tener” nos ha conducido a todos al desastre. Somos culpables y por eso debemos estar agradecidos.

Valga como símil el argumento de la película todavía en cartelera sobre el comic “Watchmen”. La tesis del largo viene a plantear que por mucho que nos duela, una hecatombe nuclear que provocara 15 millones de muertos, por ejemplo, ejercería tal efecto aterrador sobre las naciones que la paz mundial, el diálogo y la concordia reinarían a partir de entonces. O como la estrategia de “sociabilizar el terror” de ETA, en definitiva.

Puede que en sus formas la distancia entre los dos planteamientos sea mucha, pero el fondo es el mismo.

Con todo, además es mentira lo que se dice. En los tiempo de mayor florecimiento de la economía española, el 60% de las familias no llegaban a fin de mes y, por lo tanto, no ahorraban ni una peseta, ni un euro.

El artículo de El País recuerda que “todos los niños han oído que hay que apretarse el cinturón. Incluso se resalta la opinión de un especialista cuando afirma que “muchos chavales, ante la frustración de no tener lo que podían tener antes, les puede llevar a comportamientos anómalos”
El corazón de este pensamiento parece cristalizar en una inocente consigna “hay niños que todavía piensan que el dinero sale del cajero con solo apretar un botón”.

Qué duda cabe que la deriva en determinados aspectos ideológicos se ha hecho patente teniendo al sistema educativo como principal altavoz: el hedonismo, la satisfacción inmediata, la pérdida de objetivos colectivos, la atomización y la pérdida de proyectos a largo plazo. Pero si esto ha sido así no se corresponde con el “malcrío” estructural al que las familias han sometido a sus hijos, ni con la sociedad de consumo en la que uno puede tener lo que quiera, cuando quiera y cuanto quiera. Cosa que no se antoja desagradable para nadie, más bien al contrario.

España ha sido convertida en un país de servicios, y el nivel de vida ha ascendido relativamente hasta el estallido de la crisis. Pero además de los cinco millones de inmigrantes que se han incorporado al proletariado español, que sepamos, el sector productivo, aun en manos extranjeras en su mayoría, no ha dejado de existir. Más bien ha aumentado. De hecho según el INE – Instituto Nacional de Estadísticas – el 45% de la población activa trabaja en él. Sin contar el que ha trabajado y ahora está jubilado, y los hijos de esos trabajadores… y trabajadoras, que se han incorporado masivamente en los últimos lustros.
 
Seguro que pocos niños piensan que el dinero sale de los cajeros como si cayese del árbol del dinero. Seguro que el terror, la amenaza o el miedo a la miseria nunca pueden ser considerados como factores pedagógicos.
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